Introducción
El
tema del turismo sustentable ha sido objeto de un análisis
fundamentalmente multidisciplinario, al concebirlo como una amalgama
de aspectos sociales y naturales que se vinculan para generar una
nueva forma de hacer turismo. Su investigación ha recurrido
particularmente al método sistémico, al entender que
sus variadas manifestaciones (sociales, culturales, económicas,
ecológicas, etc.) y elementos constitutivos (turistas, atractivos,
servicios, comunidad, etc.) se encuentran en una constante vinculación.
A
partir de esa perspectiva, existe una imagen generalizada de que en
el fenómeno turístico se establecen “relaciones”
directas entre los aspectos materiales (infraestructura, arquitectura,
etc.), naturales (vegetación, recursos hídricos, manifestaciones
climáticas, etc.) y sociales (consumo, prácticas culturales,
motivaciones, etc.), fundamento del que parten diversos modelos sistémicos
del turismo para su estudio: Molina (1986), Gunn (1994), Ricaurte
(2001), Ascanio (en Schluter, 2000), entre otros. Todos ellos han
tenido como fundamento epistemológico el enfoque de los sistemas
abiertos. La pretensión del presente artículo consiste
en ofrecer una perspectiva diferente sobre el estudio de las relaciones
que se generan en el turismo, tomando como base la corriente sistémica
pero partiendo de una postura opuesta a la de los sistemas abiertos:
la teoría de la sociedad de Niklas Luhmann, la cual toma como
eje de análisis la diferencia sistema/entorno y construye una
explicación distinta sobre la forma en que se establecen las
relaciones entre los aspectos materiales, naturales y sociales.
El
estudio que a continuación se expone parte de una concepción
sociológica, en la que se asume al turismo como una manifestación
producida por la sociedad. Al ser un fenómeno social, el turismo
se encuentra inmerso en la evolución que la propia sociedad
genera y por tanto se requiere conocer la lógica que explica
al conjunto social para entender su propia dinámica. Así
entonces, el presente artículo incluye un primer apartado en
el que se describen algunos de los rasgos del planteamiento teórico
y conceptual de Luhmann, que sirven de marco explicativo sobre la
relación sistémica que se produce en la sociedad. En
un segundo apartado, se da paso al objeto central del artículo
en el que se realiza un análisis sobre el turismo sustentable
como un producto de la resonancia que generan los acontecimientos
del entorno biológico en el sistema de la sociedad y de sus
repercusiones en los subsistemas político, económico,
de la ciencia y de los mass media. Dicho análisis se enriquece
con los conceptos de peligro y riesgo aplicados al entendimiento del
fenómeno turístico.
1)
La fundamentación teórica.
Considerado
como el gran sociólogo de fines del siglo veinte, Niklas Luhmann,
llevó a cabo una tarea de enorme envergadura al construir una
teoría capaz de dar cuenta de la vasta gama de fenómenos
sociales que acontecen en el seno de la sociedad. El pensamiento de
este autor es abstracto y complejo, tanto por el nivel de generalidad
de la propuesta como por su multidimensionalidad. Su argumentación
se basa en un alto nivel de abstracción, siendo poco referida
la realidad empírica, no obstante que es una de sus fuentes
inspiradoras de razonamiento. La pretensión de dar cuenta de
todo lo social implica la ambición de la aplicabilidad universal
de la teoría a todos los fenómenos sociales, desde los
aspectos de mayor generalidad y abstracción (como lo son la
sociedad , el sentido, la confianza, el riesgo, etc.) pasando por
los subsistemas parciales (la política, la economía,
la ciencia, la religión, etc.) a los aspectos particulares
de la interacción (el amor, el dinero, el poder) en distintos
planos (las relaciones personales, las organizaciones y los sistemas
societales). La variedad de campos disciplinarios, temas, conceptos,
ámbitos de aplicación, recursos semánticos, planos
de análisis, etc., entretejen un complejo y basto conjunto
de elementos integrados en una mega teoría, difícil
de aprehender en toda su magnitud. Su carácter alocéntrico
refiere que no tiene un nodo desde el cual se puede partir para su
estudio, su armazón arquitectónico se compone de muchas
piezas que necesitan engranarse una a otra para entender su conjunto
y otorgar sentido a sí mismas.
Una
breve mención de algunos de sus componentes es necesaria para
su mejor comprensión, particularmente para entender los conceptos
creados y re-creados que sirven de base a la teoría. Dicha
mención y la correspondiente a la teoría de la sociedad
se apoyará en el trabajo de Darío Rodríguez (en
Luhmann; 2002), Beyer (en Luhmann; 2004a), Osorio (2000) Corsi (1996)
y Luhmann (1989 y 1998).
a)
Sistema y complejidad. Para la construcción de un nuevo paradigma
se replanteó el concepto de sistema. La concepción más
elaborada asumía que el sistema y el entorno eran interdependientes
y que combinaban procesos pero se mantenía una frontera entre
ellos. En su interacción, el sistema procesaba selectivamente
inputs del entorno, respondía cambiando su estado interno y
emitía outputs seleccionados. El concepto de sistema
de Luhmann elevó el nivel de abstracción de este planteamiento,
al postular que no es una frontera lo que divide al sistema del entorno,
sino una diferencia en el nivel de complejidad que tiene cada uno,
esta diferencia se convierte en el principio guía de la construcción
teórica.
b)
Sistemas sociales y sentido. En la teoría de la sociedad se
establecen los límites de los sistemas sociales y su diferencia
con otro tipo de sistemas que se encuentran en el entorno. Para cada
sistema el entorno se constituye por el conjunto de los otros sistemas,
así por ejemplo los sistemas sociales tienen como entorno a
las máquinas, a los organismos y a los sistemas psíquicos.
Los sistemas orgánicos, por ejemplo, definen su selectividad
con base en la articulación del ARD/ADN de las células,
en un entorno en el que existe la posibilidad de selección
de una gran diversidad de células. Los sistemas humanos se
clasifican en dos grandes tipos: los sociales y los psíquicos
y en ambos la estrategia de selección para enfrentar la complejidad
del entorno es el sentido. De manera sólo ilustrativa, los
sistemas delimitados por la selectividad se presentan en la figura
siguiente:
Figura
No. 1. Tipos de sistemas

Fuente: Tomado de Corsi, Esposito y Baraldi (1996:
152)
El concepto de sentido que trabaja Luhmann es recuperado de la fenomenología
de Husserl, pero desarrollado para hacerlo contribuir a su propia
teoría bajo los conceptos de negación, generalización
y reflexión. De Husserl utiliza la idea de que el sentido designa
un símbolo u objeto, tal como un árbol, por ejemplo,
dejando en el horizonte, en el trasfondo, los símbolos u objetos
que no corresponden a ese sentido (el árbol no designa una
flor o un arbusto, por pensar en objetos relacionados con el contexto
del árbol). Así, todo aquello que no corresponde al
sentido de árbol es su negación. La generalización
queda entendida como “todo aquello” que no corresponde
al sentido de árbol, es decir, se generaliza lo que queda fuera
del sentido, en el horizonte de las otras posibilidades no aludidas.
La reflexión refiere la facultad de negar la negación,
esto es, la opción de traer del horizonte otros símbolos
u objetos y otorgarles sentido, tales como la flor o el arbusto, una
vez negado el árbol. En la propuesta teórica que se
trata, el sentido se convierte en un concepto clave, puesto que establece
las posibilidades de selectividad del sistema entre lo actual y lo
potencial y, por consiguiente, la gradiente de complejidad.
c)
Autopoiesis y clausura operativa. La integración de
un sistema, tiene que formar un circuito cerrado en el que sus elementos
se enlacen a través de un sólo tipo de operación.
El enlace de este tipo particular de operaciones es lo que le da integración
al sistema. Las operaciones, entonces, se conectan únicamente
entre ellas y las relaciones que se operan construyen una estructura
que produce una definición interna. Es así que el sistema
se organiza a sí mismo, en una permanente expectativa del enlace
de operaciones. Permítase ilustrar lo anterior recurriendo
al ejemplo del subsistema económico. Para éste, el pago
en dinero es el tipo de operación que constituye su selección
y lo conforma como sistema. El pago permite a un sujeto contar con
dinero para hacer otros pagos y enlazar sucesivamente los pagos como
única operación relacional.
Al
enlazar operaciones del mismo tipo, el sistema forma una red que permite
producir sus componentes particulares. Sólo él tiene
la capacidad de producir y reproducir por sí mismo los elementos
que lo constituyen, y definir así su propia unidad. A esto
se le denomina autopoiesis, concepto que formula el biólogo
Maturana para explicar la producción de los sistemas vivos:
cada célula es el producto de un retículo de operaciones
internas y la reproducción de más células sólo
es posible a su interior. Esta propiedad es característica
de todos los sistemas, según el creador de la teoría
de la sociedad, los cuales generan un proceso de autoproducción
de sus propios componentes.
La
condición de la autopoiesis sólo se puede dar
en una unidad cerrada. Si las operaciones de un sistema sólo
se conectan entre ellas y, por tanto, son internas, generan un circuito
que necesariamente conduce a un cierre de operaciones al que se denomina
clausura operativa. La clausura supone una operación interna
y una diferenciación con el entorno; las operaciones no tienen
contacto con el entorno, sólo operan en el interior y generan
una unidad sistémica que define sus propias formas de organización
y de autoproducción.
Es
importante aclarar que los sistemas no permanecen aislados por efecto
de la clausura operativa, por el contrario se mantienen permanentemente
adaptados al ambiente y recibiendo información de él.
Cualquier sistema definido en los términos de esta teoría
que recibe información del entorno produce una distinción
en su interior. Sin embargo, no toda la información del entorno
ingresa al sistema, son sólo aquéllas irritaciones que
le perturban las que tienen entrada como información. El sistema
selecciona la información que tiene sentido de acuerdo a su
propia lógica y naturaleza, y en función de su ordenamiento
interno recibe dicha información en un componente del sistema.
d) Observación y autorreferencia. Si el sistema tiene la capacidad
para distinguir las operaciones que le son propias de las que no,
puede discernir lo relativo a sí mismo, lo que le es autorreferente.
Los sistemas sólo pueden responder a una irritación
del entorno con sus propias estructuras, con estructuras autorreferenciales.
El sistema social tiene la capacidad de identificar que la comunicación
es una operación que le corresponde y que sólo a través
de ella puede observar el entorno que le rodea. A través de
esta característica, los sistemas sociales crean identidad
al contar con formas particulares de operación, así
los subsistemas económico, político o religioso son
capaces de crear una identidad con las estructuras de sentido que
les son propias. Cuando el sistema cavila sobre su propia identidad,
se encuentra en una operación de reflexión, en una relación
consigo mismo.
Un
concepto que se deriva de lo anterior es el de observación,
entendido como un modo específico de operar para distinguir
lo que es autorreferente al sistema. El subsistema económico
observa que las operaciones relativas al pago en dinero corresponden
a sí mismo, no así las de la verdad, que son propias
del sistema de la ciencia. La observación permite establecer
distinciones (propio/ajeno, sistema/entorno, tener dinero/no tenerlo,
etc.), con las cuales se observan las posibilidades de selección
del sistema, pero al constituirse la distinción en la unidad
de observación no se puede observar a sí misma como
observadora. Esto es, si la distinción “tiene o no dinero”
es la unidad de observación, podrá observar en ese momento
todos los eventos que se manifiesten en el entorno con este esquema,
menos a sí misma, creándose un punto ciego. Sirva la
analogía del ojo para una mejor comprensión: es un órgano
que observa el entorno, pero que no se puede observar a sí
mismo al mismo tiempo. Sin embargo, el sistema sí es observable
por otro observador, un observador de segundo orden que observa a
un observador que esta observando. Esta condición puede ser
cubierta siempre por una observación de segundo orden, no se
requiere un tercero para cumplirla.
El
sistema es capaz de llevar a cabo una autoobservación con su
propia unidad de observación gracias al uso del tiempo, esto
es, el subsistema económico puede observar “si tiene
o no dinero” al efectuar un re-entry de su propia forma de operar.
El subistema de la ciencia puede observar si una teoría del
conocimiento es a su vez verdadera, en una revisión epistemológica
a cerca de su propia construcción. El re-entry es entonces
el reingreso de la distinción en la distinción misma.
e)
Acoplamiento. La información que se recibe del entorno, produce
efectos en el sistema que generan cambios de su estado anterior, dando
origen a un estado emergente que produce un nuevo estado en la estructura
de sus operaciones. A este cambio se le denomina acoplamiento. En
la relación de acoplamiento, el sistema y el entorno interactúan
estimulándose mutuamente. Es la forma en la que el entorno
produce efectos que penetran en el sistema y lo influyen, pero no
lo determinan, puesto que el sistema produce de manera interna sus
propias formas de funcionamiento. No obstante, los estados que genera
el acoplamiento en sus estructuras, le producen una mayor complejidad
al sistema, puesto que al sólo relacionarse con una parte selectiva
de sus componentes se advierte la posibilidad de diversos modelos
de respuesta ante el estímulo recibido y de un mayor número
de posibles relaciones, acontecimientos y procesos. En el ejemplo
de la semilla mejorada, la información recibida provoca cambios
inmediatos en el sector agrario del sistema económico, pero
gradualmente el ajuste en precios va provocando cambios en precios
de otros bienes. En consecuencia, el sistema va adquiriendo un orden
más complejo a medida que evoluciona, puesto que no selecciona
a todos los componentes para relacionarse al mismo tiempo, si no que
se van sucediendo en forma paulatina.
f)
Comunicación. Con la base conceptual expuesta sobre la concepción
del sistema y su lógica de operación, Luhmann replantea
el estudio de las relaciones sociales y explica de qué manera
logra integrarse un sistema social: la operación que realiza
la autopoiesis del sistema de la sociedad es la comunicación,
ya que es el único fenómeno que cumple la condición
del enlace operativo, “La comunicación tiene todas las
propiedades necesarias para la autopoiesis del sistema: es
una operación genuinamente social (y la única genuinamente
tal)“ (Luhmann y de Giorgi; 1998: 45).
Como
se puede apreciar, para el autor de ésta teoría, el
sistema de la sociedad funciona al igual que cualquier otro y su clausura
se logra a través de la sola operación de la comunicación.
Esta cumple con la condición de ser ineludiblemente social,
pues requiere de dos o más personas para producirse, y con
la de ser autopoietica, al tener la capacidad de generar internamente
sus propias operaciones, sólo la comunicación produce
comunicación. Ninguna comunicación se realiza fuera
del sistema social, aún cuando se refiera a eventos producidos
en el entorno, es decir, la contaminación de un lago, por ejemplo,
es un evento que se genera fuera del sistema social, pero su comunicación
como evento es algo que se produce sólo al interior del sistema
social.
Con
el instrumental conceptual expuesto, Luhmann aborda el interés
central de su indagación: la teoría de la sociedad.
El sistema de conceptos creados y re-creados le permiten articular
un nuevo paradigma sobre la teoría de sistemas para explicar
el funcionamiento de los sistemas sociales con la misma lógica
del resto de los sistemas. Sin embargo, para efectos de la construcción
de la teoría de la sociedad, el autor toma tres teorías
de base que le aportan las herramientas para edificar su explicación:
la teoría de sistemas, la teoría de la comunicación
y la teoría de la evolución. La primera, de acuerdo
a lo expuesto en el apartado anterior, le proporciona el fundamento
para señalar a la comunicación como la operación
que establece la relación entre los seres humanos y que clausura
a la sociedad como un sistema de sentido, autopoietico y autorreferencial.
La segunda, le ofrece los elementos de la comunicación para
exponer las formas en las que opera, en congruencia con el planteamiento
de la primera teoría. La teoría de la evolución,
le sirve para explicar la trayectoria de la sociedad en términos
de diversas posibilidades de selecciones, sujetas a la contingencia
y a la complejidad, que no trazan una historia lineal u homogénea
de desarrollo, si no que van construyendo distintos órdenes
sociales.
Una
primera precisión para la construcción de la teoría
de la sociedad, consiste en delimitar los distintos tipos de sistemas
sociales existentes, clasificados en tres grandes conjuntos como aparece
en la figura 2:
Figura
No. 2. Tipos de sistemas sociales.

Fuente: Tomado de Corsi, Esposito y Baraldi (1996: 152)
Cada
tipo manifiesta sus propias características de relación
comunicativa. Las interacciones son formas de relación entre
presentes que suponen una construcción comunicativa en el momento
mismo de la interacción. Las organizaciones son sistemas independientes
que definen sus propias formas de regulación y control, tales
como quiénes pueden pertenecer a ellas, cuáles son sus
fines y cómo deben ser alcanzados. Ejemplos de organizaciones
son las empresas, los institutos, las asociaciones, etc. La racionalidad
que rige a las organizaciones es diferente a la de la sociedad, por
lo que no pueden ser consideradas como subsistemas de ella, sino como
otro tipo de sistemas sociales. La autorregulación les conduce
a establecer la comunicación entre sus miembros en forma de
decisiones, lo que otorga un carácter de autoridad y subordinación
a sus relaciones, así como de manejo de poder a partir de diferentes
puestos .
Las
sociedades son los sistemas que abarcan internamente toda la comunicación.
En esta concepción la sociedad no es el conjunto de relaciones
que se establecen entre los individuos, si no el conjunto de sus comunicaciones.
La sociedad pone los límites de la complejidad, por lo que
establece las premisas para la operación de los sistemas de
interacción y los organizacionales. Este sistema establece
la diferencia con el entorno, constituido por las máquinas
los organismos y los sistemas psíquicos, como se expuso con
antelación. Asimismo, establece las diferencias a su interior,
en un ejercicio de autobservación, capta su propia evolución
social y los cambios que se producen en su estructura.
El
concepto de diferenciación adquiere relevancia al explicar
la evolución de la sociedad, puesto que diferenciar la evolución
que siguen los subsistemas y las relaciones que establecen con el
entorno, es lo que define formas particulares de integración
del conjunto social, permitiendo concebir al mundo en determinados
estadíos a lo largo de la historia de la humanidad. Luhmann
identifica que se han desarrollado pocas formas de diferenciación
social, pero cada una ha ido elevando su nivel de complejidad hasta
alcanzar la constitución actual de los sistemas funcionales,
los que no obstante, han contribuido a reducir la complejidad del
propio sistema. Se han identificado fundamentalmente cuatro formas
de diferenciación en el proceso evolutivo social.
a)
Sociedades segmentarias. Esta diferenciación se caracterizó
porque la horda primitiva conformaba la sociedad global y los sistemas
parciales eran las unidades familiares constituidas como formas de
diferenciación.
b)
Centro y periferia. En la evolución histórica, el paulatino
asentamiento de los pueblos propició la aparición de
nuevas formas de relación entre los sistemas sociales, surgiendo
un rol comercial localizado en la ciudad que le otorga una posición
de dominio por sobre otros territorios.
c)
Sociedades estratificadas. La diferenciación estratificada
se caracterizó porque el estrato superior -la nobleza- se constituyó
en un subsistema clausurado que estableció una gran desigualdad
con el estrato inferior – el pueblo - en términos de
riqueza y poder.
d)
Diferenciación funcional. La diferenciación funcional
es un nuevo orden que aparece debido a la complejidad de la sociedad
global. En ésta se instituye una conjunto de subsistemas en
torno al cumplimiento de funciones para la resolución de problemas
producidos por la sociedad misma.
Las
funciones sociales fueron creando históricamente clausuras
operativas que les otorgaron la exclusividad de una función,
logrando establecer la primacía de un nuevo criterio de diferenciación.
Por ejemplo, la economía monetaria ya desde el medioevo organizó
una división internacional del trabajo, desligándose
del control político; desde el siglo XVI la política
de los estados territoriales empezó a independizarse de las
cuestiones religiosas; en el mismo siglo, la ciencia tomó distancia
de la religión; la educación se universaliza a partir
del siglo XIX; y los mass media se articulan en el siglo XX.(1)
Desde
esta perspectiva, el concepto de función adquiere una connotación
distinta: “De aquí que todo el sistema este diferenciado
precisamente por la función que desempeña en la sociedad.
La función no queda entendida - según la antigua teoría
sociológica - como el presupuesto que confiere estabilidad
al sistema, sino como la tarea social que la evolución histórica
le ha conferido a un sistema determinado.” (Luhmann y Eberhard
Schorer; 1993: 19)
En
este marco, las funciones conforman subsistemas que se caracterizan
particularmente por dos elementos: por una unidad de operación
que se reproduce así misma y por mantener una constante diferencia
con respecto al entorno. En la comunicación del sistema global,
cada subsistema construye su propia referencia en el lenguaje a partir
de códigos, unidades elementales cuya estructura básica
es de tipo binario, positiva o negativa , por ejemplo verdadero/falso,
enfermo/sano, sufrimiento/salvación. El código positivo
permite el enlace de las operaciones de comunicación y es el
mecanismo que media las relaciones humanas (Luhmann; 1989: 37).
De
acuerdo a los diversos estudios de Luhmann, en la sociedad funcional
se han conformado diez subsistemas que en lo sucesivo denominaremos
sistemas funcionales para facilitar su tratamiento como unidades:
Dichos sistemas pueden apreciarse en la siguiente figura:
Figura
No. 3 Los sistemas funcionales.

Fuente: Elaboración propia .
Para
efectos del presente artículo sólo se mencionará
brevemente el código operativo de los cuatro subsistemas que
se aluden en el apartado sobre el riesgo ambiental del turismo, como
una referencia sobre su autopoiesis.
a)
El sistema económico. La condición de la economía
se establece a través del código pago/no pago, cuyo
lado positivo produce el enlace de operaciones que tejen la red del
sistema. Dado el medio simbólico del dinero como enlace de
las relaciones sociales, la monetarización económica
global obliga a la utilización del dinero como selección
de sentido, lo que conduce a la recurrencia de la operación
del pago en todas las comunicaciones en las que el dinero interviene.
La inclusión de los sujetos en el sistema económico
se establece por la posesión del dinero a través de
la distinción tener/no tener, pero su variación estriba
en contar con determinadas sumas para la compra de determinados bienes.
El permanente intercambio de bienes y servicios produce una transferencia
de dinero de unos propietarios a otros, por lo que existe una variación
continua de quienes cuentan y quienes no con la capacidad de pago.
b)
El sistema político. Las operaciones que articulan a este sistema
son las decisiones colectivamente vinculantes. Su autopoiesis
implica al medio simbólico del poder como mecanismo de aceptación
de acciones por los individuos. El poder hace posible que se logre
la coordinación de las conductas de las personas, que de otra
forma no ocurriría. A través del código superior/inferior,
el poder otorga a algunos la facultad de tomar una serie de decisiones
vinculantes que deberán acatar los inferiores – como
sucede por ejemplo con los impuestos - y que son válidos para
el colectivo social (Luhmann; 2003: s/p).
c)
El sistema de la ciencia. La condición autopietica de este
sistema se establece a través del código verdadero/no
verdadero, tomando al medio simbólico de la verdad como constitutivo
de las operaciones que lo clausuran. La verdad, al ser probada con
base en teorías y métodos, hace factible la aceptación
de nuevos saberes que modifican o afirman el conocimiento anterior.
d)
El sistema de los medios de difusión (mass media)
Luhmann (2000a: 140). En la diferenciación funcional los medios
han experimentado un desarrollo de enormes dimensiones a través
de las telecomunicaciones: el radio, el teléfono, la televisión,
el cine y el internet, entre los más importantes, abriendo
una basta posibilidad de comunicación en el sistema de la sociedad
que aumenta la complejidad del entorno del resto de los sistemas funcionales
y la capacidad de irritarlos. La comunicación de los mass media
organiza su operación a través del código lo
informable/no informable, definiendo criterios para seleccionar lo
que sí es digno de informarse por los medios y lo que no.
Por
su capacidad de decisión sobre la información a comunicar,
este último sistema tiene la posibilidad de construir una realidad
social que es compartida, conocida y comunicada, una realidad que,
como lo afirma Torres Nafarrate (Luhmann; 2000: XXI) crea un “estado
imaginario” de la sociedad. Dicha construcción, otorga
estabilidad a la sociedad al generar la estructura de comunicación
necesaria que presupone objetos de sentido producidos con antelación
y conocidos socialmente.
Habiendo
expuesto el anterior marco teórico, se procederá al
análisis del turismo sustentable considerando que éste
pertenece al sistema de la sociedad y que sujeto a la complejidad
de un entorno psíquico, material y natural.
2)
La resonancia ambiental en el turismo.
Los
modelos sistémicos holísticos aplicados al turismo han
asumido la integración de los sistemas social y natural, concibiéndolos
como una unidad que se encuentra en permanente relación; la
teoría de Luhmann, en cambio, parte de considerar la diferencia
entre el sistema social y el entorno natural. Tal como quedó
establecido en el apartado anterior, la sociedad opera en un circuito
comunicativo cerrado, cuya ejecución es irrealizable fuera
de él. El sistema natural no reconoce a la comunicación
como su función relacional, por lo que se encuentra imposibilitado
de conectarse al sistema social directamente. La característica
específica del sistema de la sociedad, que lo deslinda radicalmente
de todo tratamiento orgánico biológico, es que opera
en el medio del sentido. En esta perspectiva no hay transferencia
de información desde el ambiente al interior del sistema social,
aunque esto sea lo aparente, sino sólo de datos que, en su
caso, se procesan por algún sistema funcional irritado que
le da un sentido desde su propia autorreferencialidad.
Los
cambios y peligros que se manifiestan en la evolución que sigue
el sistema natural, se conocen por la sociedad únicamente a
través de su operación comunicativa, por ello el llamado
peligro ecológico queda entendido como “cualquier comunicación
acerca del ambiente que trae consigo un cambio en las estructuras
del sistema comunicativo de la sociedad” (Luhmann; 1989: 28).
Los cambios son observados por los sistemas funcionales con respecto
a su propio grado de peligro y a su necesidad de control, produciendo
una resonancia de distinta intensidad. Por resonancia se entiende
a las reacciones comunicativas o disturbios que el ambiente de la
sociedad produce dentro de la sociedad misma (Bednarz, John en Luhmann;
1989: xiii).
La
resonancia creada dentro de la sociedad por el ambiente se manifiesta
de manera diferente en cada uno de los sistemas funcionales y de acuerdo
con sus códigos. Esto complica el problema ecológico
porque son dos los sistemas de referencia que se mantienen separados:
uno, entre la sociedad y su entorno y, el otro, dentro de la sociedad
misma, entre el sistema funcional particular y su entorno. El problema
es que los cambios ambientales producen al mismo tiempo poca y mucha
resonancia, ya que, como dice John Bednarz (en Luhmann; 1989: xv)
necesariamente las interdependencias comunicativas entre los sistemas
funcionales pueden literalmente producir demasiada resonancia dentro
de la sociedad aún si los disturbios ambientales producen demasiada
poca resonancia. Se entiende que, por ejemplo, la resonancia de un
desastre natural puede ser muy alta en el sistema de los mass media
y muy baja en el sistema de la política. “La clave de
la cuestión se vuelve en cómo la sociedad estructura
su capacidad para procesar información ambiental” (Luhmann;
1989: 32), en la manera en que los sistemas funcionales se irritan
en torno al tema ambiental.
Evolutivamente,
se considera que fueron los sistemas de la ciencia y de los mass media
los que irritaron al sistema de la sociedad al grado de generar una
preocupación social por el deterioro natural vinculado al turismo.
Holden
(2000: 64-70) refiere que fue en la década de los años
60 cuando el mundo desarrollado empezó a manifestar su inquietud
por el daño ecológico que se estaba generando en el
entorno, citando dos hechos sobresalientes: el colapso de un buque
petrolero, el Torrey Canyon en la costa sudeste de Inglaterra,
“que causó un alto nivel de interés público”
y la crítica publicada en el libro Silent Spring de
Rachel Carson en 1962 sobre los daños causados por el uso de
agroquímicos en los cultivos. Durante ese tiempo, el turismo
en cambio gozó de una inmunidad con respecto a la crítica
ecológica, ya que las imágenes reproducidas por el sistema
de los mass media lo presentaban como una actividad “ambientalmente
amigable” .
En
la década de los años setenta, desde el sistema de la
ciencia, la química, la física, las matemáticas,
la ecología y la biología produjeron una serie de conocimientos
sobre los cambios ambientales. Proyecciones sobre el crecimiento poblacional,
la contaminación, el agotamiento de los recursos y las tendencias
del deterioro se expresaron en el Reporte denominado Los Límites
del Crecimiento del Club de Roma, cuya difusión aumentó
la irritación en el sistema social sobre la preocupación
del entorno natural.
Los
primeros señalamientos de los “efectos negativos del
turismo” surgieron en ésta década desde el círculo
académico, con el trabajo particularmente significativo de
Turner y Ash (1975). En este campo, la irritación alcanzó
una resonancia comunicativa en el sistema político, el cual
se encontraba en la construcción de regulaciones económicas
para impulsar el turismo en los países en vías de desarrollo.
La Organización para la Cooperación Económica
y el Desarrollo (OECD) integró un grupo de expertos para analizar
la “relación entre el turismo y el ambiente”, identificándose
la pérdida del paisaje natural, la contaminación y la
destrucción de la flora y fauna como principales daños.
Fue
en la década de los años ochenta, cuando el sistema
de los mass media, a través de las noticias del calentamiento
global, la lluvia ácida, el accidente nuclear de Chernobyl
y las pérdidas del ozono y de las selvas tropicales, elevaron
la irritación del sistema de la sociedad sobre ésta
temática, produciendo una alta resonancia al plantear al deterioro
ecológico como un "peligro" para la existencia del
sistema social en su conjunto.
Desde
entonces, el sistema de los medios proveyó de scripts comunicativos
a la sociedad para poder referir una experiencia desconocida: “...cuando
se menciona el problema ecológico – dice Luhmann (1989:
159) - se orienta la formación de esquemas con frases normativas
que están construidas metafóricamente: la contaminación
del medio ambiente cambia las condiciones de vida del ser humano a
tal punto que le hace imposible la vida...Esto no ha sido vivido por
el mundo y la memoria de los individuos. Ellos no han experimentado
semejante cosa, pero cuando se les facilita el script pueden empezar
a activar sus propias vivencias (el nivel de contaminación
que provoca su auto, por ejemplo)... No se trata de una re-educación
de los individuos, ni tampoco del re-aprendizaje de un conocimiento
que ya se había tenido. Se trata más bien de que la
metafórica ecológica, sus esquemas, sus scripts, se
desarrollan en la pradera virgen: invaden un terreno que no estaba
todavía ocupado”. Así el sistema de los medios
construyó un discurso comunicativo de ansiedad , de incertidumbre,
que puso a disposición del sistema social para la reducción
de complejidad de la situación ambiental.
Para
ésa década, el turismo masificado había “utilizado”
por más de veinte años los “inmaculados recursos
naturales y culturales” de los centros turísticos (como
la Costa del Sol en España y el puerto de Acapulco en México)
y las condiciones ambientales de las comunidades receptoras se habían
modificado en un lapso relativamente corto. El cambio paisajístico
y la degradación ecológica y social vinculados con el
turismo siguieron siendo señalados por los académicos,
en trabajos como el de Mathieson y Wall (1982), acentuando la ansiedad
de un cambio entre los ambientalistas y las organizaciones no gubernamentales.
En esta época se constituyen algunas organizaciones de presión
social, como el Tourism Concern en el Reino Unido, la Sociedad
Ecoturística en los Estados Unidos y la Goa Foundation
en la India, con el propósito de promover una forma humana
y ética de practicar el turismo.
La
opinión pública emitida por algunos grupos en el sistema
de la sociedad empezó a tener resonancia en el sistema político
en ésta década, muestra de ello es la propuesta presentada
en el informe Brundtland, técnicamente llamado Nuestro
Futuro Común, en la 42° Asamblea General de la ONU
celebrada en 1987 por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente
y Desarrollo, en el que se define un modelo de desarrollo alternativo
llamado sostenible. Esta propuesta prácticamente empezó
a ser tematizada en la política internacional durante la siguiente
década, en la que se reconoce la existencia de un conflicto
al aumentar la intensidad de las demandas sociales tanto a nivel global
como local en los países desarrollados, surgiendo en el sistema
de la sociedad una comunicación ética ambiental, manifestada
a través de protestas contra el maltrato a los animales y la
destrucción del campo por la construcción de carreteras,
particularmente en Gran Bretaña y Alemania.
En
el sistema político, las administraciones públicas de
los países desarrollados y subdesarrollados crearon nuevos
cargos públicos (Ministerios, Secretarías, Departamentos,
etc.) para la toma de decisiones sobre la cuestión ambiental
e iniciaron una serie de diálogos para alcanzar el consenso
sobre regulaciones internacionales. La ONU logró acordar la
llamada Agenda 21, documento que propone algunas regulaciones:
control de emisión de contaminantes, tratamiento de residuos,
utilización de productos locales, etc.
El
interés de los gobiernos de los países subdesarrollados
por crear centros turísticos como una estrategia de desarrollo,
contribuyó a que desde el sistema político se buscaran
fórmulas que prometieran el “control de los impactos
negativos del turismo”, por lo que en 1992, dentro del marco
de la Cumbre de la Tierra que se celebró en Río de Janeiro,
las organizaciones World Travel & Tourism Council (WTTC),
World Tourism Organization (WTO) y el Consejo de la Tierra produjeron
el reporte de la Agenda 21 para la Industria de Viajes y
Turismo.
El
turismo continuó e incrementó su comportamiento masivo
, lo que aunado a una difusión global del deterioro ecológico
y social asociado a esta actividad a través de los medios,
se volvió en objeto de ataque por los eco-guerreros
y de interés por ONGs que hasta entonces no habían reparado
en él, como el World Wife Fund for Nature y el Voluntary
Service Overseas and Oxfam. La tematización política
alcanzada por el conflicto turístico, dio paso a la concepción
de un modelo turístico sustentable, el cual permitía
ofrecer una oferta de sentido sobre una forma plausible de fomentar
su desarrollo y evitar sus efectos negativos. La Cumbre de Río
aportó los antecedentes para la creación de una carta
de turismo sostenible, dentro del marco de la Conferencia Mundial
del Turismo Sostenible que tuvo lugar en Lanzarote, Islas Canarias,
España en 1995, alcanzando así un consenso sobre un
conjunto de principios que definen a esta “nueva forma de hacer
turismo” . El modelo de turismo sustentable es un producto de
la capacidad de resonancia que el entorno ambiental ha producido en
el sistema político, generando distintos acoplamientos en el
sistema económico.
En
la economía la resonancia ambiental ha sido limitada. Las organizaciones
productivas han observado la protección al ambiente como una
meta secundaria, la que puede ser atendida en la medida que no se
afecten negativamente los costos de producción, los impuestos
y las preferencias por los bienes, particularmente en el mundo subdesarrollado.
No obstante, el sistema ha encontrado la posibilidad de obtener una
ganancia en el cuidado ambiental: “...abre nuevos mercados,
produce nuevos o transferidos incentivos para comprar y especialmente
incrementa los precios y las fuerzas en el mercado” (Luhmann;
1989: 57).
Estas
oportunidades se producen a partir de la resonancia social alcanzada
por la preservación ecológica, situación identificada
a través del mercado como una tendencia creciente en el interés
del cliente, por lo que la producción y uso de bienes y servicios
no contaminantes y amigables con el ambiente ha traído la posibilidad
de orientar el consumo . Igualmente los consumidores con “conciencia
ecológica”, aún en una pequeña proporción,
permiten incrementar la elasticidad del precio (están dispuestos
a pagar más) por la salvación ambiental, como es el
caso de los alimentos orgánicos. La aparición de esta
demanda potencial incentivó la creación de empresas
basadas en una filosofía de ventas éticamente sanas
y productos amigablemente ambientales, como el Body Shop
en Gran Bretaña; no obstante, las empresas también han
utilizado esta imagen tan sólo para penetrar en ciertos segmentos
de mercado o para evitar ser señaladas como antiambientalistas
y objeto de boicots.
En
este marco, la industria turística, desde sus primeras décadas,
mostró su habilidad en la apertura de nuevos mercados empleando
la estrategia de ofertar el acceso a un “inmaculado paisaje
, sin embargo, ante la imagen social producida desde la década
de los años ochenta de que el turismo era un destructor ambiental,
esta industria se esforzó por modificar su imagen y proveerse
de una credibilidad ambiental, participando en las recomendaciones
establecidas en la Agenda 21 para Viajes y Turismo y creando, entre
otras, la certificación Green Globe, propuesta en 1994 por
la WTTC.
El
modelo de turismo sustentable propuesto desde el sistema político,
estructuró el marco para concretar en el sistema económico
nuevos tipos de productos turísticos, que ofrecieran nuevos
esquemas de consumo y abrieran oportunidades de mercado, promoviendo
al ecoturismo, al turismo de aventura, al agroturismo y al turismo
rural, entre otros, como parte del llamado “turismo alternativo”
para contrarrestar la alta resonancia negativa producida en el sistema
social. A pesar de la falta de claridad conceptual, tanto del turismo
alternativo como de sus productos (Holden; 2000: 190-192), se ha reducido
la ansiedad comunicativa al presentarlos como productos que conllevan
una filosofía y una práctica de preservación
ambiental, en una propuesta holística que considera lo natural,
cultural y local, promoviendo principios y metas sustentables, conservacionistas,
descolonizadoras, educativas, diversificadoras y humanísticas
para la maximización de beneficios y minimización de
impactos .
Dentro
de estos productos, el ecoturismo ha sido sin duda el que mayor resonancia
ha alcanzado en el sistema de la sociedad, habiéndose declarado
al 2002 como Año Internacional del Ecoturismo y celebrado una
Cumbre Mundial en Montreal, Canadá, ese mismo año para
su discusión e impulso (OMT; 2002). Sin duda esta alternativa
de mercado ha hecho posible la creación de centros turísticos
en Australia, Costa Rica, Kenya, Canadá, Chile, etc., integrando
nuevos sitios al mercado turístico e incrementando la competencia;
así también ha permitido incrementar la oferta turística
en centros ya maduros como en el Caribe y la creación de organizaciones
productivas de base local.
A
pesar de esta condición, se considera que el ecoturismo, en
particular, y el turismo sustentable, en general, han sido objeto
de lo que Luhmann (1998; 180) denomina inflación simbólica,
es decir, cuando la comunicación “...presupone más
confianza de cuanta puede producir”, lo que significa que las
expectativas atribuibles a éstos son mayores de las que se
pueden cumplir, ya que el segmento de los productos turísticos
sustentables, si bien se encuentra incrementándose, tan sólo
forma una pequeña parte del mercado turístico. En particular,
se coincide con Butler, Harrison y Holden (citados por Holden; 2000:
199-202) en dos aspectos: la improbabilidad de que el modelo turístico
de baja escala remplace al mercado turístico masivo y el aumento
en la probabilidad del deterioro en los ambientes ecoturísticos,
justamente por ser ricos en biodiversidad y altamente susceptibles
a cualquier daño.
En
síntesis, la resonancia ambiental trajo nuevas informaciones
desde el entorno a los sistemas funcionales, dando pie a la concepción
de una forma alternativa de llevar a cabo el turismo, una forma sustentable,
cuyas posibilidades de éxito están aún en construcción.
Se entiende entonces que el modelo de turismo sustentable aumenta
la complejidad para lograr el acoplamiento que produce el turismo,
generando alteraciones en los sistemas funcionales: en el político
crea nuevas regulaciones; en el económico crea nuevos mercados;
y en el de los mass media crea nuevos scripts. Al integrar
esquemáticamente lo expuesto se obtiene el siguiente cuadro:
Cuadro
No. 4 La Resonancia Ambiental en el Turismo.

Fuente: Elaboración propia.
La
posibilidad de que dichas alteraciones fortalezcan o debiliten el
acoplamiento entre los sistemas funcionales, y más aún,
de que dicho modelo pueda implantarse como una forma de turismo “sustentable”,
radica en la capacidad de desarrollar organización entre las
unidades que operan en cada uno de los sistemas.
De
acuerdo a la diferenciación funcional, las operaciones de comunicación
no quedan todas capturadas en las unidades organizadas de los sistemas,
siempre hay más comunicación en el sistema que comunicación
organizada: “...en el ámbito de un sistema de funciones
ninguna organización puede atraer hacia sí todas las
operaciones del sistema de funciones y ejecutarlas como operaciones
propias. Siempre hay educación, aun fuera de las escuelas y
universidades. Los tratamientos médicos tienen lugar no sólo
en los hospitales.” (Luhmann; 2004: 17) Sobre esta base se puede
afirmar que la resonancia producida por el turismo sustentable es
mayor que su comunicación organizada.
Las
organizaciones de los sistemas funcionales son las unidades encargadas
de “absorber” y racionalizar los cambios suscitados en
el entorno . Cada sistema funcional cuenta con unidades que articulan
su organización: las empresas en el caso del sistema económico,
las entidades públicas en el sistema de la política
y los medios de comunicación en el sistema de los mass media;
son ellas las que deben establecer sincronización para dar
forma a las nuevas selecciones de comunicación producidas por
el turismo sustentable.
Luhmann
(2004) define que las organizaciones operan autopoieticamente por
decisiones (que generan nuevas decisiones) y se encuentran normadas
por reglas (que presuponen expectativas de decisión válidas
para más de una ocasión). Además, todas las organizaciones
se encuentran determinadas por estructuras y, aunque existen organizaciones
que no necesariamente están identificadas con un sistema funcional
(como las organizaciones civiles ecológicas, por ejemplo),
aquéllas que sí lo hacen asumen como función
primaria la del sistema y la operación de su código
binario, identificándose como tales ante el sistema de la sociedad.
En
este encuadre, es claro entender que las organizaciones existentes
vinculadas con el turismo se encuentran en posición de decidir
si llevarán a cabo la instrumentación de los cambios
requeridos para un nuevo modelo turístico, así como
la forma y el momento en el que lo realizarán. En principio,
las organizaciones tendrán que decidir el cambio de sus estructuras
e incluso de sus reglas, pero la mayor dificultad estriba en que deberán
sincronizarse de modo complejo e incluso competitivo con otras de
suyo heterogéneas: empresas locales y corporaciones nacionales
e internacionales de transportación, alimentación, alojamiento,
atracciones y organizadoras de viaje; dependencias o ministerios de
hacienda, economía, ecología, cultura, seguridad, relaciones
exteriores y turismo en los niveles local, regional y/o nacional de
gobierno; instituciones promocionales y compañías publicitarias;
por mencionar las referidas a los sistemas funcionales. También
se encuentran las organizaciones no atribuibles a ningún sistema
particular: organizaciones ambientales no gubernamentales, asociaciones
civiles ciudadanas y/o de prestadores de servicios; asociaciones de
la tercera edad, de homosexuales, de apoyo a discapacitados, de viajeros
de negocios, etc. Todo ello sujeto, además, a las diferencias
geoculturales.
La
constitución de unidades organizadoras del turismo sustentable
y su conexión en redes de comunicación, será
el aspecto básico para hacer posible su implantación,
sin embargo el requerimiento de tan elevada complejidad hace mayormente
difícil lograr este acoplamiento. Al contrario de lo que se
pudiera pensar, los cambios que se producen en las estructuras internas
de cada sistema funcional en atención a una nueva forma de
hacer turismo, contribuyen poco a que los acoplamientos se lleven
a cabo de una manera más fácil y coordinada.
No
obstante esta condición, la sociedad moderna también
ha encontrado la forma de producir la expectativa de la compatibilidad
social mediante la relativización de la dimensión temporal
a través de la distinción del futuro. Para Luhmann (1998c)
esta sociedad otorga una alta prioridad a la dimensión del
tiempo y se orienta de manera importante hacia la descripción
del futuro como una forma de traer al presente una expectativa de
futuro probable/improbable. El cálculo de la probabilidad ha
sido creado por la modernidad para “dirigirse a una realidad
ficcionalmente producida, duplicada”, una realidad futura, que
por lo pronto es inalcanzable, pero que posibilita resolver la incompatibilidad
producida por la diferenciación funcional.
En
esta sociedad, la génesis y solución de los problemas
no se encuentra en un sólo sistema funcional, los problemas
generados en un sistema no pueden ya ser resueltos por él mismo,
como en el caso de la solución del problema de la polución
que fue creado por las formas de producción y consumo del sistema
económico y que ahora tiene que ser resuelto por el sistema
de la ciencia y, en su caso, la intervención regulatoria del
sistema de la política. Ello significa que las interdependencias
entre las organizaciones de los sistemas tienen que ser mediadas por
el tiempo, requieren de tiempo, por lo que la sociedad moderna precisa
más tiempo del que tiene disponible, así, ocupa el tiempo
del futuro, trayéndolo al presente para la atención
de las expectativas de la población.
En
la descripción del futuro que se hace en el presente, se encuentran
dos elementos distintivos que limitan las posibilidades de su alcance:
los acuerdos y los riesgos. En el primer caso, la sociedad actual
ha construido la fórmula de los acuerdos para definir el futuro,
ya no se resuelve a través de la autoridad –como en las
sociedades estratificadas – sino a través de soluciones
negociadas a las que se puede apelar durante un cierto tiempo. El
punto crítico de la decisión radica en el riesgo que
conlleva. El riesgo contiene la probabilidad de un posible daño,
aún no consumado, que resulta de una determinada decisión,
lo que implica que, dependiendo de la decisión que se tome,
variará su probable o improbable acontecer. Luhmann no omite
corregir la errónea imagen de que un cambio de decisión
determinará uno u otro futuro, la evolución social es
mucho más compleja que eso, guiada por una lógica autopoietica
y referencial.
El
viaje por sí siempre genera una expectativa de riesgo, puesto
que la transportación a una realidad diferente a la cotidiana,
en la que la complejidad se torna incrementada, aumenta la incertidumbre.
Tomar el acuerdo de llevar a cabo un viaje de placer representa un
futuro traído al presente, la promoción de las agencias
de viajes con el slogan “su viaje empieza aquí”
es consistente con la expectativa futura del viaje que se hace presente
antes de su verdadero inicio.
El
riesgo del viaje de placer históricamente ha sido disminuido
a través del paquete turístico, en el que el operador
turístico define el itinerario, la ruta, los lugares de visita,
los servicios, el cupo, los espectáculos, los consumos y hasta
el tiempo del que el turista puede disponer “libremente”.
Este armazón sigue siendo vigente para la industria turística,
aunque efectivamente se ha flexibilizado a partir de que en algunas
regiones del mundo, particularmente en los países emisores
de Europa y América del Norte, después de vivir la experiencia
del viaje turístico por años, el turista ha aprendido
a realizar por sí sólo las conexiones operativas en
un mundo que le proporciona cada vez mayor información y condiciones
tecnológicas de posibilidad.
En
este sentido, se entiende la afirmación de Ritzer y Laska (en
Rojek y Urry; 2002: 99-100) cuando declaran que durante las vacaciones
la gente se desenvuelve sobre los mismos esquemas de su vida cotidiana
y appear to want que sean altamente predecibles, eficientes,
calculables y controlables. Los ejemplos de los cruceros y los parques
temáticos de Disney expuestos por estos autores responden a
estas exigencias. Lo que vemos aquí es justamente un esquema
que ofrece la disminución de la probabilidad del riesgo.
De
la misma manera, se entiende que la oferta de sentido de llevar a
cabo un turismo sustentable es una expectativa de futuro que ofrece
la disminución de la probabilidad del peligro ambiental y el
consecuente aumento de su improbabilidad, se disminuye así
la alta resonancia negativa producida en contra del turismo y se resuelve
en el presente un problema de inalcanzable solución en el presente
mismo.
Consideraciones
finales
De
acuerdo a lo anterior, en un primer arribo a algunas consideraciones
finales sujetas aún a reflexión, se entiende que el
turismo sustentable implica la pretensión de lograr el acoplamiento
de distintos sistemas funcionales con respecto a una comunicación
que se produce en el sistema de la sociedad a partir de la utilización
recreativa del entorno natural y cultural, en el entendido de que
los sistemas no se encuentran acoplados para llevar a cabo dicha tarea.
Para
ello, se requiere organizar la comunicación turística
que se produce en el sistema social en el nivel de los sistemas organizacionales,
de cuya conexión en redes dependerán las posibilidades
de acoplamiento de los sistemas funcionales.
Actualmente
el turismo sustentable proporciona una oferta de sentido que consiste
en una expectativa de futuro, es decir, otorga la expectativa de que
el turismo, a través de este modelo, permitirá la conservación
del entorno natural y cultural, como una forma de disminuir la incertidumbre
que produce la preocupación sobre la preservación ambiental.
Esta
oferta de sentido ofrece la disminución de la probabilidad
del riesgo ambiental ocasionada por su utilización turística
y el consecuente aumento de su improbabilidad. Se disminuye así
la alta resonancia negativa producida en contra del turismo en el
sistema de la sociedad y se resuelve en el presente un problema de
inalcanzable solución en el presente mismo.
Bibliografía
| Corsi
Giancarlo, et. al. (1996) Glosario sobre la Teoría Social
de Niklas Luhmann, México: Anthropos, Universidad Iberoamericana
e ITESO. |
| Gunn,
C. (1994) Tourism Planning: Basic, Concepts, Issues, Washington:
Taylor and Francis. |
| Holden,
Andrew, (2000), Environment and Tourism, Gran Bretaña:
Routledge. |
| Luhmann
Niklas, (1989), Ecological Communication, Great Britain: The University
of Chicago Press. |
| -
(1998), Complejidad y Modernidad. De la Unidad a la Diferencia,
Madrid: Editorial Trotta. |
| -
(2000), El Derecho de la Sociedad, México: Manuscrito en
revisión para su publicación. |
| -
(2000)a, La Realidad de los Mass Media, México: Universidad
Iberoamericana e ITESO. |
| -
(2003), El Sistema de la Política, México: Universidad
Iberoamericana (en edición). |
| -
(2004), Interacción y Sociedad, México: Manuscrito
en revisión para su publicación. |
| -
(2004)a, La Dogmática Religiosa y la Evolución de
las Sociedades, México: Manuscrito en revisión para
su publicación. |
| Luhmann
Niklas y de Giorgi Raffaele, (1998), Teoría de la Sociedad,
México: Universidad Iberoamericana y Triana. |
| Luhman
Niklas y Eberhard Schorer, Karl, (1993) El Sistema Educativo (Problemas
de Reflexión), México: Universidad Iberoamericana
e ITESO. |
| Mathieson,
A. y Wall, G., (1982), Turismo: Impactos Económicos, Físicos
y Sociales, México: Trillas. |
| Mazon,
Tomás, (2001), Sociología del Turismo, España:
Centro de Estudios Ramón Areces, S.A. |
| Molina
Sergio, (1986), Planificación del Turismo, México:
Nuevo Tiempo Libre. |
| Osorio
García Maribel, (septiembre-diciembre 2000), Nuevos Caminos
para el Estudio del Turismo desde la Teoría de Sistemas,
México: Convergencia, Revista de Ciencias Sociales, Año
7, Núm. 23. |
| Organización
Mundial del Turismo, (2002), Informe Final de la Cumbre Mundial
del Ecoturismo: Canadá: OMT. |
| Ricaurte
Carla, (2001), Turismo, Sustentabilidad y Gestión Local
en el Municipio de Ixtapan de la Sal, México: Tesis de
Maestría en Estudios Físicos y Socioeconómicos
del Turismo, UAEM. |
| Rojek,
Chris y Urry, John, (2002), Touring Cultures. Transformations
of Travel and Theory, London: Routledge. |
| Schlüter,
Regina, (2000), Investigación en Turismo y Hotelería,
Argentina: Centro de Investigación y Estudios Turísticos. |
| SECTUR,
(2001), Programa Nacional de Turismo 2001-2006, México:
SECTUR. |
| Torres
Nafarrate Javier, (1996) Introducción a la Teoría
de Sistemas, México: Universidad Iberoamericana, Iteso
y Anthropos. |
| Troncoso,
Bolívar (1999) Conceptualización y Fines del Ecoturismo,
http://www.kiskeya-alternative.org/publica/bolivar/partici.htm#concep |
| Turner,
Louis y Ash, John (1991) La Horda Dorada. Endimión, Madrid. |
| Zamorano
Casal, Francisco Manuel (2002) Turismo Alternativo, México:
Trillas. |