Leopoldo Flores. Muralista mexicano


Desarrolló su trabajo en respuesta al tradicional discurso de los muralistas mexicanos donde la exhibición de sus principales obras fue de difícil acceso para cumplir su función didáctica. En ese contexto, su obra el Cosmo – Vitral (1980) ubicado en la ciudad de Toluca, se define como un nuevo muralismo donde el total de la sociedad tuviera acceso a un espacio artístico, sin necesidad de entrar propiamente en él. Sobre el muralismo mexicano desarrolló las siguientes vertientes:

Mural-pancarta. Estrategia mediática consistente en proporcionar distintos tipos de arte/factos visuales que vistos en su conjunto, se manifestaban como un mural vivo en los desfíles cívicos - obreros (1974). Mural polisóptico. Técnica bajo la cual se diseña un mural en superficies no planas, a efecto de ser perceptible diferentes composiciones desde puntos opuestos de observación. Aratmósfera (1976) y Períplo plástico (2003). Mural transportable. Construcción mural con base en un ensamble de bastidores de aproximadamente dos por dos metros: El Hilo de Ariadna con 18 módulos (1982); Cruxificciones con seis módulos (1994), Acción Caos con 70 módulos (2004). Justicia Supremo Poder (2010). Acciones. Actos multidisciplinarios de intervención que se desprendían de los cuadros de la galería para derramarse hasta alcanzar los espacios urbanos como la calle y las plazas públicas: 100 hecatómbes (1973) y Acciones (1976).


La aportación de Leopoldo Flores a la plástica mexicana sólo puede ser comprendida desde su compromiso con los movimientos sociales característicos de los convulsionados tiempos modernos. Desde su vuelta a México después de haber concluido sus estudios en Francia, la producción plástica de Flores superó la territorialidad nacionalista para hacer de su discurso visual, un posicionamiento agudo, incrustado en un concierto hemisférico del poder contemporáneo. Desde 1967 hizo quemar libros, cuadros y literatura para mandar sus Cenizas para Vietnam en favor de la paz. Más tarde en 1972, enrojeció la Plaza de los Mártires de Toluca con su exposición 100 Hecatombes, la cual fue una franca respuesta a los acontecimientos trágicos de Tlatelolco en 1968 y el llamado “Halconazo” en el Instituto Politécnico Nacional de 1971. La crítica de arte, adicta a la adoración de la plástica tradicional, ha reconocido en Flores una reconceptualización de la estética mexicana. Por medio de instalaciones, happenings, performances, murales pancarta y acciones de intervención política, el artista ha hecho valer la reconfiguración del discurso visual mexicano desde principios de los años setenta, del pasado siglo XX. Como ejemplo, sobresale el del desfile del día del trabajo de 1977, donde los miembros de los diversos sindicatos laborales de la Entidad, hicieron mostrar su indignación con audaces ilustraciones de halcones, cerdos, perros y todos aquellos animales impuros de la ideología de protesta; Leopoldo Flores había rebasado la línea esteticista del pintor cortesano para hacer suyo el compromiso social del hombre hecho activista cultural.


Sus aportaciones a la infraestructura cultural en el Estado de México son elocuentes. Desde la creación de la primera Casa de Cultura en 1969, donde fundó en el país, la primera Sala de Arte Moderno (1973), hasta su participación en el proyecto del Centro Cultural Mexiquense (1987), donde se crearía el Museo de Arte Moderno del que fuera primer director. En el siglo XXI, Leopoldo Flores no ha hecho a un lado su aguda postura contra las laceraciones de los poderes contemporáneos. En 2004 tras los atentados del “11-M” en España, inmediatamente inauguró el mural Acción Caos mediante un discurso visual donde un suicida se hace estallar y la tecnología de guerra, arrasa con guerrilleros defendiéndose con hordas y piedras. Todavía en 2010 el envenenamiento del Golfo de México a manos de la British Petroleum fue fijado en la exposición Mares; con lienzos que denunciaron mares negros, amarillos y azules, reflejo de la contaminación al ecosistema.


En general, sus trabajos recientes han sido consagrados a la revisión de los capítulos históricos mexicanos, en murales de importantes espacios de la vida política de nuestro país. En 2007 en la Suprema Corte de Justicia de la Nación inauguró el mural Justicia Supremo Poder donde inoculó un Zapata rojo que va más allá de las interpretaciones tradicionales. Con motivo del Bicentenario de la Independencia de México y Centenario de la Revolución Mexicana, develó un mural conmemorativo en el Palacio del Poder Ejecutivo del Estado de México donde el pintor plasmó a “La Patria” mediante un caballo alado, evocando a Ícaro en su desesperación por alcanzar el sol. Para el 2012 y 2013 el pintor continúa mostrando obra inédita y creando nuevas series, bajo innovadoras técnicas como la empleada en la serie La gran parvada de cuervos rojos, concebida bajo la denominación de “arte parkinsoniano”. En el presente año a sus 84 años trabaja en la creación del vitromural Los 4 elementos que estará instalado en la UAEMéx.

La poética visual de Leopoldo Flores se distingue por ser un manifiesto del color de la civilización: de sus sueños y sus pesadillas: verde porque es el color de la naturaleza, ocre porque es el color de la tierra, azul porque es el resultado de la fricción de los rayos del sol con la atmósfera y rojo que toma el color de la sangre.


Museo Universitario “Leopoldo Flores”

 

Museo Universitario "Leopoldo Flores"
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