Alejandra Aleyda Calderón bañada en Luz mazahua

 

Por Jorge de la Luz

 

LA FOTOGRAFÍA ES total captación de la imagen de un instante y de todos los tiempos del mundo. También presencias y espacios inconcebibles o intemporales a secas. Sobre la irresistible pero invariablemente desatinada analogía entre fotografía y pintura, ya está casi dicho todo. Pero fue Susan Sontag, en su iluminado ensayo "La fotografía como un fin en sí mismo", quien afirmó:

Como otras empresas rápidamente engrandecidas, la fotografía ha concitado en sus mayores representantes la necesidad de explicar una y otra vez, el sentido práctico y el valor de su actividad. Fue breve la etapa durante la cual se atacó vastamente a la fotografía (por parricida en función de la pintura y depredatoria en relación a la gente). Por supuesto, la pintura no falleció […] Delacroix cumplidamente declaró cuánto lamentaba que "un descubrimiento tan admirable arribase tan tardíamente".

Apareció a su tiempo con todo el carácter de las cosas y como todas las artes verdaderas, contiene y significa el universo.

Como todos sabemos, y la misma Sontag incide en ello, ha existido en la fotografía mundial una reacción contra el "Westonismo", también contra la fotografía contemplativa, la fotografía considerada como exploración visual independiente del mundo sin ninguna urgencia social evidente. La perfección técnica de las fotografías de Weston —decía Sontag—, las bellezas calculadas de Minor White y Aaron Siskind, las construcciones poéticas de Frederick Sommer, las elegantes y contundentes ironías de Cartier-Bresson (Man Ray y Martin Chambi), entre otras obras, todas han sido desafiadas por la fotografía que es, al menos programáticamente, más naïve, más directa; que es vacilante —prosigue Sontag—, el gusto en fotografía no es lineal. Sin querer debilitar los compromisos actuales con la fotografía informal y con la fotografía como documento social (estrictamente Lumholz, los hermanos Mayo y Casasola, Enrique y Héctor García), también hay un perceptible renacimiento de la obra de Edward Weston. Sin olvidar las directrices de su maestra Imogen Cunninham y la singular Tina Modotti, el propio Weston y los Álvarez Bravo.

Mucho más con Manuel que con Lola Álvarez Bravo encuentro las afinidades electivas de Alejandra Aleyda Calderón, discípula, a su vez, de Paulina Lavista, Katy Horna y Daisy Asher, entre otras figuras. En Aleyda Calderón, al igual que en el maestro Álvarez Bravo, hay una búsqueda de la esencia de lo mexicano. Según estableció John Mraz, "puede hallarse mejor en su acercamiento a la vida cotidiana de los humildes que en comentarios sociales explícitos. Su imaginería es un modesto, casi transparente retrato de individuos que (parece) han sido 'encontrados' en sus Hábitat naturales más que 'creados' a través de una conspicua retórica visual". Toda una sintaxis fotográfica directa y sin ambages es la de Aleyda Calderón. No se trata de una competencia atlética con nadie ni de comparaciones o seguimientos de Mariana Yampolsky y Graciela Iturbide. Alejandra encuentra en los demás lo suyo propio y revela a las personas, los asuntos y las cosas como son y como están. Al igual que sus personajes fotografiados, Eusebio Felipe Victoria, por ejemplo, para la solución de las precariedades de su medio entorno se pregunta: ¿con qué recursos? Pero ella responde con el arte total de sus magníficas fotografías, bañadas y contenedoras de una Luz mazahua todas ellas. Hay series ejemplares como la de una "Crucifixión" que pareciera real de tan sentida; o las hermosas jóvenes mazahuas y los infinitos niños que habitan en esas regiones, San Simón de la Laguna (Donato Guerra) y otras poblaciones aledañas a Valle de Bravo.

Trabajo notable el de Alejandra Aleyda Calderón: imágenes exactas o cortadas deliberadamente pero siempre contundentes sobre la inasible —como todas— identidad mazahua. Recibe ciertamente Luz mazahua, como bien intituló su autora, artista definitiva entre nosotros.

En horabuena por todos sus epígrafes en español y mazahua. LC

Alejandra Aleyda Calderón, Luz mazahua, México, CNCA/IMC/PACMYC [Introducción de la autora y de Jesús Mayagoitia], 2005.


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