Periodismo literario:
de Minerva a La Colmena

 

Inocente Peñaloza García

 

En la vida cultural de Toluca y de la Universidad Autónoma del Estado de México, el periodismo literario ocupa sobresalientes espacios. Es una historia de más de siglo y medio (1834-2003) que tiene como extremos la publicación de Minerva, revista toluqueña de José María Heredia, y de La Colmena, fundada y dirigida por Virginia Aguirre.

Escritores de gran renombre –como el propio Heredia, Josué Mirlo, Felipe N. Villarello, Horacio Zúñiga, Juan A. Mateos, por citar sólo algunos– dejaron huella en las publicaciones del Instituto Científico y Literario y de la actual Universidad.

El propósito de este artículo no es hacer recuento de todas las revistas de este género que han aparecido en el medio universitario local, sino sólo de aquéllas que tuvieron mayor relevancia por la calidad de su contenido y por el prestigio de sus colaboradores.

El precursor

El poeta cubano José María Heredia puede ser considerado como el pionero del periodismo del Estado de México. Inicialmente en Tlalpan, durante el primer periodo de gobierno de Lorenzo de Zavala, y después en Toluca, Heredia tuvo una intensa actividad periodística. Participó en la elaboración de por lo menos cuatro periódicos oficiales y publicó dos de las tres revistas literarias que mencionan sus biógrafos.

A raíz de su llegada a México, en 1826, Heredia formó una sociedad efímera con dos exiliados italianos para editar una revista literaria que se llamó El iris, en la que aparecieron poemas del propio Heredia y de otros escritores de la época.

Al año siguiente, el poeta cubano estaba en Tlalpan, capital provisional del Estado de México, colaborando con el yucateco Lorenzo de Zavala, dentro de la administración publica, pero sin abandonar sus proyectos literarios. Comprometido con Zavala, Heredia participó en la fundación de la primera imprenta del gobierno estatal, dirigida por Juan Matute, y dirigió los periódicos oficiales El Conservador y El Fanal.

Sin embargo, su actividad periodística más importante de aquella época fue la edición de los primeros números de la revista Miscelánea, publicación de reducido formato (6.5 x 10.5 cms.) pero de gran importancia. Los números del 1 al 8 aparecieron en Tlalpan, y los de la segunda época (del 9 al 21) fueron publicados en Toluca, entre 1831 y 1832, cuando los poderes públicos residían ya en esta ciudad.

En Miscelánea, Heredia publicó los que son, tal vez, sus mejores textos periodísticos. Poemas, ensayos, traducciones, cuentos y artículos, inspirados todos en el deseo, según palabras del propio editor, de “reanimar el gusto por las letras” (Peñaloza García, 1993: 44).

En la imprenta de Juan Matute, Heredia editó la segunda época de Miscelánea, primera revista literaria que existió en Toluca y que terminó su ciclo en 1832.

Dos años después, cuando ya era director de Instituto Literario de Toluca e impartía la cátedra de historia general, el Cantor del Niágara concibió su tercero y último proyecto de periodismo literario: la revista Minerva, que debía ser mensual, pero de la cual sólo se conocen dos números.

En la introducción, Heredia explica que su intención es seguir fomentando el gusto por la lectura, pero añade otros propósitos en el programa de la revista, la cual, a diferencia de Miscelánea, contiene, además de artículos literarios, artículos de temas científicos y filosóficos.

Los dos números de Minerva, de 64 páginas cada uno, correspondientes a los meses de mayo y junio de 1834, no están disponibles en bibliotecas ni hemerotecas de México, pero pueden ser consultados en la biblioteca de la Universidad de Harvard y en la Biblioteca Pública de Nueva York. La Universidad Nacional Autónoma de México publicó una trascripción en 1972 (Ruiz Castañeda, 1972).

“[…] nada se omitirá (escribe Heredia) que pueda hacer su lectura a la vez agradable y provechosa, y ningún ramo de literatura se excluye de su plan. A más de ensayos morales, filosóficos y literarios, ya originales, ya traducidos, contendrá fragmentos históricos, novelas de poca extensión, cuentos, poesías inéditas o estimables por su rareza, etcétera.”1

Minerva no fue una publicación del Instituto Literario de Toluca, pero el hecho de que su editor fuera al mismo tiempo director del plantel y de la Biblioteca Pública del Estado de México la vincula definitivamente a la institución.

El Hogar

La primera imprenta del Instituto Literario de Toluca fue establecida en 1851, cuando el plantel era dirigido por don Felipe Sánchez Solís y el gobernador del Estado de México era don Mariano Riva Palacio.

En aquel año, del flamante taller de Tipografía y Litografía del Instituto salió un folleto que contiene la crónica de la inauguración, los discursos y algunos textos literarios de los alumnos. En las páginas de esa curiosa publicación aparecen los primeros versos de Ignacio M. Altamirano y un poema de Juan A. Mateos.

Después de este antecedente, el primer periódico del Instituto apareció cuando el ingeniero Jesús Fuentes y Muñiz, sobrino de don José María González Arratia, ocupaba la dirección, durante el cuatrienio 1871-1875.

El periódico se llamó El Hogar y sus páginas estaban abiertas a las colaboraciones de alumnos y profesores.

En aquel tiempo, las traducciones científicas eran material indispensable de los cursos del Instituto, pues la bibliografía en español de diferentes materias era escasa y la publicada en lenguas extranjeras resultaba prácticamente inaccesible para los alumnos, de suerte que las traducciones no sólo contenían información de interés general, sino datos y conocimientos necesarios para la enseñanza, es decir, servían como material didáctico.

El interés de Fuentes y Muñiz por las publicaciones periodísticas tiene un antecedente. En 1868, cuando era profesor y director de la Escuela Superior de Comercio y Administración de la ciudad de México, fundó el periódico El Semanario Ilustrado, que tuvo como colaboradores a Ignacio Ramírez El Nigromante, Guillermo Prieto, Ignacio M. Altamirano y Gabino Barreda, es decir, a lo más granado del periodismo literario y político de la época.

En Toluca, en las páginas de El Hogar, don Jesús auspició la publicación de poemas y otros escritos literarios, y el contenido de cada número se complementaba con artículos científicos, traducciones, ensayos y fragmentos de obras importantes.

Por cooperación

En 1884, la comunidad institutense hizo un nuevo intento de contar con un periódico que difundiera el pensamiento, los conocimientos y las creaciones literarias de profesores y estudiantes.

Por iniciativa del sabio naturalista Manuel M. Villada, profesor y director del Instituto, apareció el periódico El Instituto Literario, que desde su primer número recibió apoyo económico de los profesores para su sostenimiento. En un expediente del Archivo Histórico de la UAEM2 se conservan las cuentas de este periódico de los años 1884 y 1885 y aparecen listas de profesores que autorizan a la administración del Instituto a descontarles de su sueldo determinada cantidad de dinero para contribuir a los gastos del periódico.

El Instituto Literario recibió también aportaciones de los ayuntamientos del estado a cambio de un determinado número de ejemplares que les remitía cada mes.

La circulación de este periódico coincidió con una época de grandes progresos en el Instituto, pues acababan de establecerse en sus instalaciones la Escuela Normal de Profesores, el Gabinete de Historia Natural y el Observatorio Meteorológico, planeados como anexos didácticos para complementar la enseñanza de algunas disciplinas.

La edición de El Instituto Literario se hizo en la imprenta del colegio, que en ese tiempo estaba a cargo del tipógrafo Pedro Martínez, realizador de importantes publicaciones (libros, folletos, litografías, carteles, etcétera) del propio Instituto.

El Boletín…

El 3 de marzo de 1898 apareció el primer número del Boletín del Instituto Científico y Literario del Estado de México, la publicación periódica más importante de la institución.

El Boletín circuló mensualmente hasta 1910, y después, a plazos irregulares, hasta 1947.

En la presentación, los editores expresan un doble propósito: difundir en sus páginas “los humanos conocimientos” y dar a conocer los progresos de los alumnos en su educación.

En la portada del primer número puede leerse: “Compenetrados de estas ideas, hemos resuelto dar a luz, por hoy sólo mensualmente, el Boletín del Instituto, periódico que en realidad significa la segunda era del que bajo el título de El Instituto Literario, y con los mejores resultados prácticos, se publicara en otra ocasión, habiéndose suspendido por causas invencibles[…]”. (Boletín del Instituto Científico y Literario del Estado de México, 1898: 1)

En realidad, el Boletín tomó la estafeta de El Instituto Literario 13 años después de la desaparición de éste. Sus principales promotores fueron el profesor Silviano Enríquez Correa, director del plantel –y del Boletín– y el licenciado Agustín González Plata, pedagogo y responsable de la redacción.

La colección del Boletín consta de 9 tomos correspondientes a 12 años, pero está incompleta, pues sólo se conocen 87 de 105 números publicados. El último número está fechado en los meses de julio y agosto de 1910. Posteriormente, hubo varios intentos de reanudar su publicación, pero sólo aparecieron algunos números de manera esporádica. Los últimos corresponden a 1947.3

El número 1 contiene una sección histórica y otra literaria. En la histórica, don Agustín González Plata publica la primera entrega de un folletín sobre la historia del Instituto Literario, y en la segunda aparecen tres documentos: el informe anual de labores del director del Instituto, un discurso pronunciado por don Agustín González en la distribución de premios de 1898 y un poema del escritor tenanguense Abel C. Salazar.

A partir del número 2, el Boletín presenta tres secciones: histórica, científica y de variedades. En números posteriores, el nombre de las secciones varía de acuerdo con su contenido. El último número (agosto de 1910) contiene un curioso artículo del profesor Anselmo Camacho (“Cómo hice un sifón con tubos de barro”), un artículo del profesor Miguel Beltrán de Quintana sobre la construcción de la “fuente del Águila” del paseo Colón y un artículo sobre “El modernismo y la verdad en el arte”.

En la colección del Boletín aparecen obras de los autores más destacados del Instituto, tales como José María Bustillos, Francisco Modesto de Olaguíbel, Juan B. Garza, la profesora normalista Laura Méndez de Cuenca (única mujer cuyos restos reposan en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Estado de México), Felipe N. Villarello, Santiago Zambrana y Vázquez y otros.

El Estudiante

Una publicación contemporánea del Boletín fue el periódico El Estudiante, que circuló en Toluca de 1901 a 1904 bajo el lema: “Órgano científico y literario de la Sociedad Felipe Sánchez Solís”.

El director fue Luis A. González, alumno del Instituto auxiliado por Crisóforo Méndez, secretario de redacción, y por Mariano C. Olivera, administrador.

El Estudiante tenía cuatro secciones: histórica, científica, de variedades y literaria. En la sección literaria colaboraba el poeta Heriberto Enríquez.

La Sociedad “Felipe Sánchez Solís” estaba formada por profesores del Instituto Científico y Literario.

Juventud

Por los resultados que tuvieron algunos de sus integrantes, puede decirse que la generación de 1917 del Instituto Científico y Literario fue excepcional.

Un alumno de aquel tiempo fue Juan Fernández Albarrán, toluqueño exitoso en la política que ocupó el cargo de gobernador del Estado de México en el sexenio 1963-1969.

Otro institutense de 1917 fue Maximiliano Ruiz Castañeda, originario de Acambay, médico notable que destacó en el campo de la bacteriología y descubrió la vacuna contra el tifo exantemático.

También fue integrante de la generación del 17 Agustín García López, personaje de la administración pública que ocupó el puesto de Secretario de Comunicaciones y Transportes del gobierno federal y fue mencionado en varias ocasiones como aspirante a gobernador del Estado de México.

Sin embargo, el núcleo intelectual de aquella generación se reunió en torno del poeta Horacio Zúñiga y estuvo formado por el también poeta Enrique Carniado, el pintor Pastor Velázquez y el futuro arquitecto Vicente Mendiola.

Zúñiga y Carniado fueron conocidos como excelentes poetas; Velázquez destacó como pintor, maestro del género de la acuarela, y Mendiola ganó fama por las obras realizadas en la ciudad de México y por su influencia decisiva en la remodelación del centro histórico de Toluca.

Durante su vida institutense, los cuatro formaron parte de un grupo llamado Juventud, que era encabezado por Horacio Zúñiga y al cual pertenecían otros estudiantes.

El grupo tuvo la idea de publicar la revista Juventud, para abrirse paso y dar a conocer sus creaciones. Carniado y Zúñiga publicaban poemas y también invitaban a maestros del Instituto (Heriberto Enríquez, Felipe N. Villarello y otros) a escribir para la revista. Las ilustraciones y caricaturas corrían a cargo de Mendiola, Velázquez y un joven dibujante llamado Francisco Callejo.

El primer número de Juventud apareció en abril de 1917 y el último en octubre de 1918. La colección está formada por dos tomos, el primero de 20 números y el segundo, incompleto, de 10.4

La revista era elaborada en los talleres de la Escuela de Artes y Oficios de Toluca y aparecía cada dos semanas “los sábados en la noche”. Al final, su aparición fue irregular. Por la calidad de sus colaboradores, Juventud es una de las muestras más importantes del periodismo literario del antiguo Instituto.

Génesis

En 1930, con motivo del primer centenario de la muerte de Simón Bolívar, se fundó en el Instituto Científico y Literario la Liga de Estudiantes del Estado de México contra el Imperialismo Yanqui, que estaba encabezada por Ladislao S. Badillo y Gabriel Luis Ezeta.

Ese movimiento estudiantil fue importante porque, con sus luchas y causas populares, generó una serie de acontecimientos que fueron antecedentes de la huelga para lograr la autonomía del Instituto.

Con la idea de tener un órgano informativo que propagara sus ideas y reseñara sus actividades, los dirigentes de la Liga planearon la publicación de una revista, titulada Génesis, cuyo primer número apareció el 15 de septiembre de 1930.

El contenido de Génesis era esencialmente político, de acuerdo con la orientación del movimiento, pero Badillo y Ezeta invitaron al poeta Josué Mirlo, profesor del Instituto, para que se hiciera cargo de la sección literaria.

La revista no tuvo larga vida. En realidad, solamente circuló de septiembre de 1930 a mayo de 1931, y aunque se pretendía que su periodicidad fuera mensual, en ese lapso sólo aparecieron seis números, incluyendo uno doble, el último.

Para la sección literaria, Mirlo seleccionó poemas que iban de acuerdo con los propósitos de la Liga (La bestia de oro, de Rafael López; A Roosevelt, de Rubén Darío; Salmos de América, de Luis Mora Tovar), pero incluyó también poemas originales e inéditos, como el titulado: Era un pájaro orfebre, que es uno de los más conocidos de su obra literaria personal.

A pesar de contar con apoyo económico de algunos comerciantes que publicaban anuncios en sus páginas, Génesis dejó de publicarse a ocho meses de su aparición.

Varios años después, Badillo, que era un líder social, murió baleado y su cuerpo recibió el homenaje de estudiantes y profesores en el salón de actos del ICLA.

El Nigromante

En marzo de 1956, el Instituto Científico y Literario se convirtió en Universidad Autónoma del Estado de México. En ese cambio no hubo ruptura, sino transición. Se enlazaron dos épocas de la vida de una institución. De la rica tradición institutense nació la Universidad.

El proyecto estudiantil más importante de los primeros años fue la creación del periódico experimental El Nigromante, llamado así en honor del famoso maestro institutense.

El primer número apareció en marzo de 1961 bajo la dirección del estudiante Antonio Cervantes Tapia, hoy arquitecto. Tanto en la presentación como en el contenido del periódico se advertía el deseo de innovar las formas tradicionales del periodismo estudiantil.

En las páginas de El Nigromante se abordaban temas de interés general, pero había una sección literaria en la que jóvenes escritores de la época (Francisco Paniagua, Roberto Fernández Iglesias, Hernán Bravo y Alejandro Ariceaga, que posteriormente formaron el grupo tunAstral) publicaban poemas, cuentos y ensayos.

El periódico tenía una indudable intención política, pero el contenido literario era tan importante que dio origen a la creación, primero, de un suplemento titulado Proyección universitaria, y después, de una revista llamada Umbral.

Durante 10 años de presencia estudiantil, El Nigromante logró publicar 20 números, en los cuales pueden hallarse expresiones innovadoras y revolucionarias de la literatura de la época. Entre sus directores figuraron Julián Salazar Medina, Prisciliano Bejarano Ayala, Abraham Talavera López, Roberto Gómez Collado, Ignacio Guadarrama López y Arturo Mendieta Tapia.

La Colmena

En 1977, se inició la publicación de la Revista de la Universidad Autónoma del Estado de México, que pronto se convirtió en el principal medio de difusión de la cultura universitaria. La literatura ocupaba los principales espacios, pero también se publicaban artículos científicos, históricos, filosóficos y artísticos.

La revista permaneció en circulación durante varias administraciones universitarias, pero en 1993 fue sustituida por La Colmena.

El rector Marco Antonio Morales Gómez, con amplia experiencia en el campo de la difusión cultural, decidió transformar la revista institucional para adaptarla a las necesidades de la época, pero finalmente optó por crear otra revista, con una proyección editorial más ambiciosa, que destacara entre las publicaciones universitarias de todo el país.

La periodista Virginia Aguirre se hizo cargo de la dirección y conjuntó un equipo de colaboradores y diseñadores que hicieron posible la ejecución del proyecto. Así, en el invierno de 1993, apareció La Colmena, que pronto cumplirá diez años y que tiene circulación trimestral.

Desde su origen, La Colmena se perfiló como una de las mejores revistas literarias del país. En 1995 obtuvo el Premio Nacional “Arnaldo Orfila Reynal” a la edición universitaria en el género revista de difusión cultural.

Actualmente, recibe la colaboración de los intelectuales más destacados de la Universidad y mantiene abiertas sus páginas para colaboradores huéspedes de diferentes entidades del país y aún del extranjero.

Notas

1 Introducción, Minerva, Núm. 1, p.3.

2 El expediente con las cuentas de El Instituto Literario está registrado con número de catálogo 2964-A.

3 Un sumario general de los 87 números conocidos del Boletín fue publicado en el número 2 de la revista semestral Cuadernos de Historia, de la Especialidad de Historia de la UAEM, correspondiente al semestre enero-junio de 1980 (p. 165).

4 Una colección encuadernada de Juventud se encuentra en el fondo “Mario Colín Sánchez” de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional (UNAM).

Bibliografía

Peñaloza García, Inocente (1993), “José María Heredia”, La Colmena, No. 1, Toluca.
Ruiz Castañeda, María del Carmen (1972), Minerva, periódico literario, José María Heredia, UNAM, Nueva Biblioteca Mexicana, México, 82 pp.
Boletín del Instituto Científico y Literario del Estado de México, Núm. 1, año 1, tomo 1, 3 de marzo de 1898, (p.1).


 

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