Remedios Álvarez Santos

 

Nietzsche: Estado versus cultura

 

 

[…] los espíritus libres tienen una función que cumplir, la de derribar todas las barreras que se opongan a una "fusión de los hombres": religiones, estados, instintos monárquicos, "ilusiones sobre la riqueza y la pobreza", prejuicios de raza, […].

FRIEDRICH NIETZSCHE, Escritos póstumos.

 

Más de un siglo nos separa de la presencia física de Friedrich Nietzsche, sin duda, uno de los más brillantes pensadores, y tal parece que entre más nos separa de él, el tiempo convencional, otro tiempo, el de conciencia, como diría Bergson, nos acerca a su imponente figura. Nietzsche, que con mirada aguda critica todo lo que está a su paso, es uno de los más leídos, pero también uno de los que más han sido interpretados arbitrariamente, al grado de que se haya querido vincular su pensamiento con el nacionalsocialismo; y de manera concomitante, se ha llegado a afirmar que en el núcleo de su pensamiento existe un marcado nacionalismo y un exacerbado antisemitismo. Por tal motivo, he considerado importante responder a esas tergiversaciones del pensamiento de este gran crítico de la cultura.

Buscaré mostrar que el nacionalismo que surgió en Alemania a finales del siglo XIX y se sostuvo hasta la primera mitad del XX no estuvo vinculado con el pensamiento de Nietzsche, pues si bien es cierto que las obras de éste, y en particular Así habló Zaratustra, fueron usadas como estandartes por los Nazis, también lo es el hecho de que dichas obras fueron sometidas a alteraciones,1 que han propiciado que aún en nuestros días se continúe vinculando el pensamiento de Nietzsche a sucesos aberrantes que distan mucho del mundo que él visualizaba y del que da cuenta en sus textos: un mundo depurado de las verdades absolutas que lejos de liberar a la humanidad la aprisionan hasta reprimir su espíritu libre y creador. Es por ello importante señalar, en primer lugar, con el objetivo de disipar esta visión equivocada y carente de fundamento que la postura del filósofo alemán era antinacionalista y antipolítica. Para Nietzsche, tanto el Estado como la institucionalización de la religión y de la educación coartan en los individuos la posibilidad de autocreación.

Cabe mencionar que si bien en sus años de juventud, en su "periodo romántico", Nietzsche se inclinó hacia algunos aspectos de la política, también lo es el hecho de que pronto desistió de tales cuestiones por considerar que la política era un asunto para seres gregarios. Este periodo coincide precisamente con su distanciamiento de Wagner. Pero, ¿a qué se debió esta ruptura? Sencillamente a que Wagner representaba todo lo que Nietzsche repelía. Durante años, Wagner tuvo una enorme influencia en Nietzsche, al grado de que su primera gran obra, El nacimiento de la tragedia, fue inspirada y motivada por el genio del músico. En esta obra, Nietzsche considera que a través del espíritu de la música la cultura griega podrá renacer, y que la creación musical que emana del hasta entonces considerado por Nietzsche "genio alemán" será el puente que sirva para retornar al mundo perdido de la tragedia ática. En el coro es justamente donde está el esplendor de lo dionisíaco. Sin embargo, como había de esperarse en un ser que vive en constante tensión entre opuestos, como lo es Nietzsche, para quien la contradicción representa una especie de resorte que da origen a la vida misma, la figura del genio wagneriano será demolida cuando perciba en Wagner todos los síntomas de la decadencia: un hombre mundano, fiel al Estado, arraigado en la concepción cristiana, francofóbico y, por lo tanto, bélico; en resumen, un ser decadente.

Considerando esta severa crítica a Wagner, se puede vislumbrar claramente hacia dónde se dirige el pensamiento del filósofo alemán. La cultura es entendida por él como crítica más que como construcción articulada de un ideal alternativo de Zivilisation (Vattimo, 1996: 41), que es precisamente su punto de partida para, hacer la crítica de todo lo establecido y de lo que durante siglos ha sido considerado como intrínsecamente bueno; por ejemplo, el cristianismo, la educación masiva como medio de adoctrinamiento, la interpretación racional de la realidad (socratismo-hegelianismo), la idea de Estado-nación y los métodos utilizados para llegar a su conformación. Sin embargo, se debe aclarar que si bien Nietzsche se propone hacer crítica y dudar de casi todo, no lo hace a la manera cartesiana, pues precisamente la tradición racionalista occidental es una de las que con mayor agudeza criticará. Mientras para Descartes la tesis máxima consiste en tener la certeza del pensar (Cogito ergo sum), para Nietzsche será la certeza intuitiva del vivir, en que la razón forma parte del cuerpo y no al contrario, como lo había considerado la tradición racionalista. Es por esto que la filosofía de Nietzsche se nutre de esa visión vitalista.

Ahora bien, para Nietzsche el principal enemigo de la cultura es el Estado, al que considera como "el nombre que se le da al más frío de todos los monstruos fríos. El Estado miente con toda frialdad, y en su boca se agita esta mentira 'Yo, el Estado, soy el pueblo' […] Donde todavía hay pueblo no se comprende el Estado, y se le odia como a un mal de ojo y un crimen contra las costumbres y el derecho" (Nietzsche, 1961: 266)

De acuerdo con lo anteriormente señalado, se podría entender que para Nietzsche el Estado y la nación son sólo artificios creados con la única intención de enajenar y someter al individuo y a las masas: "No hay más remedio que aguantarse cuando un pueblo que sufre y 'quiere' sufrir de la fiebre nacional y de las ambiciones políticas ve pasar por su espíritu nubes y perturbaciones diversas, en una palabra, excesos de embrutecimiento, por ejemplo, entre los alemanes de hoy, unas veces la bestia antifrancesa, otras la bestia antijudía o antipolaca." (Nietzsche, 1961: 560).

De igual manera, en Cómo se filosofa a martillazos, Nietzsche asegura que el poder se paga caro, y que entontece; así, la política mata todo interés serio por las verdaderas cosas del espíritu, y esto es un síntoma de mediocridad. Nietzsche ve con enorme pesadumbre que la cultura alemana está sumergida en un proceso de decadencia y vulgarización. La raíz de ese mal la buscó en la absurda pretensión de construir un "Estado cultural", ya que Cultura y Estado son antagónicos. Muestra de ello son las grandes culturas del pasado, como por ejemplo, la ática, donde el sentido de cultura estuvo lejos de la politiquería que pudiera degenerarla. Tomando en cuenta esta situación, es del todo comprensible que "si el Estado gasta todo en el poder, la gran política, la economía, el tráfico mundial, el parlamentarismo y los intereses militares; si se gasta en esta partida la cantidad de razón, seriedad, voluntad y dominio de sí mismo que existe necesariamente habrá un déficit en la contrapartida." (Nietzsche, 1985: 160-161).

Sin embargo, es necesario señalar que esta postura en torno al Estado no es radical en Nietzsche, quien es consciente de que no se puede vivir en un mundo donde el hombre sea un lobo para el hombre, según la afirmación de Hobbes. De suerte que en un mundo donde impera la guerra es necesaria la intervención de Apolo quien provee orden, mesura y paz. Sin la intervención de esta fuerza armónica la humanidad llegaría a su fin después del caos absoluto. De todo ello se sigue que el Estado se conforma gracias a la fuerza apolínea y que la guerra surge a raíz de la fuerza dionisíaca (Cfr. Nietzsche, 1999: 27-44). Pero Nietzsche considera que la tensión entre ambas es del todo necesaria, pues un mundo en perpetua paz sólo genera un optimismo simplón y una falsa felicidad, por lo cual es indispensable que cada cierto periodo la fuerza destructiva de Dioniso impulse al genio militar mediante la guerra, debido a que la vida es la conjunción de dolor y felicidad, de belleza y fealdad. Así pues, según Nietzsche la decadencia es necesaria para gestar la vida.

Pero en paralelo, tampoco se podría vivir en la pura experiencia dionisíaca, pues hay que recordar que para Nietzsche la vida es una manifestación del eterno juego entre los dos principios originarios: lo dionisíaco y lo apolíneo. Ambos se necesitan debido a que son las fuerzas dadoras de vida. Mientras Dioniso destruye, Apolo va construyendo. Ciertamente, en El nacimiento de la tragedia Nietzsche llega a afirmar que Dioniso vence a Apolo, pero también podemos ver en su escrito póstumo La voluntad de poder que estas dos fuerzas volverán a aparecer en escena cuando el filósofo relaciona a Dioniso con el eterno retorno y a Apolo con la voluntad de poder.

En lo que respecta a la educación alemana, Nietzsche se muestra totalmente en oposición a la pretensión de educar a las masas con el propósito de adiestrar brutalmente para formar, en un tiempo corto, a numerosos jóvenes aprovechables y exportables para la administración pública, ya que, en principio, "Educación superior" y "multitud" son términos inconciliables (Nietzsche, 1985: 162). Así es como se entiende el hecho de que el Estado cuente con profesores que enseñen sólo aquello que no lo perturbe y que forme únicamente a seres serviles y sometidos, incapaces de ejercer la menor crítica hacia lo existente. En este momento es importante señalar las semejanzas que Nietzsche ve entre Estado y cristianismo, en cuanto que uno y otro tienden a aniquilar el espíritu y la vida misma. Sobre este particular, la historia se ha encargado de mostrar la relación simbiótica que ha existido entre ambos poderes a través de largos siglos.

Ahora bien, para concretar esta argumentación dirigida a exponer las tesis que aportan las bases suficientes para demostrar la postura totalmente antinacionalista de Nietzsche, sólo faltaría abordar su oposición a la teoría darwinista y su postura a favor de la valorización del pueblo judío. Para el filósofo alemán, la famosa "lucha por la existencia" es un acontecimiento que se da sólo por excepción, y su desenlace es justamente el contrario al señalado por la escuela darwinista; es decir, resulta desfavorable a los fuertes y los privilegiados, pues repetidamente se puede observar que las especies no progresan en el sentido del perfeccionamiento, ya que los débiles, por ser la mayoría y por ser los más inteligentes dan cuenta de los fuertes (Nietzsche, 1985: 175). Así pues, el darwinismo social imperante en el romanticismo, como uno de los pilares en los que se apoyaba precisamente el nacionalismo, no posee ningún valor científico en el pensamiento de Nietzsche, que lo considera una teoría "más sostenida que demostrada".

Nietzsche pone mucho rigor crítico contra la cultura alemana, a la que ve como un signo de decadencia debido al nacionalismo que envolvía la atmósfera de su tiempo, y provocaba con ello un estado de embrutecimiento y alienación en los alemanes: "¡Tienen sobre su conciencia todos los grandes crímenes contra la cultura que se han cometido en estos cuatro últimos siglos! […] Tienen sobre la conciencia esta enfermedad, esta sinrazón, la más contraria a la cultura que ha existido, 'el nacionalismo', esa neurosis nacional que padece Europa, esa multiplicación hasta el infinito de los pequeños Estados de Europa, de la pequeña política de Europa" (Nietzsche, 1959: 316-317).

El corto periodo en el que Nietzsche vio como positivo al nacionalismo, en tanto que contribuiría al florecimiento de la cultura alemana, concluyó cuando percibió que era sólo un reflejo "de la codicia mercantil de la época actual", por lo que lejos de buscar el florecimiento del espíritu propiciaba su aniquilación. De esta manera se puede ver cómo el filósofo alemán no dejó de sospechar, criticar y desmitificar lo que durante siglos se ha considerado inexpugnable, y por lo que anteponiéndose al antisemitismo alemán, exaltó lo que es digno de ser imitado en ese pueblo, que se ha fortalecido por las vejaciones que ha padecido.

El antisemitismo alemán provoca en Nietzsche, a su vez, una profunda aversión y una enorme preocupación. Afirma que entre lo que habría que imitar de los judíos es su fortaleza espiritual "los judíos son, incontestablemente, la raza más enérgica, la más tenaz y la más pura que hay en la Europa actual; saben sacar partido de las peores condiciones […] y lo deben, sobre todo, a una fe robusta, que no tiene necesidad de ruborizarse ante las 'ideas modernas'[…]" (Nietzsche, 1961: 560). En la crítica que Nietzsche hace de la cultura alemana y en la deconstrucción que propone, establece que sería un buen principio "suprimir las querellas antisemitas". Lo que Nietzsche admira de los judíos es su libertad de espíritu, tan lejana del alemán. Y aquí habría que relacionar a estas dos culturas con base en las nociones de ligereza y pesadez propuestas por Nietzsche, para quien la fortaleza de espíritu de los judíos los hace elevarse cual si fueran plumas, mientras que los alemanes ni siquiera son capaces de bailar de tan pesados que son.2

Finalmente, considero que las consecuencias de amalgamar teorías distintas y de los sincretismos no siempre resultan favorables a la vida y al desarrollo del ser humano. Más aún cuando se carece de los fundamentos mínimos para hacer exitoso tal intento. Es un hecho innegable que en repetidas ocasiones tendemos a emitir juicios que carecen de bases sólidas, ejemplo de los cuales es asegurar que el pensamiento de Nietzsche influyó para que despertara el vehemente espíritu nacionalista en Alemania. Exhibir el error de esa opinión ha sido el objetivo de este escrito; si me he acercado a ello no lo sé, pero al menos espero haber abierto el camino para que sea reconsiderado el hecho de que existe una enorme distancia entre los principios que guiaron al nacionalismo alemán y la filosofía de Nietzsche, pues si bien es cierto que el filósofo clamaba por el surgimiento del "superhombre", éste no tenía que corresponder con una raza específica, sino simplemente sería un espíritu libre, capaz de autocrearse a través de una voluntad de poder y de una trasmutación de valores. LC

Notas

1 Me refiero a aquellas alteraciones cuyo objetivo fue servir al interés de unos cuantos, y que tuvieron su origen en Elisabeth, hermana del filósofo, la que nunca ocultó su nacionalismo ni su antisemitismo. Aun en vida del filósofo, ella provocó la tergiversación de la obra de éste, la que después fue presentada al Führer como una especie de biblia nacionalista (Cfr. Kofman, 2003: 11-13 y Cfr. Montinari, 2003).

2 Nietzsche critica el espíritu de la pesadez, que es el que no puede elevarse debido a que la tierra y la vida le parecen pesadas. Por el contrario, el espíritu ligero es aquel que ama la vida en tanto que se ama a sí mismo. El primero es un negador y envenenador de la vida; mientras que el segundo es un amante de la misma, pues sin importar cuánto dolor tenga que soportar, siempre exclamará un Sí. (Cfr. Nietzsche, 1961: 352-354).

Bibliografía

De Blas Guerrero, Andrés (1984), Nacionalismos e ideologías Políticas Contemporáneas, Madrid, Espasa-Calpe.
Gellner, Ernest (1998), Nacionalismo, Barcelona, Destino.
Halévy, Daniel (2000), Vida de Nietzsche, Buenos Aires, Emecé.
Kofman, Sarah (2003), El desprecio de los judíos. Nietzsche, los judíos, el antisemitismo, Madrid, Arena.
Montinari, Mazzimo (2003), Lo que dijo Nietzsche, Barcelona, Salamandra.
Nietzsche, Friedrich (1950), Filosofía general, en Obras completas, Buenos Aires, Aguilar, vol. XIII.
_____ (1959), Ecce Homo, en Obras completas, Buenos Aires, Aguilar, vol. XI.
_____ (1961), Así habló Zaratustra, en Obras completas, Buenos Aires, Aguilar, vol. III.
_____ (1961), Más allá del bien y del mal, en Obras completas, Buenos Aires, Aguilar, vol. III.
_____ (1985), Cómo se filosofa a martillazos, Madrid, Edaf.
_____ (1999), Cinco prólogos para cinco libros no escritos, Madrid, Arena.
Vattimo, Gianni (1996), Introducción a Nietzsche, Barcelona, Península.


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