Leopoldo Flores

Su hacer en el tiempo

La vida de Leopoldo Flores tendría que empezar a ser contada siempre en el aquí y el ahora, a partir de la superficie que esta semana ha decidido intervenir: tela, roca, repello, vidrio, madera, nieve, vegetación o cielo, al igual que las docenas de apuntes sobre cartulina o papel de servilleta que traza mientras tanto. Pero sería el cuento de nunca acabar: él siempre va más adelante que sus espectadores, críticos o cronistas; cuando ellos empiezan a maravillarse con el más reciente de sus alardes, la desbordada inventiva de Leopoldo Flores ya lo tiene embarcado en otros proyectos. En menos de dos meses ha completado una difícil composición en la Escuela Judicial del Estado de México, sin dejar de avanzar en su todavía más complicado Periplo plástico, del Museo de Arte Moderno en el Centro Cultural Mexiquense.

Por ello, aunque nuestra intención era dar un sentido retrospectivo a este recuento general de su trayectoria a lo largo de siete décadas, como si uno remontara a contracorriente las aguas de un río caudaloso y turbulento, la imposibilidad de fijar un punto de partida para iniciar la travesía nos obligó a desistir de tal propósito y a seguir el curso normal de la vida, desde lo más remoto hasta lo más próximo, para elaborar una cronología común y corriente.

La información que aquí se consigna es la obtenida en conversaciones con el artista, así como en recuerdos personales de sus colaboradores y amigos, con apoyo en referencias documentales, hemerográficas y fotográficas, casi todas reunidas en el Centro de Documentación e Investigación del Museo Universitario “Leopoldo Flores”, a cuya directora, la L. en C. C. Alicia Gutiérrez Romo, agradecemos su cooperación y la del personal que nos auxilió en la búsqueda y verificación de datos.

El artista plástico denuncia con su obra, en su mayoría de grandes dimensiones, los problemas sociales y lo caótico de la naturaleza humana como un vocero de su tiempo. Ha realizado obras en diversos formatos, variadas técnicas y diferentes materiales que van desde el tradicional lienzo, hasta el trabajo directo sobre la roca, pasando por la realización de un enorme vitral.

Nacido en el año de 1934, en la población de San Simonito, Municipio de Tenancingo, Estado de México, ha sido ganador de premios como el Meztli en 1964 y años más tarde, en 1968, el Premio de Adquisición en Pintura otorgado por el INBA. Desde temprana edad descubrió que el camino de la pintura era el que conduciría su vida. Como estudiante de “La Esmeralda”, en 1962 obtiene una beca para estudiar en la “Escuela Superior de Bellas Artes” en París, ciudad que le abrió las puertas para que su arte se presentara en diversas exposiciones colectivas. A su regresó a México su camino como artista se fue iluminando. Expone en el Palacio de Bellas Artes durante el Festival Solar de la XIX Olimpiada celebraba en nuestro país, en el año 1968 y su trabajo continúa de manera constante hasta la fecha.

Es en la ciudad de Toluca donde se encuentra la parte más cuantiosa de su obra. Entre los murales fijos están: El hombre contemporáneo, en el Hotel Plaza Morelos (1971); El Hombre Contemplando al Hombre, en el Palacio del Poder Legislativo (1972-83); en 1985 pinta Alianza de las Culturas dentro del edificio de la Alianza Francesa de Toluca; El Hombre Universal en el Centro de Investigación en Ciencias sociales de la UAEM (1989); de 1991 a 1992 pinta En Búsqueda de la Justicia en la Procuraduría General de Justicia, y diez años más tarde, dentro del Colegio Mexiquense realiza: De qué color es el Principio. También incursiona en la escultura con la obra Tocando el Sol que se encuentra en el edificio de Rectoría de la UAEM (1995).

En la ciudad de Toluca existen dos obras que merecen otro tipo de reconocimiento, ya que se realizaron mediante técnicas y formatos muy diferentes a los establecidos de forma tradicional. Por un lado, el Cosmovitral, obra que ha servido de identidad a la ciudad y al Estado de México. Para dar un nuevo uso al edificio porfirista que antes fuera un mercado, Leopoldo Flores, junto con otros artistas, propone un espacio dedicado a las artes. El resultado fue un jardín botánico con la obra de Flores, que consta de 48 vitrales en una extensión aproximada de 3,200 metros cuadrados, cuya temática, en estilo figurativo es la dialéctica y la dualidad universal, la oposición de la noche con el día, de la mujer con el hombre, del bien con el mal; una síntesis luminosa de expresión cosmogónica.

Sobre las rocas del cerro de Coatepec y la gradería del Estadio Universitario, Leopoldo Flores lleva a cabo “Aratmósfera”. Una obra clasificada dentro del Land art, ya que el artista hace parte de la obra la propia naturaleza, los colores que el medio ambiente aporta dentro de la paleta de color. El tema central es el nacimiento de la luz representado por un hombre que emerge del suelo y sube con miras a tocar el cielo. Para su realización se requirió de la participación del público, el espectador acude al lugar con brocha en mano para convertirse en parte activa de la obra. Flores demuestra que el arte no debe estar encerrado en las paredes de una galería con disposición a un sector de la sociedad, el arte se abre y comienza el movimiento al que llamó: Arte abierto.

Es constante en la obra de Leopoldo Flores la representación del hombre. Sin embargo, su preocupación no fue la de pintar al hombre sólo en relación con sus iguales o con el ambiente natural; Leopoldo Flores sino que plasma su parte negativa. Denuncia los problemas sociales, los que desembocan en una agresión del hombre hacia él mismo, de las pasiones que consumen a la humanidad. Él es también un hombre de pasiones, pero esa fuerza la transforma en arte, en expresiones de lucha. Sus inquietudes se expresan en series como Cien Hecatombes (1972), El Hilo de Ariadna (1983) en que retoma el mito del Minotauro hambriento, llevándolo a la época actual, en que el hombre se convierte en bestia antropófaga. Los Mural-pancarta fueron transmisores de su denuncia social con títulos como A la opinión pública (1973). Incluso la serie de los Cristos (1994) tiene esta relación, al presentar a un ser convertido en el salvador de una humanidad que se destruye a sí misma.

Críticos como Raquel Tibol, Antonio Rodríguez y Berta Taracena han escrito sobre la obra de Flores y sus logros en artísticos. Tras haber donado su obra a la Universidad Autónoma del Estado de México, en 2002 abre sus puertas el Museo Universitario “Leopoldo Flores”. Un museo concebido para resguardar su obra, para su difusión, exhibición e investigación. Ese mismo año, inicia el mural Periplo plástico en el Museo de Arte Moderno del Centro Cultural Mexiquense de Toluca, terminado en 2005. Simultáneamente en 2002, realiza el mural ¿De qué color es el Principio? en las instalaciones de El Colegio Mexiquense y en 2004 el mural La Cátedra de la Justicia en la Escuela de Judicial del Estado de México.

Inicia en 2006, en las instalaciones del Museo Universitario “Leopoldo Flores”, la creación del Mural Justicia Supremo Poder para el Palacio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ubicado en la Ciudad de México mismo que fue inaugurado el 11 de diciembre de 2007.

En el año de 2007 el Cosmovitral Jardín Botánico, es nominado para ser una de las 13 maravillas de México y en 2008 fue distinguido con el premio Excelsis otorgado por la Global Quality Foundation. La Universidad Autónoma del Estado de México le otorga el Doctorado Honoris Causa por su trayectoria como artista. De 2009 a 2010 realiza un mural para el Gobierno del Estado de México instalado en la sede del Poder Ejecutivo de la ciudad de Toluca con motivo del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana.

En el año 2011 se inauguran sus exposiciones Génesis de tormenta y Apuntes de taller en el Museo Universitario “Leopoldo Flores”, ésta última con dibujos nunca antes mostrados y extraídos de libretas personales del autor. En 2012 inicia trabajos en acrílico de una serie intitulada: La gran parvada.

Museo Universitario "Leopoldo Flores"
Informes: museolf@uaemex.mx
SA-CDT