Una manera de fortalecer la identidad universitaria es a
través de la difusión de la historia y símbolos
que identifican a los Planteles de la Escuela Preparatoria,
Organismos Académicos y Unidades Académicas
Profesionales.
Es
así como, en el Boletín Informativo del Colegio
de Cronistas del mes de diciembre del 2004 se presenta en
voz del Arqgo. Rubén Nieto Hernández, la historia
de la Hacienda de Aanta Ana, lugar que actualmente ocupa
la Unidad Académica Profesional Tenancingo.
Lic.
Alejandro Linares Zárate
Director de Identidad Universitaria

DATOS
PARA LA HISTORIA DE LA HACIENDA DE SANTA ANA, TENANCINGO.

Vista norte del casco de la exhacienda de Guadalupe Victoria
(foto Rubén Nieto).
DATOS
PARA LA HISTORIA DE LA HACIENDA DE SANTA ANA, TENANCINGO.
Por
Rubén Nieto Hernández
Coordinación de la Licenciatura en Arqueología
La
Hacienda de Santa Ana, Tenancingo.
El
espacio que desde el pasado mes de septiembre alberga a
la Unidad Académica Profesional Tenancingo, tiene
una larga historia que se remonta al menos a la segunda
mitad del siglo XIX. De las referencias más antiguas
que se tienen se localizó una fechada para 1854 donde
se menciona tanto a la hacienda como al poblado de Santa
Ana Ixtlahuatzingo Entre los estudios más importantes,
que sirven de base para este trabajo está el estudio
desarrollado por Pablo Castro Domingo , quien realiza un
interesante rastreo de información en diversos archivos
que le permitieron reconstruir parte de la historia de la
región y en particular de las haciendas, que en otro
tiempo fueron el núcleo del desarrollo social de
esta parte del Estado de México .
La
hacienda como unidad económica representativa de
la actividad agrícola en México ha sido objeto
de diversos estudios en los que se analiza su importancia
tanto a nivel local, como regional y nacional . El origen
de las haciendas en las que se desarrolló la actividad
agrícola y ganadera, se ubica para finales del siglo
XVI. Ocurrió en un principio en lugares contiguos
a los centros mineros con el propósito de aprovisionarlos
. Más tarde, en el siglo XVII, se consolidaron como
unidades económicas interdependientes que aprovecharon
la disponibilidad abundante de mano de obra, sobre todo
indígena, que fue congregada por los españoles
alrededor de cabeceras estrategia que facilitó el
proceso de dominación.
Se empleó a un gran número de trabajadores,
tanto residentes como eventuales, que eran contratados y
retenidos a partir de diversos mecanismos entre los que
se cita el adelanto de dinero u objetos, el endeudamiento,
retención de salarios y el suministro de tierra y
casa entre otros .
Noriega,
Joaquín. Estadística del Departamento de México.
Biblioteca Enciclopédica del Estado de México,
México, 1980.
Castro Domingo, Pablo. Chayotes, burros y machetes.
Montes de Oca Navas, Elvia: “Las Haciendas”,
en La Historia General del Estado de México, capítulo
XIV, editada por El Colegio Mexiquense A. C., México,
1998.
García Luna, Margarita. Las haciendas porfiristas
del Estado de México. UAEM, México, 1981.
Florescano, Enrique. Origen y desarrollo de los problemas
agrarios en México 1500 – 1821. México,
Ediciones Era S. A. Col. “Problemas de México”
1975. pp. 23-25.
Von Wobeser, Gisela. La formación de la hacienda
en la época colonial. El uso de la tierra y el agua.
Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México,
1989, pp. 73.
Distintos sucesos describen a los diferentes actores que
participaron en un escenario que llegó a tener un
gran esplendor hasta la víspera de la Revolución
Mexicana. Entre los propietarios de que se tiene noticia,
está la familia Izquierdo que junto con otras familias
acaudaladas integraban a la alta sociedad de ese tiempo.
A
pesar del esfuerzo por preservar este espacio histórico,
ciertamente ha cambiado y la imagen que actualmente se observa
dista significativamente de la que tuvo a principios del
siglo XX. Como muchos de los edificios de la época,
casona y capilla integraban el casco principal. Todo fue
construido en adobe y mampostería. Los techos eran
de madera, cubiertos con teja, muy diferente a las bóvedas
que se aprecian en este momento. Aún la capilla que
presenta una portada de cantera muy sobria, manifiesta cambios
en su estructura. La siguiente cita que presenta Castro
Domingo, nos permite imaginar su estructura original y como
funcionaba originalmente:
“la primera (se refiere a la capilla), contaba
con una imagen de Santa Ana, constaba de dos niveles,
y cuando era utilizada en las misas, los dueños
ocupaban la parte alta y el grueso de los trabajadores
la parte baja... en cuanto a la segunda (la casona),
básicamente se componía de cuartos y más
cuartos, donde allí sólo vivían
los hacendados.... cerca de estas se hallaba un cuarto
pequeño que hacía las veces de tienda,
donde los peones o sus familias se abastecían
de diversos productos que no necesariamente tenían
que pagar en el momento”
(Castro, 2003: 85).

La
Sra. Elvira Osorio García, quien conoció la
hacienda ya que su abuelo era el encargado del molino y
de la fábrica de hilados, comentó en reciente
visita que todo está muy cambiado, que prácticamente
no reconocía nada, con excepción del espacio
que actualmente ocupa la sala de cómputo donde se
ubicaba la habitación principal de Don Fidel Víquez
quien rentó en cierta época la hacienda. Por
su parte, la oficina de la Coordinación General funcionaba
como la habitación de los hijos de Don Fidel. La
Sra. Osorio recordó además que la parte de
abajo, donde se sitúa la biblioteca, era ocupada
por los trabajadores que por cierto siempre estaba llena
de humo y triques. Afuera, donde en adelante estará
el jardín principal de la UAP, existían largos
tendederos que se ocupaban para poner a secar la ropa.
Información
documental.
De los escasos documentos que sobreviven a este monumento
histórico, destaca el acta de Bendición y
Erección del Via Crucis (fig. 2), fechada en el día
20 de noviembre de 1893, en donde se declara lo siguiente:
El
infrascrito cura coadjutor de esta Parroquia de Tenancingo
hago constar: Que habiendo sido autorizado por el
Reverendísimo Padre Fray Luis de Parma, Ministro
General de la Orden de San Francisco, según
consta en sus letras del día diez y siete de
Febrero de mil ochocientos noventa y tres ; con la
debida aprobación del Illmo. y Revmo. Señor
Arzobispo de México, Dr. Dn. Próspero
María Alarcón Sanchez de la Barquera,
como aparece en su acuerdo del día once de
Febrero de mil ochocientos noventa y tres ; en presencia
de los testigos que firman juntamente conmigo, Dn.
Miguel Izquierdo (padre) y Dn. Miguel Izquierdo (hijo)
y en presencia también de un número
considerable de fieles observando todo lo mandado
por el derecho, bendije y erijí el “VIA
CRUCIS” en la Capilla de la Hacienda de Santa
Ana, perteneciente a esta Parroquia el día
veinte de Noviembre de mil ochocientos noventa y tres
.
Por tanto, declaro; que todos los fieles que rezaren
devotamente el “VIA CRUCIS” en la referida
capilla con todas las condiciones prescritas por la
Santa Sede, ganarán todas y cada una de las
indulgencias concedidas por los Sumos Pontífices
a tan piadosa devoción.
Curato
de Tenancingo, a 20 de Noviembre de 1983.
Nota:
Firman al pie Dn. Miguel Izquierdo (padre), Don Miguel
Izquierdo (hijo), así como la firma del sacerdote
que realizó la bendición.
Este
testimonio resulta sumamente interesante dado que los Izquierdo
(padre e hijo), como veremos más adelante fueron
dos actores importantes en la historia de la hacienda en
vísperas de la Revolución Mexicana, evento
que tuvo repercusiones importantes en la región.

fig.
2.
En
la información histórica rescatada hasta el
momento, se menciona que en la hacienda de Santa Ana existía
una tienda en la que los peones adquirían diferentes
productos, por medio del sistema de raya que en realidad
era un mecanismo que aseguraba la permanencia de los trabajadores
a partir de las deudas que contraían con los hacendados.
A esta tienda, acudían también las familias
pudientes de Tenancingo a efectuar sus compras. Esto nos
permite suponer que las mercancías que en dicho lugar
se ofertaban no eran necesariamente productos básicos,
sino también algunos considerados de lujo.
De
aquella época de bonanza para los hacendados, sobreviven
en la tradición popular diversos relatos orales en
los que se describe el manejo de una riqueza que ha sido
motivo de leyendas, en las que se hace referencia a tesoros
enterrados que aguardan a la persona indicada para sacarlos
a la luz:
[…]
en la hacienda de Santa Ana iban puros ricachones,
puros millonadas de aquel entonces, decía mi
mamá, dice ahí llegaban para las rayas
de los trabajadores… Mi papá, el día
sábado, me platicaba que se iba a la hacienda
a ayudarle a mi tío, porque ya había
muerto su papá, a que le ayudara a rayar a
los trabajadores, decía que llevaban mucho
dinero en chiquihuites, fíjese cómo
habría de dinero, en chiquihuites .
La hacienda y su entorno.
En
los espacios que ocupa actualmente la UAP Tenancingo, sobreviven
diversos árboles frutales que son mudos testigos
de un paisaje que ha sufrido una intensa transformación
que afectó no solo a la hacienda, sino a toda la
región. Se comenta que existían también
importantes extensiones con aguacates, manzanos y duraznos
de los cuales sólo queda el recuerdo.
Fragmento
de entrevista del Dr. Castro con la Sra. Consuelito Balcázar
Garduño.
De
acuerdo con el Sr. Pedro Balcazar , existía un pequeño
lago donde había gansos y cisnes, que podemos suponer
cuidaban muy bien de la propiedad. Según la Sra.
Elvira Osorio García quien trabajo en la hacienda
apoyando a la familia Cotero, este espejo de agua, que más
bien era una ciénega, se hallaba en el espacio que
actualmente ocupa el edificio para prácticas de hotelería
de la licenciatura en turismo. El camino principal a la
hacienda estaba delimitado por unos gigantes (eucaliptos?)
que completaban el espléndido marco de esta extraordinaria
construcción.

Foto de la Sra. Cristina Isojo Camacho quien
trabajó en la hacienda
cuando esta era rentada por el Sr. Fidel Víquez.
La
hacienda de Santa Ana no fue la de mayor extensión
en la región, aunque cabe destacar que entre 1889
y 1893 llegó a tener tres caballerías, y ganado
vacuno que equivalen aproximadamente a 128 hectáreas
de superficie. La agricultura era la principal actividad.
Entre los diferentes productos que se obtenían estaba
el trigo (del que llegó a producir hasta 400 cargas),
maíz (hasta 200 cargas), haba, chícharo, lenteja,
aguacate, durazno, pera, manzana, chabacano, granada de
china, tejocote y una gran diversidad de flores. Se comenta
que el trigo estaba destinado al consumo de la población
blanca, en tanto que el maíz para los indígenas
y los animales. García Luna comenta que la productividad
que tuvo la hacienda de Santa Ana en su momento de auge
se califica como media, sobre todo si tomamos en cuenta
que en la región existían otras haciendas
como Tenería que destacaban por su gran producción.
Entrevista
Dr. Pablo Castro.
El
declive de la hacienda como unidad de poder económico,
inició con el movimiento armado de 1910. Se tienen
múltiples referencia de continuas incursiones de
las fuerzas revolucionarias que la saquearon una y otra
vez.
Castro
Domingo menciona que el inmueble perteneció al Sr.
Miguel Izquierdo, quién al morir la deja como herencia
a su familia. Durante la revolución las haciendas
son atacadas por los diferentes grupos armados, provocando
en éstas modificaciones dentro de su estructura interna.
Se argumenta que las fuerzas armadas que defendían
Tenancingo eran incapaces de cubrir y proteger todo el distrito
y esto provocó tanto la salida de familias pudientes
como una fuerte dispersión económica. Este
hecho hace que la viuda de Miguel Izquierdo venda la hacienda
a un precio irrisorio a un general de apellido Cotero quien
aprovecho el momento para adquirir con grandes ventajas
la hacienda y sus tierras.
Sin
embargo la hacienda continuó siendo objetivo de ataques
por parte del movimiento zapatista, por lo que para el general
Cotero, esta compra no resulto ser una buena inversión;
por otro lado, la “revolución” le da
un último gran golpe con la afectación y dotación
ejidal. El general Cotero es recordado, porque durante su
estancia en este hermoso lugar, tuvo a bien impulsar la
celebración del carnaval, que durante mucho tiempo
solo se realizaba dentro de las instalaciones de la hacienda.
En el día de la Señora Santa Ana, la fiesta
comenzaba desde temprano, todo mundo venía a divertirse,
había danzas y se quemaba el castillo y muchos toritos.
A decir de doña Elvira Osorio, todo terminó
a causa del pleito por el agua, ya que a partir de este
momento la gente dejó de visitar la hacienda y de
aquella gran celebración sólo quedan recuerdos
en la memoria de quienes tuvieron la oportunidad de disfrutarla.
Los
pasajes que hemos relatado hasta el momento, forman sólo
una parte de la historia de este singular espacio, que fue
testigo de numerosos acontecimientos a lo largo de más
de dos siglos y que no ha concluido sino que inicia un capítulo
más a partir del establecimiento de la Unidad Académica
Profesional Tenancingo.
Op.
Cit.
