Maribel Osorio García es Licenciada en Turismo y Maestra en Planeación Urbana por la Universidad Autónoma del Estado de México y candidata a Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Iberoamericana. Actualmente es profesora, investigadora y Coordinadora del Centro de Investigación y Estudios Turísticos, CIETUR de la Facultad de Turismo del UAEM.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Citas

(1) Para una mayor referencia sobre las formas de diferenciación históricas, consultar la exposición que realizan Luhmann y de Giorgi Raffaele, en el libro de la Teoría de la Sociedad (1998) y a Luhmann en el capítulo cuatro del libro Complejidad y Modernidad (1998).

(2) Según el código binario es una duplicación de reglas. Los códigos se forman dentro del proceso de la comunicación cuando la información adquiere valor y está expuesto a una correspondencia de valor. La realidad es tratada de acuerdo a un código singular, pero se duplica artificiosamente para que cada valor pueda encontrar su complemento y estar reflejado en él... Con la comunicación codificada acerca de la realidad, es posible dar un tratamiento tal que todo se vuelve un sujeto de la comunicación contingente y reflejarlo en un valor.

(3) Para Luhmann la realidad es sólo un correlato interno de la operación del sistema, es decir, un indicador de las pruebas de consistencia exitosas del sistema, el cual procesa la realidad dotándola de sentido. La realidad no es el mundo tal como es, es el complejo de afirmaciones, negaciones, ficciones, pesuposiciones analíticas o estadísticas que lo construyen. (Luhmann; 2000: 10-11)

(4) “This perception was enhanced by the imagery of tourism, embracing virtues of beauty and virginity, as portrayed in landscapes of exotic beaches and mountain areas framed in sunshine” (Holden; 2000: 65)

(5) “La ansiedad es un atractivo particular del tema de la comunicación ecológica, porque puede siempre ser usado como base para la justificación moral cuando todo lo demás ha fallado.” (Bednarz, John en Luhmann; 1989: xvi)

(6) El desarrollo sostenible concibe una mutua interdependencia entre el sistema natural y el desarrollo. Se refiere a un constante proceso de cambio en el cual la explotación de los recursos naturales, la dirección de la inversión y del progreso científico tecnológico, junto con el cambio institucional, permiten compatibilizar la satisfacción de necesidades sociales presentes y futuras.

(7) Véase las estadísticas de llegadas internacionales en la década de los años 90 en la Cuenta Satélite de Turismo.

(8) Ver la Carta de Lanzarote en SECTUR; 2001: 54.

(9) A este segmento de mercado se le denomina consumo verde. Cfr. Con Holden; 2000: 183-208.

(10) “From the evidence of tourism advertising, it is suggested that images of “unspoilt” physical and cultural environmentes arte critial for attracting tourists from countries in advanced stages of capitalism to overseas destinations. The way the tourist gains access to sample these unspoilt environments is by purchasing a “right” of access via the market system. In this sense, tourism can be interpreted as a form of consumerism, centred upon the consumption of experiences provided by foreign environments” (Holden; 2000: 35)

(11) Para un mayor conocimiento se sugiere consultar a Zamorano; 2002, OMT; 2000; Wearing y Neil; 1999, Troncoso; 1999.

(12) Luhmann ha precisado este importante papel de las organizaciones: “Si se quiere determinar la función de las organizaciones en la construcción de una sociedad funcionalmente diferenciada, es necesario tener presente que las organizaciones son los únicos sistemas sociales que se pueden comunicar con los sistemas de su entorno. Los mismos sistemas de funciones no pueden hacerlo. Ni la ciencia, ni la economía, ni siquiera la política, ni la familia como unidad, pueden establecer comunicación con el exterior. Para que los sistemas de funciones puedan poseer la capacidad de comunicación exterior (que, naturalmente, en cuanto comunicación es siempre realización de la autopoiesis de la sociedad), es necesario que en los sistemas de funciones se formen organizaciones.” (2004: 18).

(13) “Los acuerdos –dice Luhmann – no implican el consenso ni constituyen soluciones racionales o siquiera sólo correctas de determinados problemas, solo establecen puntos de referencia no disputados para otras controversias, en las que pueden formarse nuevamente coaliciones y oposiciones (1998: 161).”

(14) Para el autor de la teoría de la sociedad, el riesgo “.. es una forma para realizar descripciones presentes del futuro desde el punto de vista de que uno puede decidirse, en atención a los riesgos, por una alternativa u otra” (Luhmann; 1998:163).

(15) Mazon (2001) utilizó el modelo explicativo de la modernidad y la posmodernidad para referir que hay grupos sociales en regiones como en la Europa Oriental y Africa, que se habían incorporado tardíamente a la práctica del turismo, por lo que seguían esquemas tradicionales como la preferencia por destinos de sol y playa, en cambio, en las sociedades desarrolladas, el turismo mostraba transformaciones culturales producidas por la posmodernidad, generando nuevas tendencias como el ecoturismo.

El entorno ambiental y el turismo sustentable,
Un análisis social

Mtra. Maribel Osorio García

Introducción

El tema del turismo sustentable ha sido objeto de un análisis fundamentalmente multidisciplinario, al concebirlo como una amalgama de aspectos sociales y naturales que se vinculan para generar una nueva forma de hacer turismo. Su investigación ha recurrido particularmente al método sistémico, al entender que sus variadas manifestaciones (sociales, culturales, económicas, ecológicas, etc.) y elementos constitutivos (turistas, atractivos, servicios, comunidad, etc.) se encuentran en una constante vinculación.

A partir de esa perspectiva, existe una imagen generalizada de que en el fenómeno turístico se establecen “relaciones” directas entre los aspectos materiales (infraestructura, arquitectura, etc.), naturales (vegetación, recursos hídricos, manifestaciones climáticas, etc.) y sociales (consumo, prácticas culturales, motivaciones, etc.), fundamento del que parten diversos modelos sistémicos del turismo para su estudio: Molina (1986), Gunn (1994), Ricaurte (2001), Ascanio (en Schluter, 2000), entre otros. Todos ellos han tenido como fundamento epistemológico el enfoque de los sistemas abiertos. La pretensión del presente artículo consiste en ofrecer una perspectiva diferente sobre el estudio de las relaciones que se generan en el turismo, tomando como base la corriente sistémica pero partiendo de una postura opuesta a la de los sistemas abiertos: la teoría de la sociedad de Niklas Luhmann, la cual toma como eje de análisis la diferencia sistema/entorno y construye una explicación distinta sobre la forma en que se establecen las relaciones entre los aspectos materiales, naturales y sociales.

El estudio que a continuación se expone parte de una concepción sociológica, en la que se asume al turismo como una manifestación producida por la sociedad. Al ser un fenómeno social, el turismo se encuentra inmerso en la evolución que la propia sociedad genera y por tanto se requiere conocer la lógica que explica al conjunto social para entender su propia dinámica. Así entonces, el presente artículo incluye un primer apartado en el que se describen algunos de los rasgos del planteamiento teórico y conceptual de Luhmann, que sirven de marco explicativo sobre la relación sistémica que se produce en la sociedad. En un segundo apartado, se da paso al objeto central del artículo en el que se realiza un análisis sobre el turismo sustentable como un producto de la resonancia que generan los acontecimientos del entorno biológico en el sistema de la sociedad y de sus repercusiones en los subsistemas político, económico, de la ciencia y de los mass media. Dicho análisis se enriquece con los conceptos de peligro y riesgo aplicados al entendimiento del fenómeno turístico.

1) La fundamentación teórica.

Considerado como el gran sociólogo de fines del siglo veinte, Niklas Luhmann, llevó a cabo una tarea de enorme envergadura al construir una teoría capaz de dar cuenta de la vasta gama de fenómenos sociales que acontecen en el seno de la sociedad. El pensamiento de este autor es abstracto y complejo, tanto por el nivel de generalidad de la propuesta como por su multidimensionalidad. Su argumentación se basa en un alto nivel de abstracción, siendo poco referida la realidad empírica, no obstante que es una de sus fuentes inspiradoras de razonamiento. La pretensión de dar cuenta de todo lo social implica la ambición de la aplicabilidad universal de la teoría a todos los fenómenos sociales, desde los aspectos de mayor generalidad y abstracción (como lo son la sociedad , el sentido, la confianza, el riesgo, etc.) pasando por los subsistemas parciales (la política, la economía, la ciencia, la religión, etc.) a los aspectos particulares de la interacción (el amor, el dinero, el poder) en distintos planos (las relaciones personales, las organizaciones y los sistemas societales). La variedad de campos disciplinarios, temas, conceptos, ámbitos de aplicación, recursos semánticos, planos de análisis, etc., entretejen un complejo y basto conjunto de elementos integrados en una mega teoría, difícil de aprehender en toda su magnitud. Su carácter alocéntrico refiere que no tiene un nodo desde el cual se puede partir para su estudio, su armazón arquitectónico se compone de muchas piezas que necesitan engranarse una a otra para entender su conjunto y otorgar sentido a sí mismas.

Una breve mención de algunos de sus componentes es necesaria para su mejor comprensión, particularmente para entender los conceptos creados y re-creados que sirven de base a la teoría. Dicha mención y la correspondiente a la teoría de la sociedad se apoyará en el trabajo de Darío Rodríguez (en Luhmann; 2002), Beyer (en Luhmann; 2004a), Osorio (2000) Corsi (1996) y Luhmann (1989 y 1998).

a) Sistema y complejidad. Para la construcción de un nuevo paradigma se replanteó el concepto de sistema. La concepción más elaborada asumía que el sistema y el entorno eran interdependientes y que combinaban procesos pero se mantenía una frontera entre ellos. En su interacción, el sistema procesaba selectivamente inputs del entorno, respondía cambiando su estado interno y emitía outputs seleccionados. El concepto de sistema de Luhmann elevó el nivel de abstracción de este planteamiento, al postular que no es una frontera lo que divide al sistema del entorno, sino una diferencia en el nivel de complejidad que tiene cada uno, esta diferencia se convierte en el principio guía de la construcción teórica.

b) Sistemas sociales y sentido. En la teoría de la sociedad se establecen los límites de los sistemas sociales y su diferencia con otro tipo de sistemas que se encuentran en el entorno. Para cada sistema el entorno se constituye por el conjunto de los otros sistemas, así por ejemplo los sistemas sociales tienen como entorno a las máquinas, a los organismos y a los sistemas psíquicos. Los sistemas orgánicos, por ejemplo, definen su selectividad con base en la articulación del ARD/ADN de las células, en un entorno en el que existe la posibilidad de selección de una gran diversidad de células. Los sistemas humanos se clasifican en dos grandes tipos: los sociales y los psíquicos y en ambos la estrategia de selección para enfrentar la complejidad del entorno es el sentido. De manera sólo ilustrativa, los sistemas delimitados por la selectividad se presentan en la figura siguiente:

Figura No. 1. Tipos de sistemas


Fuente: Tomado de Corsi, Esposito y Baraldi (1996: 152)


El concepto de sentido que trabaja Luhmann es recuperado de la fenomenología de Husserl, pero desarrollado para hacerlo contribuir a su propia teoría bajo los conceptos de negación, generalización y reflexión. De Husserl utiliza la idea de que el sentido designa un símbolo u objeto, tal como un árbol, por ejemplo, dejando en el horizonte, en el trasfondo, los símbolos u objetos que no corresponden a ese sentido (el árbol no designa una flor o un arbusto, por pensar en objetos relacionados con el contexto del árbol). Así, todo aquello que no corresponde al sentido de árbol es su negación. La generalización queda entendida como “todo aquello” que no corresponde al sentido de árbol, es decir, se generaliza lo que queda fuera del sentido, en el horizonte de las otras posibilidades no aludidas. La reflexión refiere la facultad de negar la negación, esto es, la opción de traer del horizonte otros símbolos u objetos y otorgarles sentido, tales como la flor o el arbusto, una vez negado el árbol. En la propuesta teórica que se trata, el sentido se convierte en un concepto clave, puesto que establece las posibilidades de selectividad del sistema entre lo actual y lo potencial y, por consiguiente, la gradiente de complejidad.

c) Autopoiesis y clausura operativa. La integración de un sistema, tiene que formar un circuito cerrado en el que sus elementos se enlacen a través de un sólo tipo de operación. El enlace de este tipo particular de operaciones es lo que le da integración al sistema. Las operaciones, entonces, se conectan únicamente entre ellas y las relaciones que se operan construyen una estructura que produce una definición interna. Es así que el sistema se organiza a sí mismo, en una permanente expectativa del enlace de operaciones. Permítase ilustrar lo anterior recurriendo al ejemplo del subsistema económico. Para éste, el pago en dinero es el tipo de operación que constituye su selección y lo conforma como sistema. El pago permite a un sujeto contar con dinero para hacer otros pagos y enlazar sucesivamente los pagos como única operación relacional.

Al enlazar operaciones del mismo tipo, el sistema forma una red que permite producir sus componentes particulares. Sólo él tiene la capacidad de producir y reproducir por sí mismo los elementos que lo constituyen, y definir así su propia unidad. A esto se le denomina autopoiesis, concepto que formula el biólogo Maturana para explicar la producción de los sistemas vivos: cada célula es el producto de un retículo de operaciones internas y la reproducción de más células sólo es posible a su interior. Esta propiedad es característica de todos los sistemas, según el creador de la teoría de la sociedad, los cuales generan un proceso de autoproducción de sus propios componentes.

La condición de la autopoiesis sólo se puede dar en una unidad cerrada. Si las operaciones de un sistema sólo se conectan entre ellas y, por tanto, son internas, generan un circuito que necesariamente conduce a un cierre de operaciones al que se denomina clausura operativa. La clausura supone una operación interna y una diferenciación con el entorno; las operaciones no tienen contacto con el entorno, sólo operan en el interior y generan una unidad sistémica que define sus propias formas de organización y de autoproducción.

Es importante aclarar que los sistemas no permanecen aislados por efecto de la clausura operativa, por el contrario se mantienen permanentemente adaptados al ambiente y recibiendo información de él. Cualquier sistema definido en los términos de esta teoría que recibe información del entorno produce una distinción en su interior. Sin embargo, no toda la información del entorno ingresa al sistema, son sólo aquéllas irritaciones que le perturban las que tienen entrada como información. El sistema selecciona la información que tiene sentido de acuerdo a su propia lógica y naturaleza, y en función de su ordenamiento interno recibe dicha información en un componente del sistema.

d) Observación y autorreferencia. Si el sistema tiene la capacidad para distinguir las operaciones que le son propias de las que no, puede discernir lo relativo a sí mismo, lo que le es autorreferente. Los sistemas sólo pueden responder a una irritación del entorno con sus propias estructuras, con estructuras autorreferenciales. El sistema social tiene la capacidad de identificar que la comunicación es una operación que le corresponde y que sólo a través de ella puede observar el entorno que le rodea. A través de esta característica, los sistemas sociales crean identidad al contar con formas particulares de operación, así los subsistemas económico, político o religioso son capaces de crear una identidad con las estructuras de sentido que les son propias. Cuando el sistema cavila sobre su propia identidad, se encuentra en una operación de reflexión, en una relación consigo mismo.

Un concepto que se deriva de lo anterior es el de observación, entendido como un modo específico de operar para distinguir lo que es autorreferente al sistema. El subsistema económico observa que las operaciones relativas al pago en dinero corresponden a sí mismo, no así las de la verdad, que son propias del sistema de la ciencia. La observación permite establecer distinciones (propio/ajeno, sistema/entorno, tener dinero/no tenerlo, etc.), con las cuales se observan las posibilidades de selección del sistema, pero al constituirse la distinción en la unidad de observación no se puede observar a sí misma como observadora. Esto es, si la distinción “tiene o no dinero” es la unidad de observación, podrá observar en ese momento todos los eventos que se manifiesten en el entorno con este esquema, menos a sí misma, creándose un punto ciego. Sirva la analogía del ojo para una mejor comprensión: es un órgano que observa el entorno, pero que no se puede observar a sí mismo al mismo tiempo. Sin embargo, el sistema sí es observable por otro observador, un observador de segundo orden que observa a un observador que esta observando. Esta condición puede ser cubierta siempre por una observación de segundo orden, no se requiere un tercero para cumplirla.

El sistema es capaz de llevar a cabo una autoobservación con su propia unidad de observación gracias al uso del tiempo, esto es, el subsistema económico puede observar “si tiene o no dinero” al efectuar un re-entry de su propia forma de operar. El subistema de la ciencia puede observar si una teoría del conocimiento es a su vez verdadera, en una revisión epistemológica a cerca de su propia construcción. El re-entry es entonces el reingreso de la distinción en la distinción misma.

e) Acoplamiento. La información que se recibe del entorno, produce efectos en el sistema que generan cambios de su estado anterior, dando origen a un estado emergente que produce un nuevo estado en la estructura de sus operaciones. A este cambio se le denomina acoplamiento. En la relación de acoplamiento, el sistema y el entorno interactúan estimulándose mutuamente. Es la forma en la que el entorno produce efectos que penetran en el sistema y lo influyen, pero no lo determinan, puesto que el sistema produce de manera interna sus propias formas de funcionamiento. No obstante, los estados que genera el acoplamiento en sus estructuras, le producen una mayor complejidad al sistema, puesto que al sólo relacionarse con una parte selectiva de sus componentes se advierte la posibilidad de diversos modelos de respuesta ante el estímulo recibido y de un mayor número de posibles relaciones, acontecimientos y procesos. En el ejemplo de la semilla mejorada, la información recibida provoca cambios inmediatos en el sector agrario del sistema económico, pero gradualmente el ajuste en precios va provocando cambios en precios de otros bienes. En consecuencia, el sistema va adquiriendo un orden más complejo a medida que evoluciona, puesto que no selecciona a todos los componentes para relacionarse al mismo tiempo, si no que se van sucediendo en forma paulatina.

f) Comunicación. Con la base conceptual expuesta sobre la concepción del sistema y su lógica de operación, Luhmann replantea el estudio de las relaciones sociales y explica de qué manera logra integrarse un sistema social: la operación que realiza la autopoiesis del sistema de la sociedad es la comunicación, ya que es el único fenómeno que cumple la condición del enlace operativo, “La comunicación tiene todas las propiedades necesarias para la autopoiesis del sistema: es una operación genuinamente social (y la única genuinamente tal)“ (Luhmann y de Giorgi; 1998: 45).

Como se puede apreciar, para el autor de ésta teoría, el sistema de la sociedad funciona al igual que cualquier otro y su clausura se logra a través de la sola operación de la comunicación. Esta cumple con la condición de ser ineludiblemente social, pues requiere de dos o más personas para producirse, y con la de ser autopoietica, al tener la capacidad de generar internamente sus propias operaciones, sólo la comunicación produce comunicación. Ninguna comunicación se realiza fuera del sistema social, aún cuando se refiera a eventos producidos en el entorno, es decir, la contaminación de un lago, por ejemplo, es un evento que se genera fuera del sistema social, pero su comunicación como evento es algo que se produce sólo al interior del sistema social.

Con el instrumental conceptual expuesto, Luhmann aborda el interés central de su indagación: la teoría de la sociedad. El sistema de conceptos creados y re-creados le permiten articular un nuevo paradigma sobre la teoría de sistemas para explicar el funcionamiento de los sistemas sociales con la misma lógica del resto de los sistemas. Sin embargo, para efectos de la construcción de la teoría de la sociedad, el autor toma tres teorías de base que le aportan las herramientas para edificar su explicación: la teoría de sistemas, la teoría de la comunicación y la teoría de la evolución. La primera, de acuerdo a lo expuesto en el apartado anterior, le proporciona el fundamento para señalar a la comunicación como la operación que establece la relación entre los seres humanos y que clausura a la sociedad como un sistema de sentido, autopoietico y autorreferencial. La segunda, le ofrece los elementos de la comunicación para exponer las formas en las que opera, en congruencia con el planteamiento de la primera teoría. La teoría de la evolución, le sirve para explicar la trayectoria de la sociedad en términos de diversas posibilidades de selecciones, sujetas a la contingencia y a la complejidad, que no trazan una historia lineal u homogénea de desarrollo, si no que van construyendo distintos órdenes sociales.

Una primera precisión para la construcción de la teoría de la sociedad, consiste en delimitar los distintos tipos de sistemas sociales existentes, clasificados en tres grandes conjuntos como aparece en la figura 2:

Figura No. 2. Tipos de sistemas sociales.

Fuente: Tomado de Corsi, Esposito y Baraldi (1996: 152)

Cada tipo manifiesta sus propias características de relación comunicativa. Las interacciones son formas de relación entre presentes que suponen una construcción comunicativa en el momento mismo de la interacción. Las organizaciones son sistemas independientes que definen sus propias formas de regulación y control, tales como quiénes pueden pertenecer a ellas, cuáles son sus fines y cómo deben ser alcanzados. Ejemplos de organizaciones son las empresas, los institutos, las asociaciones, etc. La racionalidad que rige a las organizaciones es diferente a la de la sociedad, por lo que no pueden ser consideradas como subsistemas de ella, sino como otro tipo de sistemas sociales. La autorregulación les conduce a establecer la comunicación entre sus miembros en forma de decisiones, lo que otorga un carácter de autoridad y subordinación a sus relaciones, así como de manejo de poder a partir de diferentes puestos .

Las sociedades son los sistemas que abarcan internamente toda la comunicación. En esta concepción la sociedad no es el conjunto de relaciones que se establecen entre los individuos, si no el conjunto de sus comunicaciones. La sociedad pone los límites de la complejidad, por lo que establece las premisas para la operación de los sistemas de interacción y los organizacionales. Este sistema establece la diferencia con el entorno, constituido por las máquinas los organismos y los sistemas psíquicos, como se expuso con antelación. Asimismo, establece las diferencias a su interior, en un ejercicio de autobservación, capta su propia evolución social y los cambios que se producen en su estructura.

El concepto de diferenciación adquiere relevancia al explicar la evolución de la sociedad, puesto que diferenciar la evolución que siguen los subsistemas y las relaciones que establecen con el entorno, es lo que define formas particulares de integración del conjunto social, permitiendo concebir al mundo en determinados estadíos a lo largo de la historia de la humanidad. Luhmann identifica que se han desarrollado pocas formas de diferenciación social, pero cada una ha ido elevando su nivel de complejidad hasta alcanzar la constitución actual de los sistemas funcionales, los que no obstante, han contribuido a reducir la complejidad del propio sistema. Se han identificado fundamentalmente cuatro formas de diferenciación en el proceso evolutivo social.

a) Sociedades segmentarias. Esta diferenciación se caracterizó porque la horda primitiva conformaba la sociedad global y los sistemas parciales eran las unidades familiares constituidas como formas de diferenciación.

b) Centro y periferia. En la evolución histórica, el paulatino asentamiento de los pueblos propició la aparición de nuevas formas de relación entre los sistemas sociales, surgiendo un rol comercial localizado en la ciudad que le otorga una posición de dominio por sobre otros territorios.

c) Sociedades estratificadas. La diferenciación estratificada se caracterizó porque el estrato superior -la nobleza- se constituyó en un subsistema clausurado que estableció una gran desigualdad con el estrato inferior – el pueblo - en términos de riqueza y poder.

d) Diferenciación funcional. La diferenciación funcional es un nuevo orden que aparece debido a la complejidad de la sociedad global. En ésta se instituye una conjunto de subsistemas en torno al cumplimiento de funciones para la resolución de problemas producidos por la sociedad misma.

Las funciones sociales fueron creando históricamente clausuras operativas que les otorgaron la exclusividad de una función, logrando establecer la primacía de un nuevo criterio de diferenciación. Por ejemplo, la economía monetaria ya desde el medioevo organizó una división internacional del trabajo, desligándose del control político; desde el siglo XVI la política de los estados territoriales empezó a independizarse de las cuestiones religiosas; en el mismo siglo, la ciencia tomó distancia de la religión; la educación se universaliza a partir del siglo XIX; y los mass media se articulan en el siglo XX.(1)

Desde esta perspectiva, el concepto de función adquiere una connotación distinta: “De aquí que todo el sistema este diferenciado precisamente por la función que desempeña en la sociedad. La función no queda entendida - según la antigua teoría sociológica - como el presupuesto que confiere estabilidad al sistema, sino como la tarea social que la evolución histórica le ha conferido a un sistema determinado.” (Luhmann y Eberhard Schorer; 1993: 19)

En este marco, las funciones conforman subsistemas que se caracterizan particularmente por dos elementos: por una unidad de operación que se reproduce así misma y por mantener una constante diferencia con respecto al entorno. En la comunicación del sistema global, cada subsistema construye su propia referencia en el lenguaje a partir de códigos, unidades elementales cuya estructura básica es de tipo binario, positiva o negativa , por ejemplo verdadero/falso, enfermo/sano, sufrimiento/salvación. El código positivo permite el enlace de las operaciones de comunicación y es el mecanismo que media las relaciones humanas (Luhmann; 1989: 37).

De acuerdo a los diversos estudios de Luhmann, en la sociedad funcional se han conformado diez subsistemas que en lo sucesivo denominaremos sistemas funcionales para facilitar su tratamiento como unidades: Dichos sistemas pueden apreciarse en la siguiente figura:

Figura No. 3 Los sistemas funcionales.

Fuente: Elaboración propia .

Para efectos del presente artículo sólo se mencionará brevemente el código operativo de los cuatro subsistemas que se aluden en el apartado sobre el riesgo ambiental del turismo, como una referencia sobre su autopoiesis.

a) El sistema económico. La condición de la economía se establece a través del código pago/no pago, cuyo lado positivo produce el enlace de operaciones que tejen la red del sistema. Dado el medio simbólico del dinero como enlace de las relaciones sociales, la monetarización económica global obliga a la utilización del dinero como selección de sentido, lo que conduce a la recurrencia de la operación del pago en todas las comunicaciones en las que el dinero interviene. La inclusión de los sujetos en el sistema económico se establece por la posesión del dinero a través de la distinción tener/no tener, pero su variación estriba en contar con determinadas sumas para la compra de determinados bienes. El permanente intercambio de bienes y servicios produce una transferencia de dinero de unos propietarios a otros, por lo que existe una variación continua de quienes cuentan y quienes no con la capacidad de pago.

b) El sistema político. Las operaciones que articulan a este sistema son las decisiones colectivamente vinculantes. Su autopoiesis implica al medio simbólico del poder como mecanismo de aceptación de acciones por los individuos. El poder hace posible que se logre la coordinación de las conductas de las personas, que de otra forma no ocurriría. A través del código superior/inferior, el poder otorga a algunos la facultad de tomar una serie de decisiones vinculantes que deberán acatar los inferiores – como sucede por ejemplo con los impuestos - y que son válidos para el colectivo social (Luhmann; 2003: s/p).

c) El sistema de la ciencia. La condición autopietica de este sistema se establece a través del código verdadero/no verdadero, tomando al medio simbólico de la verdad como constitutivo de las operaciones que lo clausuran. La verdad, al ser probada con base en teorías y métodos, hace factible la aceptación de nuevos saberes que modifican o afirman el conocimiento anterior.

d) El sistema de los medios de difusión (mass media) Luhmann (2000a: 140). En la diferenciación funcional los medios han experimentado un desarrollo de enormes dimensiones a través de las telecomunicaciones: el radio, el teléfono, la televisión, el cine y el internet, entre los más importantes, abriendo una basta posibilidad de comunicación en el sistema de la sociedad que aumenta la complejidad del entorno del resto de los sistemas funcionales y la capacidad de irritarlos. La comunicación de los mass media organiza su operación a través del código lo informable/no informable, definiendo criterios para seleccionar lo que sí es digno de informarse por los medios y lo que no.

Por su capacidad de decisión sobre la información a comunicar, este último sistema tiene la posibilidad de construir una realidad social que es compartida, conocida y comunicada, una realidad que, como lo afirma Torres Nafarrate (Luhmann; 2000: XXI) crea un “estado imaginario” de la sociedad. Dicha construcción, otorga estabilidad a la sociedad al generar la estructura de comunicación necesaria que presupone objetos de sentido producidos con antelación y conocidos socialmente.

Habiendo expuesto el anterior marco teórico, se procederá al análisis del turismo sustentable considerando que éste pertenece al sistema de la sociedad y que sujeto a la complejidad de un entorno psíquico, material y natural.

 

2) La resonancia ambiental en el turismo.

Los modelos sistémicos holísticos aplicados al turismo han asumido la integración de los sistemas social y natural, concibiéndolos como una unidad que se encuentra en permanente relación; la teoría de Luhmann, en cambio, parte de considerar la diferencia entre el sistema social y el entorno natural. Tal como quedó establecido en el apartado anterior, la sociedad opera en un circuito comunicativo cerrado, cuya ejecución es irrealizable fuera de él. El sistema natural no reconoce a la comunicación como su función relacional, por lo que se encuentra imposibilitado de conectarse al sistema social directamente. La característica específica del sistema de la sociedad, que lo deslinda radicalmente de todo tratamiento orgánico biológico, es que opera en el medio del sentido. En esta perspectiva no hay transferencia de información desde el ambiente al interior del sistema social, aunque esto sea lo aparente, sino sólo de datos que, en su caso, se procesan por algún sistema funcional irritado que le da un sentido desde su propia autorreferencialidad.

Los cambios y peligros que se manifiestan en la evolución que sigue el sistema natural, se conocen por la sociedad únicamente a través de su operación comunicativa, por ello el llamado peligro ecológico queda entendido como “cualquier comunicación acerca del ambiente que trae consigo un cambio en las estructuras del sistema comunicativo de la sociedad” (Luhmann; 1989: 28). Los cambios son observados por los sistemas funcionales con respecto a su propio grado de peligro y a su necesidad de control, produciendo una resonancia de distinta intensidad. Por resonancia se entiende a las reacciones comunicativas o disturbios que el ambiente de la sociedad produce dentro de la sociedad misma (Bednarz, John en Luhmann; 1989: xiii).

La resonancia creada dentro de la sociedad por el ambiente se manifiesta de manera diferente en cada uno de los sistemas funcionales y de acuerdo con sus códigos. Esto complica el problema ecológico porque son dos los sistemas de referencia que se mantienen separados: uno, entre la sociedad y su entorno y, el otro, dentro de la sociedad misma, entre el sistema funcional particular y su entorno. El problema es que los cambios ambientales producen al mismo tiempo poca y mucha resonancia, ya que, como dice John Bednarz (en Luhmann; 1989: xv) necesariamente las interdependencias comunicativas entre los sistemas funcionales pueden literalmente producir demasiada resonancia dentro de la sociedad aún si los disturbios ambientales producen demasiada poca resonancia. Se entiende que, por ejemplo, la resonancia de un desastre natural puede ser muy alta en el sistema de los mass media y muy baja en el sistema de la política. “La clave de la cuestión se vuelve en cómo la sociedad estructura su capacidad para procesar información ambiental” (Luhmann; 1989: 32), en la manera en que los sistemas funcionales se irritan en torno al tema ambiental.

Evolutivamente, se considera que fueron los sistemas de la ciencia y de los mass media los que irritaron al sistema de la sociedad al grado de generar una preocupación social por el deterioro natural vinculado al turismo.

Holden (2000: 64-70) refiere que fue en la década de los años 60 cuando el mundo desarrollado empezó a manifestar su inquietud por el daño ecológico que se estaba generando en el entorno, citando dos hechos sobresalientes: el colapso de un buque petrolero, el Torrey Canyon en la costa sudeste de Inglaterra, “que causó un alto nivel de interés público” y la crítica publicada en el libro Silent Spring de Rachel Carson en 1962 sobre los daños causados por el uso de agroquímicos en los cultivos. Durante ese tiempo, el turismo en cambio gozó de una inmunidad con respecto a la crítica ecológica, ya que las imágenes reproducidas por el sistema de los mass media lo presentaban como una actividad “ambientalmente amigable” .

En la década de los años setenta, desde el sistema de la ciencia, la química, la física, las matemáticas, la ecología y la biología produjeron una serie de conocimientos sobre los cambios ambientales. Proyecciones sobre el crecimiento poblacional, la contaminación, el agotamiento de los recursos y las tendencias del deterioro se expresaron en el Reporte denominado Los Límites del Crecimiento del Club de Roma, cuya difusión aumentó la irritación en el sistema social sobre la preocupación del entorno natural.

Los primeros señalamientos de los “efectos negativos del turismo” surgieron en ésta década desde el círculo académico, con el trabajo particularmente significativo de Turner y Ash (1975). En este campo, la irritación alcanzó una resonancia comunicativa en el sistema político, el cual se encontraba en la construcción de regulaciones económicas para impulsar el turismo en los países en vías de desarrollo. La Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD) integró un grupo de expertos para analizar la “relación entre el turismo y el ambiente”, identificándose la pérdida del paisaje natural, la contaminación y la destrucción de la flora y fauna como principales daños.

Fue en la década de los años ochenta, cuando el sistema de los mass media, a través de las noticias del calentamiento global, la lluvia ácida, el accidente nuclear de Chernobyl y las pérdidas del ozono y de las selvas tropicales, elevaron la irritación del sistema de la sociedad sobre ésta temática, produciendo una alta resonancia al plantear al deterioro ecológico como un "peligro" para la existencia del sistema social en su conjunto.

Desde entonces, el sistema de los medios proveyó de scripts comunicativos a la sociedad para poder referir una experiencia desconocida: “...cuando se menciona el problema ecológico – dice Luhmann (1989: 159) - se orienta la formación de esquemas con frases normativas que están construidas metafóricamente: la contaminación del medio ambiente cambia las condiciones de vida del ser humano a tal punto que le hace imposible la vida...Esto no ha sido vivido por el mundo y la memoria de los individuos. Ellos no han experimentado semejante cosa, pero cuando se les facilita el script pueden empezar a activar sus propias vivencias (el nivel de contaminación que provoca su auto, por ejemplo)... No se trata de una re-educación de los individuos, ni tampoco del re-aprendizaje de un conocimiento que ya se había tenido. Se trata más bien de que la metafórica ecológica, sus esquemas, sus scripts, se desarrollan en la pradera virgen: invaden un terreno que no estaba todavía ocupado”. Así el sistema de los medios construyó un discurso comunicativo de ansiedad , de incertidumbre, que puso a disposición del sistema social para la reducción de complejidad de la situación ambiental.

Para ésa década, el turismo masificado había “utilizado” por más de veinte años los “inmaculados recursos naturales y culturales” de los centros turísticos (como la Costa del Sol en España y el puerto de Acapulco en México) y las condiciones ambientales de las comunidades receptoras se habían modificado en un lapso relativamente corto. El cambio paisajístico y la degradación ecológica y social vinculados con el turismo siguieron siendo señalados por los académicos, en trabajos como el de Mathieson y Wall (1982), acentuando la ansiedad de un cambio entre los ambientalistas y las organizaciones no gubernamentales. En esta época se constituyen algunas organizaciones de presión social, como el Tourism Concern en el Reino Unido, la Sociedad Ecoturística en los Estados Unidos y la Goa Foundation en la India, con el propósito de promover una forma humana y ética de practicar el turismo.

La opinión pública emitida por algunos grupos en el sistema de la sociedad empezó a tener resonancia en el sistema político en ésta década, muestra de ello es la propuesta presentada en el informe Brundtland, técnicamente llamado Nuestro Futuro Común, en la 42° Asamblea General de la ONU celebrada en 1987 por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en el que se define un modelo de desarrollo alternativo llamado sostenible. Esta propuesta prácticamente empezó a ser tematizada en la política internacional durante la siguiente década, en la que se reconoce la existencia de un conflicto al aumentar la intensidad de las demandas sociales tanto a nivel global como local en los países desarrollados, surgiendo en el sistema de la sociedad una comunicación ética ambiental, manifestada a través de protestas contra el maltrato a los animales y la destrucción del campo por la construcción de carreteras, particularmente en Gran Bretaña y Alemania.

En el sistema político, las administraciones públicas de los países desarrollados y subdesarrollados crearon nuevos cargos públicos (Ministerios, Secretarías, Departamentos, etc.) para la toma de decisiones sobre la cuestión ambiental e iniciaron una serie de diálogos para alcanzar el consenso sobre regulaciones internacionales. La ONU logró acordar la llamada Agenda 21, documento que propone algunas regulaciones: control de emisión de contaminantes, tratamiento de residuos, utilización de productos locales, etc.

El interés de los gobiernos de los países subdesarrollados por crear centros turísticos como una estrategia de desarrollo, contribuyó a que desde el sistema político se buscaran fórmulas que prometieran el “control de los impactos negativos del turismo”, por lo que en 1992, dentro del marco de la Cumbre de la Tierra que se celebró en Río de Janeiro, las organizaciones World Travel & Tourism Council (WTTC), World Tourism Organization (WTO) y el Consejo de la Tierra produjeron el reporte de la Agenda 21 para la Industria de Viajes y Turismo.

El turismo continuó e incrementó su comportamiento masivo , lo que aunado a una difusión global del deterioro ecológico y social asociado a esta actividad a través de los medios, se volvió en objeto de ataque por los eco-guerreros y de interés por ONGs que hasta entonces no habían reparado en él, como el World Wife Fund for Nature y el Voluntary Service Overseas and Oxfam. La tematización política alcanzada por el conflicto turístico, dio paso a la concepción de un modelo turístico sustentable, el cual permitía ofrecer una oferta de sentido sobre una forma plausible de fomentar su desarrollo y evitar sus efectos negativos. La Cumbre de Río aportó los antecedentes para la creación de una carta de turismo sostenible, dentro del marco de la Conferencia Mundial del Turismo Sostenible que tuvo lugar en Lanzarote, Islas Canarias, España en 1995, alcanzando así un consenso sobre un conjunto de principios que definen a esta “nueva forma de hacer turismo” . El modelo de turismo sustentable es un producto de la capacidad de resonancia que el entorno ambiental ha producido en el sistema político, generando distintos acoplamientos en el sistema económico.

En la economía la resonancia ambiental ha sido limitada. Las organizaciones productivas han observado la protección al ambiente como una meta secundaria, la que puede ser atendida en la medida que no se afecten negativamente los costos de producción, los impuestos y las preferencias por los bienes, particularmente en el mundo subdesarrollado. No obstante, el sistema ha encontrado la posibilidad de obtener una ganancia en el cuidado ambiental: “...abre nuevos mercados, produce nuevos o transferidos incentivos para comprar y especialmente incrementa los precios y las fuerzas en el mercado” (Luhmann; 1989: 57).

Estas oportunidades se producen a partir de la resonancia social alcanzada por la preservación ecológica, situación identificada a través del mercado como una tendencia creciente en el interés del cliente, por lo que la producción y uso de bienes y servicios no contaminantes y amigables con el ambiente ha traído la posibilidad de orientar el consumo . Igualmente los consumidores con “conciencia ecológica”, aún en una pequeña proporción, permiten incrementar la elasticidad del precio (están dispuestos a pagar más) por la salvación ambiental, como es el caso de los alimentos orgánicos. La aparición de esta demanda potencial incentivó la creación de empresas basadas en una filosofía de ventas éticamente sanas y productos amigablemente ambientales, como el Body Shop en Gran Bretaña; no obstante, las empresas también han utilizado esta imagen tan sólo para penetrar en ciertos segmentos de mercado o para evitar ser señaladas como antiambientalistas y objeto de boicots.

En este marco, la industria turística, desde sus primeras décadas, mostró su habilidad en la apertura de nuevos mercados empleando la estrategia de ofertar el acceso a un “inmaculado paisaje , sin embargo, ante la imagen social producida desde la década de los años ochenta de que el turismo era un destructor ambiental, esta industria se esforzó por modificar su imagen y proveerse de una credibilidad ambiental, participando en las recomendaciones establecidas en la Agenda 21 para Viajes y Turismo y creando, entre otras, la certificación Green Globe, propuesta en 1994 por la WTTC.

El modelo de turismo sustentable propuesto desde el sistema político, estructuró el marco para concretar en el sistema económico nuevos tipos de productos turísticos, que ofrecieran nuevos esquemas de consumo y abrieran oportunidades de mercado, promoviendo al ecoturismo, al turismo de aventura, al agroturismo y al turismo rural, entre otros, como parte del llamado “turismo alternativo” para contrarrestar la alta resonancia negativa producida en el sistema social. A pesar de la falta de claridad conceptual, tanto del turismo alternativo como de sus productos (Holden; 2000: 190-192), se ha reducido la ansiedad comunicativa al presentarlos como productos que conllevan una filosofía y una práctica de preservación ambiental, en una propuesta holística que considera lo natural, cultural y local, promoviendo principios y metas sustentables, conservacionistas, descolonizadoras, educativas, diversificadoras y humanísticas para la maximización de beneficios y minimización de impactos .

Dentro de estos productos, el ecoturismo ha sido sin duda el que mayor resonancia ha alcanzado en el sistema de la sociedad, habiéndose declarado al 2002 como Año Internacional del Ecoturismo y celebrado una Cumbre Mundial en Montreal, Canadá, ese mismo año para su discusión e impulso (OMT; 2002). Sin duda esta alternativa de mercado ha hecho posible la creación de centros turísticos en Australia, Costa Rica, Kenya, Canadá, Chile, etc., integrando nuevos sitios al mercado turístico e incrementando la competencia; así también ha permitido incrementar la oferta turística en centros ya maduros como en el Caribe y la creación de organizaciones productivas de base local.

A pesar de esta condición, se considera que el ecoturismo, en particular, y el turismo sustentable, en general, han sido objeto de lo que Luhmann (1998; 180) denomina inflación simbólica, es decir, cuando la comunicación “...presupone más confianza de cuanta puede producir”, lo que significa que las expectativas atribuibles a éstos son mayores de las que se pueden cumplir, ya que el segmento de los productos turísticos sustentables, si bien se encuentra incrementándose, tan sólo forma una pequeña parte del mercado turístico. En particular, se coincide con Butler, Harrison y Holden (citados por Holden; 2000: 199-202) en dos aspectos: la improbabilidad de que el modelo turístico de baja escala remplace al mercado turístico masivo y el aumento en la probabilidad del deterioro en los ambientes ecoturísticos, justamente por ser ricos en biodiversidad y altamente susceptibles a cualquier daño.

En síntesis, la resonancia ambiental trajo nuevas informaciones desde el entorno a los sistemas funcionales, dando pie a la concepción de una forma alternativa de llevar a cabo el turismo, una forma sustentable, cuyas posibilidades de éxito están aún en construcción. Se entiende entonces que el modelo de turismo sustentable aumenta la complejidad para lograr el acoplamiento que produce el turismo, generando alteraciones en los sistemas funcionales: en el político crea nuevas regulaciones; en el económico crea nuevos mercados; y en el de los mass media crea nuevos scripts. Al integrar esquemáticamente lo expuesto se obtiene el siguiente cuadro:

Cuadro No. 4 La Resonancia Ambiental en el Turismo.

Fuente: Elaboración propia.

La posibilidad de que dichas alteraciones fortalezcan o debiliten el acoplamiento entre los sistemas funcionales, y más aún, de que dicho modelo pueda implantarse como una forma de turismo “sustentable”, radica en la capacidad de desarrollar organización entre las unidades que operan en cada uno de los sistemas.

De acuerdo a la diferenciación funcional, las operaciones de comunicación no quedan todas capturadas en las unidades organizadas de los sistemas, siempre hay más comunicación en el sistema que comunicación organizada: “...en el ámbito de un sistema de funciones ninguna organización puede atraer hacia sí todas las operaciones del sistema de funciones y ejecutarlas como operaciones propias. Siempre hay educación, aun fuera de las escuelas y universidades. Los tratamientos médicos tienen lugar no sólo en los hospitales.” (Luhmann; 2004: 17) Sobre esta base se puede afirmar que la resonancia producida por el turismo sustentable es mayor que su comunicación organizada.

Las organizaciones de los sistemas funcionales son las unidades encargadas de “absorber” y racionalizar los cambios suscitados en el entorno . Cada sistema funcional cuenta con unidades que articulan su organización: las empresas en el caso del sistema económico, las entidades públicas en el sistema de la política y los medios de comunicación en el sistema de los mass media; son ellas las que deben establecer sincronización para dar forma a las nuevas selecciones de comunicación producidas por el turismo sustentable.

Luhmann (2004) define que las organizaciones operan autopoieticamente por decisiones (que generan nuevas decisiones) y se encuentran normadas por reglas (que presuponen expectativas de decisión válidas para más de una ocasión). Además, todas las organizaciones se encuentran determinadas por estructuras y, aunque existen organizaciones que no necesariamente están identificadas con un sistema funcional (como las organizaciones civiles ecológicas, por ejemplo), aquéllas que sí lo hacen asumen como función primaria la del sistema y la operación de su código binario, identificándose como tales ante el sistema de la sociedad.

En este encuadre, es claro entender que las organizaciones existentes vinculadas con el turismo se encuentran en posición de decidir si llevarán a cabo la instrumentación de los cambios requeridos para un nuevo modelo turístico, así como la forma y el momento en el que lo realizarán. En principio, las organizaciones tendrán que decidir el cambio de sus estructuras e incluso de sus reglas, pero la mayor dificultad estriba en que deberán sincronizarse de modo complejo e incluso competitivo con otras de suyo heterogéneas: empresas locales y corporaciones nacionales e internacionales de transportación, alimentación, alojamiento, atracciones y organizadoras de viaje; dependencias o ministerios de hacienda, economía, ecología, cultura, seguridad, relaciones exteriores y turismo en los niveles local, regional y/o nacional de gobierno; instituciones promocionales y compañías publicitarias; por mencionar las referidas a los sistemas funcionales. También se encuentran las organizaciones no atribuibles a ningún sistema particular: organizaciones ambientales no gubernamentales, asociaciones civiles ciudadanas y/o de prestadores de servicios; asociaciones de la tercera edad, de homosexuales, de apoyo a discapacitados, de viajeros de negocios, etc. Todo ello sujeto, además, a las diferencias geoculturales.

La constitución de unidades organizadoras del turismo sustentable y su conexión en redes de comunicación, será el aspecto básico para hacer posible su implantación, sin embargo el requerimiento de tan elevada complejidad hace mayormente difícil lograr este acoplamiento. Al contrario de lo que se pudiera pensar, los cambios que se producen en las estructuras internas de cada sistema funcional en atención a una nueva forma de hacer turismo, contribuyen poco a que los acoplamientos se lleven a cabo de una manera más fácil y coordinada.

No obstante esta condición, la sociedad moderna también ha encontrado la forma de producir la expectativa de la compatibilidad social mediante la relativización de la dimensión temporal a través de la distinción del futuro. Para Luhmann (1998c) esta sociedad otorga una alta prioridad a la dimensión del tiempo y se orienta de manera importante hacia la descripción del futuro como una forma de traer al presente una expectativa de futuro probable/improbable. El cálculo de la probabilidad ha sido creado por la modernidad para “dirigirse a una realidad ficcionalmente producida, duplicada”, una realidad futura, que por lo pronto es inalcanzable, pero que posibilita resolver la incompatibilidad producida por la diferenciación funcional.

En esta sociedad, la génesis y solución de los problemas no se encuentra en un sólo sistema funcional, los problemas generados en un sistema no pueden ya ser resueltos por él mismo, como en el caso de la solución del problema de la polución que fue creado por las formas de producción y consumo del sistema económico y que ahora tiene que ser resuelto por el sistema de la ciencia y, en su caso, la intervención regulatoria del sistema de la política. Ello significa que las interdependencias entre las organizaciones de los sistemas tienen que ser mediadas por el tiempo, requieren de tiempo, por lo que la sociedad moderna precisa más tiempo del que tiene disponible, así, ocupa el tiempo del futuro, trayéndolo al presente para la atención de las expectativas de la población.

En la descripción del futuro que se hace en el presente, se encuentran dos elementos distintivos que limitan las posibilidades de su alcance: los acuerdos y los riesgos. En el primer caso, la sociedad actual ha construido la fórmula de los acuerdos para definir el futuro, ya no se resuelve a través de la autoridad –como en las sociedades estratificadas – sino a través de soluciones negociadas a las que se puede apelar durante un cierto tiempo. El punto crítico de la decisión radica en el riesgo que conlleva. El riesgo contiene la probabilidad de un posible daño, aún no consumado, que resulta de una determinada decisión, lo que implica que, dependiendo de la decisión que se tome, variará su probable o improbable acontecer. Luhmann no omite corregir la errónea imagen de que un cambio de decisión determinará uno u otro futuro, la evolución social es mucho más compleja que eso, guiada por una lógica autopoietica y referencial.

El viaje por sí siempre genera una expectativa de riesgo, puesto que la transportación a una realidad diferente a la cotidiana, en la que la complejidad se torna incrementada, aumenta la incertidumbre. Tomar el acuerdo de llevar a cabo un viaje de placer representa un futuro traído al presente, la promoción de las agencias de viajes con el slogan “su viaje empieza aquí” es consistente con la expectativa futura del viaje que se hace presente antes de su verdadero inicio.

El riesgo del viaje de placer históricamente ha sido disminuido a través del paquete turístico, en el que el operador turístico define el itinerario, la ruta, los lugares de visita, los servicios, el cupo, los espectáculos, los consumos y hasta el tiempo del que el turista puede disponer “libremente”. Este armazón sigue siendo vigente para la industria turística, aunque efectivamente se ha flexibilizado a partir de que en algunas regiones del mundo, particularmente en los países emisores de Europa y América del Norte, después de vivir la experiencia del viaje turístico por años, el turista ha aprendido a realizar por sí sólo las conexiones operativas en un mundo que le proporciona cada vez mayor información y condiciones tecnológicas de posibilidad.

En este sentido, se entiende la afirmación de Ritzer y Laska (en Rojek y Urry; 2002: 99-100) cuando declaran que durante las vacaciones la gente se desenvuelve sobre los mismos esquemas de su vida cotidiana y appear to want que sean altamente predecibles, eficientes, calculables y controlables. Los ejemplos de los cruceros y los parques temáticos de Disney expuestos por estos autores responden a estas exigencias. Lo que vemos aquí es justamente un esquema que ofrece la disminución de la probabilidad del riesgo.

De la misma manera, se entiende que la oferta de sentido de llevar a cabo un turismo sustentable es una expectativa de futuro que ofrece la disminución de la probabilidad del peligro ambiental y el consecuente aumento de su improbabilidad, se disminuye así la alta resonancia negativa producida en contra del turismo y se resuelve en el presente un problema de inalcanzable solución en el presente mismo.

 

Consideraciones finales

De acuerdo a lo anterior, en un primer arribo a algunas consideraciones finales sujetas aún a reflexión, se entiende que el turismo sustentable implica la pretensión de lograr el acoplamiento de distintos sistemas funcionales con respecto a una comunicación que se produce en el sistema de la sociedad a partir de la utilización recreativa del entorno natural y cultural, en el entendido de que los sistemas no se encuentran acoplados para llevar a cabo dicha tarea.

Para ello, se requiere organizar la comunicación turística que se produce en el sistema social en el nivel de los sistemas organizacionales, de cuya conexión en redes dependerán las posibilidades de acoplamiento de los sistemas funcionales.

Actualmente el turismo sustentable proporciona una oferta de sentido que consiste en una expectativa de futuro, es decir, otorga la expectativa de que el turismo, a través de este modelo, permitirá la conservación del entorno natural y cultural, como una forma de disminuir la incertidumbre que produce la preocupación sobre la preservación ambiental.

Esta oferta de sentido ofrece la disminución de la probabilidad del riesgo ambiental ocasionada por su utilización turística y el consecuente aumento de su improbabilidad. Se disminuye así la alta resonancia negativa producida en contra del turismo en el sistema de la sociedad y se resuelve en el presente un problema de inalcanzable solución en el presente mismo.

 

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