Introducción
La historia dentro de positivismo se centró en el estudio de los grandes hombres, de las batallas memorables, de los acontecimientos dignos de recordar aferrándose a la trascripción de las fuentes históricas escritas. Sin embargo, ancianos, niños, emigrantes, indígenas y mujeres quedaron fuera de la historia, tanto oral como material.
Por ello, en la nueva historia, también llamada nuevos Annales, existen vínculos con la antropología, ya que les interesa explicar y analizar el comportamiento de los actores sociales, sus normas, convicciones, participación o roles, así como su relación con la estructura social de una época y lugar determinados.
De esta manera, en la actualidad se analizan y se eligen, en las diferentes investigaciones, sujetos para encontrar su visión de los acontecimientos históricos, así como su participación en los diferentes tiempos y escenarios históricos.
En el presente trabajo se analiza la participación de las mujeres en la Revolución Mexicana, ya que, al no tomarlas en cuenta, la historia queda incompleta, pues se excluye a más de la mitad de la población de todas las épocas y lugares.
Dentro del currículum de la historia de México, en el nivel medio superior, se deben incluir temas sobre género. Además, es fundamental reconocer que en la historia siempre han estado presentes las mujeres, participando en los diferentes acontecimientos y contribuyendo a la formación de nuestro país.
Por consiguiente, es importante rescatar a las mujeres en cuanto a su participación en cada acontecimiento, en el papel que desempeñaron y en los problemas a los que se enfrentaron durante tantos años.
Categoría de género
La categoría de género aparece a finales del siglo XX como parte de una postura en donde se reconoce que existe una desigualdad entre hombres y mujeres en diferentes esferas económicas: mercado de trabajo, política y educación.
Los estudios de Margaret Mead (1935), en Nueva Guinea, revelan que las funciones femeninas y masculinas, así como el temperamento de ambos son elementos que se conforman de acuerdo con la cultura. Abordan tres sociedades: una en donde ambos sexos cuidan de los niños y no se espera que ningún sexo sea agresivo; otra, donde tanto el hombre como la mujer son agresivos y violentos, mostrando poco interés en los niños; y, finalmente, en donde las personalidades de los hombres y mujeres son diferentes, pero opuestas a nuestras concepciones de lo masculino y lo femenino. Dicha investigación demostró que los comportamientos, emociones e intereses que se consideran masculinos o femeninos son conformados por la cultura.
En México, se ha creado un ideal de cómo deben ser, actuar, pensar y sentir el hombre y la mujer según la sociedad; es decir, los roles de género. Se espera que las niñas sean amables, serviciales, débiles, pasivas, sumisas, dependientes emocionales, cariñosas, obedientes, sensibles, atentas y sacrificadas por sus maridos, hijos y hermanos; asimismo, que sus metas se dirijan a convertirse en esposas, madres y amas de casa. Sin embargo, las nuevas generaciones buscan cambios sociales que favorezcan la igualdad de género.
El género se construye y deconstruye en diversos ámbitos, como: mercado de trabajo, educación, comunicación masiva, política y en el arte. Así, la categoría analítica que existe entre lo femenino y lo masculino demuestra una compleja interacción de identidades sociales, donde las determinaciones se dan por medio de la clase social, de etnias, generaciones y de preferencia sexual, por mencionar algunas, las cuales conforman núcleos de sentido específicos.
La categoría de género implica una transformación al interior de las disciplinas sociales y de la historia. Actualmente, se busca incluirla para hacer visibles a las mujeres, ya que la historia oficial no dice nada de ellas, salvo algunas excepciones que el sistema patriarcal quiso recuperar.
¿Cuáles son los propósitos de la enseñanza
y aprendizaje de la historia?
Dentro del aprendizaje de la historia existe una lógica desarrollada: pensar históricamente; es decir, que los alumnos puedan analizar las causas por las cuales no aparece la visión de las minorías étnicas ni de las mujeres. De igual forma, que desde su razonamiento se reconozcan como sujetos históricos, que viven en determinado tiempo y participan en la historia desde sus microespacios. “Que los alumnos piensen históricamente, es decir, que se den cuenta de que ellos son parte de la historia y que los cambios que pueden ser ‘observables’ por ellos” (Salazar, 1999).
Por medio de la historia se pueden analizar las causas que motivaron la Revolución Mexicana, los efectos que trajo consigo, los cambios y las constantes, para que a partir de éstos se insista en crear ciudadanos con capacidad crítica. “La historia como objeto de enseñanza era concebida como el medio eficaz para dotar al alumno de elementos que le posibilitaran el análisis de la sociedad” (Salazar, 1999).
Necesitamos que el alumno forme las ideas de tiempo-espacio, cambio-permanencia, causa-efecto, de una abstracción de la historia, en donde desarrolle su imaginación, abstraiga situaciones y haga analogías.
Se reconoce que los líderes, como Zapata, influyeron en el pueblo; asimismo, junto al caudillo del sur estuvieron presentes guerrilleros, campesinos, intelectuales y muchas mujeres que acompañaban a sus esposos; en donde también existió la participación de las coronelas y soldaduras, quienes lucharon y realizaron estrategias de ataque; además, mujeres ricas escondieron armas para apoyar la Revolución.
Se enseña historia para que nuestros alumnos la reconozcan como un proceso continuo de hechos, de luchas, de circunstancias favorables para el cambio.
Es importante que el estudiante “no sea un mudo testigo de la historia sino un sujeto participativo desde su posición de ciudadano que tenga la capacidad de contribuir en la búsqueda de respuestas para construir proyectos de sociedad” (Salazar, 1999).
Se afirma también que no hay enseñanza de la historia sin contenido. Cada disciplina tiene su propia lógica; en historia estos contenidos son algo más que información, son construcciones teóricas hechas para ser analizadas, perfeccionadas, investigadas y criticadas.
Para analizar diferentes contenidos, podemos utilizar otros recursos; es importante utilizar en el aula, además de libros, cuadros sinópticos, películas, comic’s, líneas del tiempo, canciones y fotografías; además, es necesario analizar los contenidos históricos para pensar históricamente.
Antecedentes de la Revolución Mexicana
Porfiriato
En 1910, los mexicanos vivían en una sociedad profundamente desigual;
la riqueza se concentraba en una minoría privilegiada formada por
extranjeros, banqueros, hacendados, mercaderes, fabricantes, funcionarios;
mientras que la mayoría —indígenas, campesinos, obreros
y artesanos— percibía salarios miserables.
En las clases altas de México estaban las esposas de los grandes hacendados, madres e hijas de los banqueros, de los mercaderes de almacén, de los fabricantes y de los funcionarios mayores, quienes constituían el grupo privilegiado de la sociedad. “Los trajes que lucían estas mujeres podían costar hasta 150 pesos, es decir, el equivalente a más de un año de salario de un peón acapillado” (Salinas, 2000).
En los últimos años del Porfiriato, las condiciones de vida empeoraron para casi toda la población; por ejemplo, entre 1895 y 1910 la esperanza de vida descendió de 31 años a 30 años y medio; la mortalidad infantil se elevó de 304 a 335 por cada millar.
En 1910 había 15 millones de habitantes; más de 7 millones 600 mil eran mujeres; el 42% de la población era menor de 15 años y el 71% mayor de 10 años; en promedio, eran analfabetas el 76% de mujeres y el 68% de hombres (Museo de la Revolución).
Después de la entrevista que Porfirio Díaz dio al periodista norteamericano Creelman, en 1908, la agitación política creció. Prevalecían las injusticia en el trabajo del campo y de la fábrica. Sin embargo, quizá debido a una más recia solidaridad, los obreros se organizaron contra las circunstancias laborales.
Aunque las mujeres se han subestimado, en la Revolución fueron personajes invaluables en cuanto a la prestación de servicios.
La participación de las mujeres en la Revolución Mexicana
Periodistas y escritoras
Conspiradoras
En los complots, paso de armas, correos y difusión de noticias, sobresalieron
Carmen Serdán, hermana de Aquiles Serdán; Carmen Alatriste,
su madre; y Francisca del Valle, su esposa; también se involucraron
Guadalupe, Rosa y María Narváez, quienes coordinaron las operaciones
en el estado de Puebla, imprimieron y repartieron proclamas, así
como distribuyeron armas, para luchar contra el régimen de Díaz.
“Al sospechar las autoridades poblanas que el domicilio de la familia Serdán se había convertido en un arsenal, ordenaron el cateo de la casa de Santa Clara, siendo el coronel Miguel Cabrera, jefe de la policía, el encargado de ejecutar la diligencia. Aquiles Serdán confiaba, mejor dicho, estaba seguro, según me lo afirmó su hermana Carmen poco después de los acontecimientos, de que la gran muchedumbre de revolucionarios comprometidos los secundarían y por eso se encerró en vez de escapar como pudo haberlo hecho y, por ello, Carmen, en el paroxismo de la desesperación, al cerciorarse de que los comprometidos no respondían a la señal convenida, pese a las bombas lanzadas, salió al balcón principal de la casa y dirigiéndose a los curiosos que estaban cerca de Santa Teresa, los arengó, agitando en la diestra el rifle”, afirma el Lic. Isidro Fabela (Mendieta, 1961).
Carmen Serdán y las hermanas Narváez fueron las primeras colaboradoras del movimiento precursor; después, participaron como orientadoras ante la dispersión originada por el asesinato de Serdán y trabajaron en la distribución de armas, correos, noticias y órdenes.
Como verdaderas
conspiradoras, tenían sus seudónimos: Carmen Serdán
era “Marcos Serratos”, Guadalupe Narváez era “María
Gómez” y Rosa era “Rosa Nerbo”. Al mismo tiempo,
en Chihuahua, Juana Gamboa prestó servicios de correo.
Asociaciones femeninas
Sindicalistas
Las mujeres que fundaron en 1906 la Sociedad de Empleadas de Comercio son
precursoras del sindicalismo. Sus actividades fueron principalmente asistenciales:
fundar academias de comercio, de música, un gimnasio, una caja de
préstamos a socias enfermas.
“Las precursoras del sindicalismo obrero se destacaron cuando, el 7 de enero de 1907, la huelga de obreros textiles fue desautorizada por el laudo presidencial. Cuando los trabajadores de la fábrica de Río Blanco, en Orizaba, se disponían a reanudar sus labores un grupo de mujeres decidió impedirlo. Los empleados de la empresa les dispararon y sobrevino la violencia. La tienda de raya fue incendiada. Intervino el ejército y resultaron más de 100 obreros muertos. Estas precursoras tienen nombre y apellido, entre ellas Isabel Díaz de Pensamiento, Anselma Sierra, Carmen Cruz, Margarita y Guadalupe Martínez y Lucrecia Toriz, quien se enfrentó a los soldados enarbolando una bandera” (Salinas, 2000).
Mujeres que vendieron sus bienes
Algunas mujeres vendieron sus bienes, entre ellos joyas, con el fin de comprar
armas para la Revolución. “La carencia de fondos era extrema,
pues ni para que se sostuvieran en San Antonio todos los emigrados había
cantidad suficiente, siendo ésta una de las causas por las que entre
algunos reinaba cierto descontento contra el señor Madero. Éste
había escrito a su esposa para que vendiera sus alhajas para poder
comprar armas que iban a necesitar en la expedición de Calixto Guerra…
esta petición estaba fincada en la confianza y desinterés
que animaba a doña Sara” (Mendieta, 1961).
Enfermeras
Las enfermeras de la Cruz Blanca Constitucionalista estuvieron en los puestos
de avanzada y establecieron hospitales de sangre. “Dentro de la lucha,
una de las misiones tradicionales de la mujer apareció en todos los
lugares, la de enfermeras. Las había de todo tipo, principiando con
las que tenían solamente buena voluntad, conocimientos de yerbas
y hacían curaciones primitivas. Ellas iban a la retaguardia y eran
generalmente soldaderas… cuando el dolor de los heridos era ya insoportable
les daban nuestros populares narcóticos… un herido pedía
a gritos que le pegaran un tiro. Ante el sufrimiento la ‘Chata Micaela’
se encaramó en el carro, encendió un cigarro de marihuana
—Dios te lo pague, mujer— dijo el hombre y a poco se calmó”
(Mendieta, 1961).
Soldaderas
“La Revolución Mexicana fue un movimiento de masas que obedeció
a circunstancias locales, así como nacionales; la participación
de la mujer en las diferentes regiones y fracciones revolucionarias también
siguió esas pautas de espontaneísmo. Las mujeres estuvieron
detrás de sus hombres, a su lado y muchas veces sin ellos. En la
medida que la lucha armada se hizo más cruenta y la escasez más
apremiante, la mujer incrementó su participación revolucionaria,
pero ésta cobró matices específicos en razón
de la región y del grupo revolucionario al que se afilió”
(Lua, 1993).
Independientemente del bando al que pertenecieron, tomaron las armas y combatieron
al lado de los hombres; sostuvieron la moral de la tropa, caminaron en la
retaguardia, buscaron alimento, lo prepararon y distribuyeron, parieron
a sus hijos, desempeñaron comisiones como espías, lloraron
por sus muertos y también murieron. Las mujeres soldaderas fueron:
“Junto a las grandes tropas de Francisco Villa, Emiliano Zapata y Venustiano Carranza, más de mil novecientos líderes lucharon en bandas rebeldes. Las soldaderas pululan en las fotografías. Multitud anónima, comparsas, al parecer telón de fondo, sólo hacen bulto, pero sin ellas los soldados no hubieran comido ni dormido ni peleado” (Poniatowska, 1999).
Las soldaderas tenían que preparar una comida con sus escasas provisiones; de hecho, podían alimentar a un centenar de hombres al día; sus alimentos no estaban preparados, llevaban maíz, el cual molían en un metate y amasaban hasta formar las tortillas que cocían en un comal; llevaban también frijoles, café y carne en tiras. “Las quejas de la violencia contra las mujeres antes de la Revolución y durante ella son innumerables y quizá aquellas que se vistieron de hombre lo hicieron como forma de defensa a la violencia masculina” (Lua, 1992).
Entre el fuego de las ametralladoras y los fusiles, el cañoneo y el avance de la infantería, el tronar de la metralla y el galope de los caballos, muchas mujeres se hicieron famosas por dirigir grupos rebeldes.
Las coronelas
El Carrancismo
El Carrancismo fue la fracción triunfadora en la Revolución
y asumió la dirección del país; este gobierno dictó
una serie de leyes. Al igual que Madero, Carranza recibió correspondencia
de mujeres que le expresaban sus inquietudes políticas y, al mismo
tiempo, les proporcionaban información de lo que pasaba en sus localidades.
Para que otorgara una posición favorable a la mujer, fue decisiva la relación que sostuvo con Hermila Galindo, cuyo proyecto de feminismo pudo combinarse con el constitucionalismo. Ella fue la primera mujer que solicitó el voto femenino al constituyente de 1916; asimismo, hizo la propaganda de don Venustiano Carranza.
El 2 de enero de 1915 se estableció: “el matrimonio podrá disolverse en cuanto al vínculo, ya sea por el mutuo o libre consentimiento de los cónyuges cuando el matrimonio tenga más de tres años de celebrado”.
El 12 de abril de 1917 Carranza promulgó la Ley de Familiares, la cual entró en vigor ese mismo día. Con ésta, la mujer quedó en condiciones de ejercer la Patria Potestad.
Logros de las mujeres en la Revolución
En 1939, el Presidente Lázaro Cárdenas reconoció ampliamente la veteranía y la “Condecoración del Mérito Revolucionario” tanto a hombres como a mujeres. En el archivo histórico militar existe un alista donde están los nombres de los actores femeninos del movimiento revolucionario.
Para obtener las condecoraciones de veteranas de la Revolución —es decir, diplomas, medallas y una recompensa económica—, las excombatientes debieron presentar los documentos que acreditaban su participación; ésta se comprobó a través de sus propios relatos, avalados por dos constancias de participación, así como de fotografías, impresos, cartas, telegramas, recortes de periódicos, nombramientos y en general documentos oficiales firmados por Madero o Carranza, los cuales se resguardan actualmente en el archivo histórico militar de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Conclusiones
La historia llevada a las aulas
La historia de la Revolución Mexicana que se imparte en la preparatoria
se ha concentrado en la historia oficial, centrándose en personajes
llamados héroes, donde las mayorías han sido ignoradas; para
conocer a los diferentes actores y protagonistas, se tienen que hacer visibles
por medio de la investigación.
En el estudio de la historia se han marginado a las mujeres en sus actividades; por ejemplo, se excluye a quienes participaron contra el régimen colonial, en la Revolución contra Porfirio Díaz, en la lucha electoral Maderista, en la participación armada de las fuerzas carrancistas, villistas y zapatistas, en la importancia del papel educativo en el periodo de Lázaro Cárdenas y en la legislación posrevolucionaria.
Salvo algunos casos, las mujeres están ausentes en los libros de historia; por ello, es necesario llevarlas hasta las aulas de las escuelas preparatorias, ya que, al no incluirlas en diferentes tiempos y espacios, los alumnos pensaran que no es falta de información propia de una historia tradicionalista de un sistema patriarcal, sino que no han contribuido o han participado muy poco en el desarrollo de sus pueblos y naciones.
Queremos hacer y enseñar una historia incluyente que no omita a las mujeres. Se debe hacer una historia crítica, diferente, acorde con las nuevas realidades de nuestro tiempo.
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LA
PARTICIPACIÓN DE LA MUJER EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA. PROPUESTA
PARA INCLUIR LA CATEGORÍA DE GÉNERO EN EL PROGRAMA DE NIVEL
MEDIO SUPERIOR
DE LA UAEMex.
