Directora General
Para el CIESAS la RED MIFA es relevante porque la retroalimentación con las instituciones formadoras de antropólogos coadyuva para que nuestros posgrados mantengan su pertinencia y estén acordes con las demandas nacionales; nos ayuda a ampliar nuestros horizontes; a mantenernos informados de dónde están los egresados en antropología; a continuar apoyando la formación en la investigación de jóvenes estudiantes de las diferentes instituciones nacionales; y, encontrar una interlocución inteligente para la proyección de la antropología mexicana en el país y en el extranjero. En fin, para fortalecer a la disciplina buscando que todos los programas de Antropología que se imparten en el país sean de excelencia. (Misión de la Red).
Es importante que reflexionemos sobre la ausencia de programas de antropología en el Norte; tenemos que mirar hacia allá.
De todos los miembros de la Red sólo en tres centros el nivel más alto lo ocupa un antropólogo. ENAH, UNICAH y CIESAS; nosotros tenemos un doble compromiso para empujar y apoyar a la antropología.
México cuenta con una larga tradición en la investigación y docencia antropológica, que ha acompañado al crecimiento de la nación a lo largo de la historia y le permite enfrentar los retos sociales que se presentan en este siglo XXI. De hecho, la antropología mexicana juega un papel de liderazgo en América Latina, con un reconocimiento cada vez mayor en otras latitudes, que obliga a hacer balances continuos de los logros alcanzados para poder definir los caminos a seguir a partir de sus aportes al conocimiento científico y reconocer las limitaciones que aún enfrenta.
En México, las ciencias sociales y las humanidades parecen haber perdido terreno en los últimos años. Desde los ámbitos de toma de decisión se cuestiona su capacidad para contribuir a la solución de los problemas sociales más apremiantes y para ofrecer opciones de desarrollo. Es común que se privilegie a las disciplinas vinculadas con el desarrollo tecnológico, asumiendo que sus resultados, al ser más de corto plazo, son más reales y contundentes. Sin embargo, México atraviesa por cambios vertiginosos que han acrecentado los problemas relacionados, entre otros, con niveles crecientes de pobreza, con el incremento de los contrastes sociales, con el aumento de los flujos migratorios, así como con el tránsito al denominado “cambio democrático”. Todo ello requiere de la participación y el análisis que brindan los científicos sociales para atender el reclamo relativo a demostrar su utilidad y vigencia para responder a esos problemas. ¿Puede la antropología ayudar a entender y a explicar estos fenómenos? ¿Puede contribuir a su solución? ¿Podemos plantearnos con determinación que la antropología es competente y madura, y que conoce el camino a seguir? ¿Es capaz la antropología de plantear opciones de desarrollo?
Debemos reconocer que hoy la antropología ya no puede continuar desempeñándose como una disciplina aislada. El nivel de la problemática social que enfrentamos en el mundo globalizado exige modos más complejos de organizar, producir y transmitir el conocimiento científico. Resulta cada vez más necesario converger con otras disciplinas y en otros campos que permitan albergar un conocimiento multidisciplinario, profundo y extenso, que responda a los desafíos de un país como el nuestro. La multidisciplinariedad no significa que la antropología deba perder identidad y especificidad frente a las otras ciencias sociales.
Al mismo tiempo, la nueva dinámica de investigación social en general y antropológica en particular, requiere de una serie de impulsos y recursos que le permitan desarrollar proyectos de largo alcance e investigaciones interinstitucionales, que auxilien a dar respuesta a los retos que se presentan. Los resultados obtenidos de estas investigaciones, además de nutrir a la comunidad científica, deben orientarse a influir en las políticas públicas del Estado, a alcanzar una mayor presencia nacional tanto para la solución de los problemas como para la toma de decisiones, sin nunca descuidar el rigor científico, la calidad y la libertad académica. En la necesidad de estudiar los problemas sociales que enfrentamos, el compromiso histórico es ineludible.
Resulta incuestionable que los vertiginosos cambios que se están dando en el mundo requieren de la mirada y del aporte de la antropología. La ciencia, el conocimiento y la información generan el incremento del valor para la sociedad, y en esta senda la antropología ha jugado un papel central. Si bien es importante impulsar y atender los problemas nacionales actuales del país, habrá que evitar acudir a líneas de investigación inmediatistas que pronto pierden su valor y que generalmente adolecen de una falta de rigor. La investigación científica constituye un proceso de larga duración pero que, al mejor estilo braudeliano, debe hacer altos en el camino para revisar los avances y considerar el camino a seguir. Estos altos en el camino pueden conducir a propuestas concretas que eviten tener que esperar a que el largo proceso llegue a su fin. Encontrar este equilibrio es un reto que nuestras instituciones tiene que enfrentar.
La antropología tiene que responder con instituciones dinámicas y productivas en el campo de la investigación científica, con sistemas de evaluación académica por pares, con la oportuna publicación de los resultados de investigación para que no pierdan pertinencia. Los antropólogos y las instituciones dedicadas a esta disciplina tenemos que ser autocríticos para poder realizar con eficacia las tareas que tenemos que enfrentar, y estar en la posibilidad de responder a las expectativas que tiene la sociedad en y desde la disciplina. En este sentido, están los resultados del proyecto ADELA, que tiene precisamente como uno de sus objetivos llevar a cabo un autodiagnóstico serio y objetivo de la antropología mexicana.
Las instituciones que se dedican a la investigación y la formación antropológica deben buscar una mayor coordinación para vincular y sumar esfuerzos, elevar los estándares de calidad en la producción del conocimiento y en la formación de investigadores. Hemos de aprender a difundir de manera clara el conocimiento a la sociedad en general, es decir con un lenguaje común.
En la formación de antropólogos tenemos el compromiso de promover la búsqueda del conocimiento y la formación especializada en el más estricto apego a los códigos de la investigación científica y la libertad de cátedra, de conformidad con la pertinencia de la responsabilidad disciplinaria y de investigación de nuestras instituciones. Debemos mantener actualizada la formación de los alumnos en los ámbitos disciplinario y técnico-metodológico. No me cabe duda que esto nos permitirá formar a los cuadros especializados de alto nivel que demanda la creciente complejidad del país.
Existen retos, peligros y amenazas con los que se encuentra la antropología, las ciencias sociales, las humanidades en México, y para cuyo manejo resulta indispensable e ineludible el trabajo conjunto de las instituciones y profesionales que nos dedicamos a la investigación y la docencia en y desde la antropología.
