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La
conciencia ambiental en los espacios recreativos naturales. Elina
Hermane En la actualidad, tomando en cuenta la situación en la cual se encuentra el medio ambiente natural, es indispensable reflexionar sobre el conocimiento que tiene el ser humano sobre la naturaleza y sobre su propia vida. En este momento es la única forma como se puede hacer algo para proteger y salvar lo que todavía se tiene del medio ambiente. Es necesario que las personas conozcan y comprendan los efectos de sus acciones para encontrar alternativas que les permitan frenar el deterioro y la contaminación y sus causas, contando con la participación de la escuela, familia y sociedad en el desarrollo del saber y de la conciencia ambiental. Una de las posibles razones para el deterioro presente del medio ambiente es la falta de conciencia. Muy probablemente las personas asumen la conciencia, pero al enfrentar con la vida cotidiana y vivir en el presente hacen lo que les parece mejor para su propio bienestar según las experiencias de las generaciones anteriores sin ver que es alta la probabilidad de que las siguientes no tendrán el mismo entorno natural y no podrán seguir este modo de vida en un plazo largo, por lo que sufrirán los efectos de los cambios drásticos en el medio ambiente. Así, aunque el hombre a través del tiempo ha adquirido conocimiento sobre el ambiente natural y social, en realidad esto no tiene un valor significativo en la organización de la vida cotidiana del sujeto, en el contexto de la modernidad ya que la racionalidad materialista impulsará ganar más, obtener más. Para concientizar a las personas en relación con el medio ambiente y conducta responsable y sustentable es necesario retomar valores como la responsabilidad, el respeto, el afecto, la solidaridad que han inculcado y constantemente reforzado en el espacio social. Este asunto es muy complejo e incluye valores, las instituciones y organizaciones implícitas en las normatividades que regulan su desarrollo sociocultural en la vida cotidiana, permitiendo la repetición de patrones de comportamiento. Para lograr la recuperación (¿generación?, ¿actualización?) de una conciencia ambiental deben estar involucrados muchos aspectos de la cultura. Un reto actual es concientizar y corresponsabilizar a los ciudadanos de diferentes niveles de vida, edad, género y localidades a realizar las actividades paralelamente a las políticas actuales, al mismo tiempo no olvidando el mejoramiento del nivel de vida, es decir, capacitarlos al desarrollo sustentable. Pero para poder hacerlo es indispensable conocer cuales son las pautas de comportamiento que dirigen a los sujetos en su vida cotidiana en relación hacia el medio ambiente, cuales son los sentidos y los valores que para ellos tiene la naturaleza. Como lugar de estudio de esta investigación se eligió al Valle del Columpio I del paraje conocido como La Marquesa que se encuentra dentro del territorio del Parque Nacional Insurgente Miguel Hidalgo y Costilla, Estado de México. La Marquesa es un amplio paraje donde se ofrece a los visitantes las posibilidades de recreación que en este caso son los restaurantes, paseos a caballo, renta de motos, pesca deportiva, venta de dulces tradicionales y artesanías. Sin duda, el turismo ha repercutido en una elevación económica de las comunidades que ofrecen esos servicios, pero no toda la población es beneficiada de igual forma (Hernández y Waldo, 2002). El Parque Nacional Miguel Insurgente Hidalgo y Costilla presenta ciertas características especiales en cuanto a su explotación y administración. La OMT define los parques nacionales como las zonas relativamente amplias establecidas para la protección de uno o varios ecosistemas “no alterados materialmente por la explotación y ocupación humanas, donde las especies de plantas y animales, los sitios geomorfológicos y el hábitat poseen un interés científico, educativo y recreativo especial o destacan por su gran belleza paisajística natural” (OMT, PNUMA, 1992: 2). Sin embargo, la llegada del turismo a los parques nacionales produce no solamente impactos positivos, sino también negativos generados por la gestión inadecuada, por la presión de los pueblos vecinos, por el excesivo uso para fines turísticos y el gran número de los visitantes (OMT, PNUMA, 1992). Cabe mencionar que el paraje de La Marquesa está dentro del Parque Nacional según la información oficial, por ejemplo, sobre los parques nacionales de la República Mexicana, pero de la gente de San Jerónimo Acazulco que trabaja en esa zona hay muchos que consideran este lugar totalmente independiente del Parque Nacional Insurgente Miguel Hidalgo y Costilla. Eso debido a que son las tierras ejidales otorgadas a ellos en 1929 que unos años más tarde en 1936 al fundar el Parque Nacional fueron expropiadas, pero en realidad la expropiación no se dio como tal debido a la falta de indemnización y a la confusión de los documentos y los linderos no bien definidos, por lo tanto sigue dando la situación ambigua (González, 2002). Las actividades turísticas en La Marquesa empezaron a darse en los años 30 del siglo XX con el decreto sobre la fundación del Parque Nacional Insurgente Miguel Hidalgo y Costilla “por sus limpias aguas y la cantidad de peces que se pueden cultivar en el mismo para el conocimiento y deleite de los turistas” (citado por González, 2002: 9). Sin embargo, es difícil encontrar información de cómo se desarrollaron las actividades turísticas en los años 40, 50 y 60 del siglo pasado. La forma y el aspecto actual La Marquesa ha adquirido desde los años 70, y durante las siguientes décadas se han desarrollado más la infraestructura y los servicios prestados a los visitantes. Todo el paraje de La Marquesa que se usa para las actividades recreativas está dividido en los valles a los que en este caso se entiende como un grupo de establecimientos económicos. Cada valle tiene su propio nombre y cuenta con uno o varios tipos de las actividades turísticas. Se organiza cierto número de las familias de Acazulco que prestan servicio a los visitantes. Por lo tanto cada una de estas organizaciones sociales desarrolla sus objetivos y planean los trabajos. Existen dos formas de organización que tienen una estructura de las autoridades máximas que son el comisariado de bienes ejidales y el comisariado de bienes comunales. Sin embargo, a pesar de este tipo de organización comunitaria, cada valle tiene sus propios intereses y pueden llegar a cierta competencia entre sí, al mismo tiempo que el objetivo principal es la igualdad para todos obteniendo mayor beneficio de la prestación de los servicios turísticos. El estudio de campo se realizó en uno de los valles ejidales que es el Valle del Columpio I situado al lado de la carretera Toluca-México. Es un espacio en responsabilidad 4 ejidatarios y 11 comuneros de San Jerónimo Acazulco y sus familias; resulta que regularmente en el Valle del Columpio I trabajan aproximadamente 30 personas. El Valle cuenta con una pista de cuatrimotos, una tienda, cuatro restaurantes que funcionan, tres en construcción y cuatro cabañas de madera para la venta de los antojitos mexicanos, dos estacionamientos para los coches, juegos infantiles y senderos específicos para el tránsito de los caballos. Además, hay juegos inflables, dos estanques de truchas para vender y para la pesca. En La Marquesa en general los impactos negativos (cuando un recurso ha perdido en forma considerable su calidad por degradación) más visibles han afectado al suelo (por los paseos a caballo, caminatas sin senderos y por la construcción y el uso de las pistas de cuatrimotos), a la flora y a las corrientes y cuerpos de agua (Martínez, 1995). Es claro que uno de los motivos de degradación de la naturaleza son las actividades que realizan en ella los sujetos, visitantes y habitantes; actividades que responden a formas de comportamiento recreativo delineadas por determinados patrones culturales. Para los primeros el Parque es sólo un motivo de visita recreativa, para otros es su hábitat cotidiano. De este modo, en el caso de La Marquesa hay que tomar en cuenta que éste es un lugar donde confluyen sujetos que cuentan con patrones culturales distintos, delineados a partir de sus diferentes ámbitos de vida: el espacio urbano de los visitantes (el Distrito Federal y la ciudad de Toluca) y el espacio de la vida rural de los habitantes, que influyen de manera diferente en las pautas de comportamiento de los individuos en cuanto a la naturaleza y en la formación de los códigos de sentido y de los valores. En el caso de los primeros, son el conjunto de sujetos que se desplazan regularmente desde ámbitos urbanos para los que la naturaleza resulta un contexto ajeno a su hábitat cotidiano, para los segundos, por el contrario, el Parque resulta un contexto más conocido, común, en el que la naturaleza es un elemento con el que se interactúa de manera permanente. Cada sujeto cuenta, entonces, con experiencias diferentes con respecto a la percepción de la naturaleza. Se puede decir que cada espacio impone su forma de proceder y de pensar; los individuos están influidos por su espacio de vida social y cultural ya que la actividad humana es el producto de la sociedad creada por los mismos hombres (Ritzer, 1997). La vida cotidiana de los sujetos está conformada tanto por lo individual, la situación biográfica, como por el acervo del conocimiento social del que dispone el individuo (Lindón, 1999), así que eso también corresponde a las relaciones con el medio ambiente de los sujetos de diferentes espacios de vida que hacen turismo o prestan los servicios turísticos. Lo que se investigó fue cómo la población de San Jerónimo Acazulco que trabaja en el Valle del Columpio I y los visitantes perciben el espacio natural de este lugar, si la naturaleza les significa algo más que el medio para obtener un sustento supuestamente mejorando su calidad de vida o un simple lugar de diversión fuera de su entorno cotidiano, si existe la consideración de este medio como una riqueza natural, belleza, patrimonio. Se intentó entender sus códigos de sentido y sus valores que se han formado a partir de su vida cotidiana. Ya que el trabajo se desarrolló en un lugar turístico como es La Marquesa, fue necesario entender que es el turismo y la recreación que son unos conceptos usados con frecuencia tanto por los investigadores, como, en el presente caso, por los visitantes y los trabajadores de La Marquesa. Mathieson y Walls introducen al concepto del turismo el factor del comportamiento del hombre, que se entiende como el estudio del hombre fuera de su hábitat natural (citado por Holden, 2003: 4). Bull además incluye el aspecto de los recursos, entendiendo el turismo como una actividad humana, constituida por el comportamiento del hombre, el uso de los recursos e interacción con otras personas, economías y medio ambientes (citado por Holden, 2003: 4). Eso significa que el turismo también es el uso del medio ambiente y los impactos producidos en éste por las actividades turísticas. Sin duda, recreación forma parte del tiempo libre del sujeto. Lo importante es que el individuo en este tiempo puede hacer lo que le gusta y no lo que él debe de hacer; es el tiempo también para la educación, para generar ámbitos de discusión y análisis (Ziperovich, 2004: 13-21). En el turista recreativo domina el deseo de la diversión durante la cual se recuperan las fuerzas mentales y físicas. El turista con los deseos de recrearse busca la posibilidad de descansar, de recuperar las fuerzas y, de hecho, no le interesa el ambiente del lugar visitado como tal, que no sea para los fines de su propia recreación. Los turistas de ese tipo están contentos con la no-autenticidad del ambiente frecuentado. Esto se refiere también a los espacios pseudo-naturales que para un naturalista pueden parecer poco semejantes a un ambiente verdaderamente natural, pero los turistas los perciben como satisfactorios ya que su fin es la recreación en un ambiente natural. Para sentirse bien ellos pueden llevar consigo las cosas para el descanso como periódicos, comida, bebida, de este modo llevando consigo cosas de su ambiente cotidiano (Cohen, 1979, citado por Holden, 2003: 40-44), algo que también se puede observar en el caso de los visitantes de La Marquesa. Una visión de la relación entre el hombre y la naturaleza, la expresa Beltrán (1973: 23): “La naturaleza llena frente al hombre diversas funciones de vital importancia, comenzando por ser el ineludible escenario en que éste vive y actúa, cuyas condiciones favorables o adversas harán su existencia amplia, variada, fácil y placentera en el primer caso; o estrecha, monótona, difícil y penosa en el segundo. Y somos nosotros mismos, según actuemos, los que elegimos una u otra alternativa”. Pero la realidad es que los espacios naturales actualmente están visitados por las personas acostumbradas a los servicios y comodidades de la ciudad y que sin quererlo deterioran el medio ambiente (Ziperovich, 2004: 78). Para poder cumplir con los objetivos la investigación se basa en la teoría de Alfred Schutz que es el principal teórico de la sociología fenomenológica cuya base de estudios es la intersubjetividad. Se estudia el modo como las personas actúan, desarrollan y mantienen los significados de las situaciones en la vida cotidiana. Aunque el objeto de estudio es la subjetividad, sin duda alguna, el acceso directo a ésta no es posible, lo que sí, es acercarse de forma indirecta a través de las expresiones de otros, escuchar atentamente en las entrevistas y el análisis de las repuestas, también a través de respuestas abiertas en cuestionarios. De este modo se trata a comprender a otras personas, a analizar las estructuras de las experiencias individuales con el intento de encontrar rasgos comunes o fundamentales. La intersubjetividad es la reciprocidad de las conciencias individuales, el modo en que éstas se relacionan unas con otras y son disponibles para los demás. El ser del hombre en el mundo se basa en el espacio y tiempo subjetivo, pero el hombre también es un ser social, con la raíz en la intersubjetividad. La mayoría de las actividades del hombre se realizan sin reflexionar sobre ellas según las tipificaciones y recetas, que son unos conceptos introducidos por Schutz para entender el comportamiento de los sujetos. La intersubjetividad y el uso de las recetas y tipificaciones tienen lugar en el mundo de la vida. Schutz para explicar lo que está incluido en este término también lo llama el mundo de sentido común, mundo de la vida diaria, el mundo intersubjetivo. El sentido común “ve el mundo, actúa en y lo interpreta por medio de estas tipificaciones implícitas” (Natanson, 1995: 16). En el mundo de la vida los individuos existen físicamente, actúan y asumen al mundo existente sin cuestionarlo. Los seres humanos dan por supuesto que este mundo existe y que todos lo comparten, además, este mundo no solamente siempre ha existido sino también es interpretado por ellos de maneras típicas. Pero al mismo tiempo Schutz dice que el acervo cultural individual que él llama la situación biográfica (que incluye en sí la familia, intereses, motivos, deseos, religión e ideología que siempre pueden durante la vida cambiar) es diferente en cada persona a causa de las distintas experiencias personales que no pertenecen al mundo de la vida; así todo el conocimiento tiene invariablemente un componente privado que está influido y determinado por las opiniones de la sociedad (Ritzer, 1997). La conciencia es el punto de partida para entender la intersubjetividad para Schutz. La conciencia individual tiene poca importancia en el mundo cotidiano porque los actores en las acciones diarias las realizan siguiendo las recetas. Pero la base de la sociología fenomenológica de Schutz es en los “procesos del establecimiento del significado y la comprensión que tenían lugar en el interior de los individuos, los procesos de la interpretación de la conducta de otras personas y los procesos de autointerpretación” (citado por Ritzer, 1997: 279). Los significados subjetivos u objetivos son los conceptos según los cuales se comportan socialmente los individuos en el mundo de la vida, es el modo en que los actores definen que aspectos del mundo social son importantes para ellos. Los motivos son las razones que explican las acciones sociales de los individuos. Se supone que en el mundo del sentido común existe un intercambio recíproco de las perspectivas, significados y motivos, es decir, las experiencias humanas “están intersubjetivamente disponibles y son más o menos las mismas para todos los preceptores “normales” (Natanson, 1995: 20). Toda la acción humana tiene una meta y se origina en la conciencia personal donde está proyectada y de donde obtiene un propósito. La acción tiene un significado para el individuo, generalmente igual que el de otras personas, pero no siempre es así: la acción puede tener diferentes significados y motivos que se originan en la conciencia del individuo. Ninguna acción social puede ser vista aisladamente del resto del mundo: “Acción que implica las actitudes y las acciones de otros y está orientada hacia ellos en el transcurso de la acción” (Schutz citado por Ritzer, 1997: 281). Como lo señala Natanson: “En cada caso, el rasgo fundamental de la acción es el hecho de ser proyectada y estar dotada de propósito. La acción se origina en la conciencia del actor” (Natanson, 1995: 22). Según Schutz, comprender el mundo social significa comprender como los individuos definen su situación, que sentido para ellos tienen sus acciones. En cuanto a la vida cotidiana, Schutz dice que aquí los individuos se interesan solamente por determinados objetos que es el resultado de la actividad selectiva de la mente humana que es “determinar cuáles de las características particulares de tal objeto son individuales y cuáles típicas” (Schutz, 1995: 40). En el pensamiento de sentido común que toma lugar en la vida diaria no se percibe las diferencias de las perspectivas individuales, sin embargo este pensamiento tiene su origen histórico. Conocer las experiencias individuales ayuda el estudio de la vida cotidiana de los individuos ya que “a través del tiempo, la cotidianeidad ha logrado imponerse como uno de los universos donde puede explorarse la situación general y la particularidad de las construcciones humanas” (León Vega, 2000: 46). Lindón propone que al analizar los modos de vida cotidiana urbana hay que tomar en cuenta tanto las experiencias actuales de los individuos como la historicidad en la cual se desarrolla la sociedad por las experiencias individuales ya que como lo dijo Alfred Schutz, el pasado es incorporado en el acervo social de conocimiento, (Lindón, 1999). Sin duda alguna, esto también se lo puede referir a la vida en el ámbito rural. Peter L. Berger y Thomas Luckmann han desarrollado más las ideas de la sociología fenomenológica de Alfred Schutz. Ellos se preocupan por la construcción cotidiana de la realidad y cómo en el proceso de la producción del conocimiento están involucradas todas las personas: la sociedad en la cual los individuos viven, es producida por ellos mismos y la sociedad los reproduce. Estos autores también se dedican al estudio de la conciencia que, según ellos, en sí misma no es nada, siempre es conciencia de algo: dirige su atención a algún objeto, alguna meta (Berger y Luckmann, 1997). La conciencia es la que une una experiencia con otras, es el nivel más elemental del sentido. Las experiencias no están relacionadas unas con otras directamente, sino con un tipo de experiencias, un esquema obtenido de muchas experiencias y guardado en el conocimiento subjetivo o tomado del acervo social del conocimiento. Según dichos autores, las personas suelen aprehender la vida cotidiana como una realidad ordenada, que significa que la ven como impuesta e independiente de su propia aprehensión. También los individuos deben producir lo que necesitan para sobrevivir, de este modo crear pautas habituales de acción e interacción en situaciones cotidianas. El conocimiento de los individuos sobre la sociedad se construye continuamente con base en la cotidianeidad; las personas en la vida cotidiana reconstruyen su conocimiento de la realidad social. Sin embargo, no todas las acciones repetidas se convierten en las instituciones, y no todo el sentido subjetivo o intersubjetivo se transforma en el acervo social del conocimiento (Berger y Luckmann, 1997). En la sociedad moderna las condiciones son diferentes de los tiempos antiguos cuando los valores y sentidos fueron comunes para todos. Ahora más bien hay divergencias en los sistemas de sentidos que son implicadas por la competencia, la comunicación e imposición de diferentes modos de sentidos y valores. Estas diferencias producen una crisis de sentido (Berger y Luckmann, 1997). La crisis intersubjetiva de sentido en la sociedad moderna aparece cuando los miembros aceptan acriticamente algún sentido común, existe una gran diferencia entre lo que “es” y lo que “debería ser” (Berger y Luckmann, 1997). Además, la crisis de sentido aparece en las sociedades cuando los valores no penetran con igual fuerza en todas las esferas de la vida. Si los valores históricos ya no funcionan aparece una nueva situación que significa el encuentro de distintos sistemas de valores y los conflictos son inevitables (Berger y Luckmann, 1997). La modernidad lleva consigo una nueva configuración social del sentido de la vida del ser humano. Los valores comunes de la modernidad no tienen la capacidad de impedir la crisis de sentido de manera sistemática y vinculante. En el resultado de la modernización es muy difícil de someter a las sociedades completas a los sistemas de sentido y valores. El desarrollo global lleva una gran inseguridad tanto en las acciones individuales como en la vida colectiva. La modernidad ha llevado a un estado en el cual el hombre tiene que elegir entre las diferentes opciones. Esto se refiere también a las relaciones del ser humano con la naturaleza. Hay una crisis del sentido del medio ambiente, el hombre tiene unas pautas de comportamiento que debe cumplir. Recibe mucha información a través de los medios de comunicación de la cual debe elegir cuál es la correcta y adecuada en este momento y, además, cómo esta información se combina con sus hábitos de vida tradicionales. La metodología predominante utilizada en el estudio fue la de corte cualitativo usando los instrumentos como la observación y entrevistas en profundidad. Pero también se incorporó el componente de la investigación cuantitativa (las encuestas) para obtener los datos numéricos que dan la posibilidad de generalizar y medir ciertos datos para enriquecer el trabajo. Tal decisión se tomó porque lo que pretende la investigación cualitativa es la comprensión de lo subjetivo a partir de los significados sociales y en contacto directo con los individuos usando las tres actividades básicas: experimentar/vivir, preguntar y examinar (Rodríguez et al., 1999: 39) que corresponde a las intenciones del presente trabajo. El propósito de la investigación cualitativa consiste en “reconstruir” la realidad, tal como la ven los diferentes actores de un sistema social previamente determinado por el investigador (Hernández et al., 2003: 5). Lo esencial es la interpretación y análisis objetivo de los significados y símbolos subjetivos (Ruíz, 1996: 32). Dentro de la investigación cualitativa existen diferentes métodos que se utilizan según las necesidades del estudio y el enfoque teórico que la orienta. En la presente investigación se usó el método fenomenológico que se distingue de los otros con el énfasis del estudio de lo subjetivo y las experiencias subjetivas. La fenomenología se caracteriza por el estudio de la experiencia vital, del mundo de la vida y la cotidianeidad: “La investigación fenomenológica procura explicar los significados en los que estamos inmersos en nuestra vida cotidiana, y no las relaciones estadísticas a partir de una serie de variables, el predominio de tales o cuales opiniones sociales, o la frecuencia de algunos comportamientos” (Van Manen, citado por Rodríguez et al., 1999: 40). Por lo tanto la investigación de este enfoque busca conocer los significados que los individuos otorgan a su experiencia vivida. Se trata de ver el mundo desde las perspectivas de las personas observadas y entrevistadas, describiendo, comprendiendo e interpretando su muy particular punto de vista. Los estudios cualitativos no pretenden generalizar los resultados obtenidos, sino éstos caracterizan nada más el ambiente estudiado que en el caso de esta investigación es el Valle del Columpio I y La Marquesa. Se apoyó en la propuesta metodológica de Lalive (1999) para el estudio del ethos que es el conjunto de creencias, valores, normas y modelos que guían la actuación de los hombres. El ethos es el centro de una cultura al presentar una sociedad, un grupo o una institución. El ethos del individuo constituye su identidad socio-cultural, igual es el principio organizador de la vida cotidiana de los seres humanos. Lalive (1999) para el análisis de los sentidos que se expresan en el ethos sugiere que la vida cotidiana de los hombres se inserta en un espacio tridimensional: el tiempo, el espacio y la inserción social. Como las llaves de interpretación en esta investigación se usó las siguientes que son propuestas por Lindón (1999) para el análisis de la vida cotidiana: trabajo, consumo (que en el caso de la presente investigación es el consumo de la naturaleza) y vida familiar. El trabajo después de transcribir las entrevistas con las personas que trabajan en el Valle del Columpio I y con los visitantes de La Marquesa fue elaborar a partir de los textos unas matrices según la propuesta de Alicia Lindón (1999) en las cuales se identificó los diferentes ámbitos de la vida cotidiana sistematizándolos bajo las tres llaves de interpretación para de esta manera poder detectar los patrones comunes y diferentes de las personas entrevistadas. La integración de este material se dio, primero, en lo horizontal donde aparecen las expresiones de cada persona entrevistada. Segundo, en lo vertical, destacando diferentes dimensiones de la vida cotidiana. Después se elaboró un modelo como el instrumento de interpretación siguiendo la propuesta de Lalive (1999) diferente para los dos grupos de las entrevistas: con los habitantes de Acazulco y con los visitantes de La Marquesa. Se interpretaron y analizaron las entrevistas con el fin de establecer el ethos de las personas y su conciencia ambiental y cómo esta última se crea a partir de las pautas de comportamiento de los individuos. El ethos lo forman los valores fundamentales, valores expresados y valores contrarios. Después de haber hecho el análisis y la interpretación de las encuestas y las entrevistas tanto con los visitantes de La Marquesa como con los habitantes de San Jerónimo Acazulco que trabajan en el Valle del Columpio I y al reflexionar resulta que no es tan poco lo que las personas sientan por su medio ambiente natural, pero se presentan las diferencias entre los visitantes y trabajadores de este lugar en cuanto a sus relaciones con la naturaleza. No se puede decir que la conciencia ambiental no exista, sino, sin duda alguna, la hay. Pero la pregunta es si esa conciencia ambiental ayudará a La Marquesa y al Valle del Columpio I en particular a continuar existiendo a largo plazo, al mismo tiempo ofreciendo los beneficios para los dos grupos de personas que confluyen en este espacio natural. Es aquí donde pueden aparecer las dudas si la conciencia ambiental tal como ésta se presenta en los sujetos de los diferentes ámbitos de vida -el rural y el urbano- es la suficiente para que las personas actúen activamente en la protección de este espacio recreativo natural. Tanto los visitantes como los trabajadores de La Marquesa expresaron su preocupación sobre la preservación del medio ambiente tanto a nivel mundial como en La Marquesa. Pero en los dos casos esta preocupación es más bien a nivel del discurso, aunque precisamente porque aparece una preocupación se puede afirmar que la conciencia ambiental existe.
Tanto para los habitantes como para los visitantes un valor fundamental es el trabajo aunque en el caso de las personas entrevistadas en esta investigación se difiere el aspecto de la relación social que se expresa en el ámbito del trabajo. En cuanto a los visitantes de La Marquesa resulta que el trabajo se da dentro de la relación social yo-yo, es decir, el trabajo para ellos es algo personal y más bien se asocia con el espacio personal. De manera diferente, para la gente de Acazulco que trabaja en el Valle del Columpio I el trabajo es una actividad común dentro de la relación social yo-nosotros en la cual cada quien tiene su rol que cumplir. Por lo tanto ellos también ven como una responsabilidad común la preservación del medio ambiente. Pero eso tiene sus consecuencias ya que en una responsabilidad común no existe la responsabilidad de cada quien en este caso. Las personas estaban hablando de “nosotros”, pero muy pocos sabían decir “yo” en cuanto a las actividades de la preservación del medio ambiente. Asimismo una diferencia muy grande entre los visitantes de La Marquesa y la gente que trabaja allá es en cuanto al contacto con la naturaleza en el lugar de trabajo. Para los segundos el mundo laboral está directamente en el ámbito natural, por lo tanto ellos conviven cotidianamente con la naturaleza. Sin embargo, tampoco se puede idealizar su relación con la naturaleza ya que entre ellos fueron quienes expresaron que si habría otra fuente de trabajo abandonarían La Marquesa. Asimismo el valor de la naturaleza para ellos es el de un atractivo para los visitantes. En diferencia la principal actividad laboral de la mayoría de los visitantes entrevistados ocurre en la ciudad, con frecuencia en las oficinas donde a veces apenas pueden ver el cielo a través de las ventanas. Todos los visitantes entrevistados expresaron la necesidad por los servicios y comodidades sin las cuales ya no podrían vivir, mientras para los trabajadores del Valle del Columpio I ese tipo de servicios todavía no se les parece tan indispensable; sin embargo no los rechazarían, pero si eso sería posible sin la pérdida del ritmo de la vida del campo. Ya que para ellos la ciudad que actualmente es la que puede ofrecer esos servicios como el transporte público cómodo, es un ámbito de la vida que trae la inseguridad, la pérdida de tranquilidad, la impersonalidad en las relaciones sociales. Por lo tanto, a pesar de expresar el deseo de mejorar la calidad de la vida no lo relacionan con los servicios y comodidades expresados por las personas de la ciudad entrevistadas, entre éstos los supermercados, el cine, el internet etc. El mejoramiento de la calidad de la vida para los habitantes de Acazulco todavía significa el hecho de salir de la pobreza, no tener hambre, tener una casa apropiada para la vida y las posibilidades de educar a los hijos. Así que los niveles de vida de los visitantes de La Marquesa y de los prestadores de los servicios turísticos en este lugar son diferentes y sus aspiraciones para la vida son otros. La relación hacia su ámbito de la vida entre los visitantes y trabajadores del Valle del Columpio I es distinta. Ninguno de los visitantes afirma su determinación de vivir en la ciudad sino están concientes de que pueden cambiar el lugar de vida si lo quisieran, que no es el caso de los pobladores de Acazulco que se sienten condicionados a vivir en su pueblo. Así que los visitantes de La Marquesa están más libres en su elección de lugar de vida. Asimismo en los visitantes no se presenta el compromiso con su lugar de vida tal como lo sienten los habitantes de Acazulco. Es otra relación con su ámbito de la vida cotidiana que no es inspirada en la identidad comunitaria, sino es la relación consigo mismo y la familia y amigos. Hablando de la gente de Acazulco aparece la identidad comunitaria, el compromiso con el ámbito de la vida los límites de la familia y amigos; ellos sí se sienten en casa en todo el pueblo y al decir “nosotros” se refieren a toda la comunidad. Tanto los visitantes como los habitantes de Acazulco reconocieron la importancia de la educación en su vida que para los primeros ya forma parte acostumbrada de la vida, mientras para los segundos es una aspiración relativamente nueva por que los que obtienen una educación de nivel superior a la secundaria son los jóvenes, hijos de las personas que actualmente están a cargo del desarrollo del Valle del Columpio I. Sin embargo, las personas entrevistadas de Acazulco expresaron sus preocupaciones de que los hijos no quieren estudiar, no refiriéndolo a sus propios hijos, sino a la comunidad en general. De este modo los hijos no obtienen una visión amplia sobre el desarrollo de La Marquesa, sino sus actividades en el parque recreativo están dedicadas nada más a ganar dinero, sin trabajar en el mejoramiento del lugar. Esto es una de las inquietudes grandes en Acazulco porque se sabe que trabajando de aquel modo despreocupado acabarán con los atractivos naturales. Aquí se presenta la diferencia de los visitantes ya que para ellos la preocupación sobre los estudios está relacionada nada más con su propia familia sabiendo que de la educación formal también dependen los ingresos en la familia, además que se considera la educación como algo indispensable. En este caso muy fuerte aparecen las diferencias entre los dos grupos de personas en cuanto a su compromiso y la identificación con el lugar de la vida ya que los habitantes de Acazulco muestran la preocupación sobre el futuro de su pueblo, tal vez no tanto pensando globalmente. Los visitantes expresaron sus preocupaciones sobre el desarrollo del mundo, pero no mostraron tantas inquietudes sobre el desarrollo de su propio lugar de la vida. Resulta que para los visitantes entrevistados de La Marquesa su mundo de la vida no es tan limitado al actual lugar de residencia, sino que tienen más amplia visión sobre los problemas mundiales ambientales. Sin embargo, en los dos casos, tanto de los visitantes de La Marquesa como de la misma gente que trabaja allá, esta preocupación por el medio ambiente en su lugar de vida y trabajo o en todo el mundo se da a nivel del discurso. Por lo tanto se puede decir que la gente tiene una conciencia ambiental que está alejada de su propia actividad, es decir, se da en las palabras, pero no en la vida real. Eso señala una crisis de sentido de lo ambiental en la sociedad de la modernidad. Los sujetos se apropian de una conciencia ambiental, saben muy bien lo que está pasando en el mundo en cuanto al medio ambiente, pero este sentido que se dan durante del discurso a la importancia de la preservación del medio ambiente natural no se refleja en sus actividades tanto laborales como recreativas. Resulta que los individuos enfrentan diferentes valores en cuanto a lo ambiental: lo que se escucha por los medios de comunicación que se relaciona con la preocupación por preservar la naturaleza, y por otro lado en su ámbito de vida ellos han adquirido otros valores de la naturaleza como un lugar puramente recreativo o como fuente de trabajo. Eso genera una crisis de sentido porque los sujetos asoman muy bien la conciencia ambiental, pero no la pueden reflejar en su vida cotidiana ya que las costumbres y necesidades formadas en su ámbito de vida se lo impide. Se puede decir que lo están haciendo, pero según el sentido que tiene para ellos la naturaleza; tienen sus pautas de comportamiento donde cumplir es trabajar, asegurar la vida de la familia, recrearse. Es por eso que se da la discordancia entre las palabras dichas por prácticamente todos los sujetos encuestados y entrevistados y sus actividades realizadas tanto descansando en La Marquesa como trabajando en este lugar. En el desarrollo de las actividades recreativas en La Marquesa y en el Valle del Columpio I en particular eso significa desgraciadamente pocas perspectivas para un desarrollo sustentable. Cada quien y todos en conjunto deberían asumir una actitud más responsable y respetuosa hacia la naturaleza. Si no, el futuro de dicho lugar será así como lo expresó la mayoría de las personas entrevistadas y encuestadas, que La Marquesa desaparecerá del mapa de México como un lugar recreativo natural. Y eso ocurrirá aún cuando formalmente está dentro del territorio del Parque Nacional Insurgente Miguel Hidalgo y Costilla que se supone que significa una protección del medio ambiente a nivel internacional. No es suficiente para la preservación del medio ambiente una conciencia ambiental a nivel del discurso, si las actividades hechas no corresponden a ella. Los trabajadores del Valle del Columpio I reconocieron que ya están dichos problemas plantados en el ejido de San Jerónimo Acazulco, sin embargo, el problema principal es cómo diversificar la oferta de las posibilidades de recreación para atraer a más visitantes, lo que significa preocupación por cómo atraer más ingresos. Está claro que esas preocupaciones son en parte justificables ya que es su fuente de ingresos y de trabajo. Pero el problema presente es más amplio de esto. Está presente el escaso nivel de educación de las personas que no permite tener una visión más amplia. Lo que a su vez significa que las mismas personas que trabajan en el Valle del Columpio I y en La Marquesa no podrán mostrar un ejemplo de la conducta conciente hacia el medio ambiente a los visitantes de estos parajes. Por otra parte hay que reconocer que a pesar del fuerte sentido comunitario de Acazulco que no permite entrar a nadie en sus espacios religiosos, culturales y laborales, también están dispuestos a escuchar nuevas propuestas y esperan que se les ayude a enfrentar los problemas medioambientales presentes. Es aquí donde estaría el papel de los visitantes de La Marquesa quienes (por supuesto, no todos) con mayor grado de educación, con mayores conocimientos les podrían ayudar. Pero no se da esta situación porque ellos ven a La Marquesa solamente como un lugar de recreación y diversión que desgraciadamente puede perderse, pero en tal caso los visitantes simplemente buscarían otro parque que ofrezca posibilidades similares de recreación. Por eso se ve una insuficiente conciencia ambiental por parte de los dos grupos de interés de esta investigación, tanto los habitantes de San Jerónimo Acazulco como los visitantes de La Marquesa que les ayudaría en el aprovechamiento de los recursos naturales para fines recreativos de una manera sustentable. Eso debido a las condiciones de vida y el modo como se forma su conciencia en la vida cotidiana. Bibliografía
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