Es necesario considerar al pensamiento como una facultad que posee alma y como una emancipación del espíritu. Por lo tanto, la cualidad distintiva de éste es el pensamiento y de la materia la forma; entonces, no se puede concebir materia sin forma. ¿Qué pasa con los gases que no vemos? Aun cuando las partículas de gas sean invisibles, ocupan un lugar en el espacio y para hacerlo deben poseer una forma.

Toda forma implica extensión en el espacio y, por lo tanto, cierta limitación en las fronteras; sin embargo, el pensamiento no requiere de ninguna de estas condiciones. Se preguntarán a dónde deseo llegar, pues a considerar que en este contraste se puede constituir en el espacio algo enteramente desprovisto de extensión. De esta manera, el pensamiento está presente en cada punto del espacio sin tiempo; por tal motivo, todos nuestro pensamientos son mágicos, sólo hay que alimentarlos con acciones, lecturas positivas, entre otras cosas.

Debido a esto, considero que somos gemas preciosas en evolución, ya que las trasformaciones se logran a través de nuestros pensamientos. La pregunta es ¿qué queremos ser, grafito o diamante?, la diferencia entre uno y otro solamente radica en la estructura.

En nuestro planeta, a través del tiempo, se han formado infinidad de trasformaciones. ¿Cuál sería el máximo triunfo en todo este proceso evolutivo?, el que nosotras, las mujeres, podamos ser un milagro de la vida para el bien de la humanidad.

Dentro de la evolución de la tierra, los átomos de carbono también se han unido entre sí y se han establecido dos formas cristalinas diferentes, creando el grafito y el diamante, es decir, dos representaciones cristalinas conocidas del carbono elemental, cuyas estructuras están constituidas exclusivamente por átomos de carbono, pero poseen propiedades distintas.

El diamante es el material mineral más duro, incoloro, transparente y abrasivo que se conoce; puede rayar los metales o cortar el pavimento, ya que se encuentra en la punta de las brocas; se considera una piedra preciosa; reactiva a temperatura ambiente. En cambio, el grafito es suave, quebradizo, negro, opaco y blando, como el de la punta de los lápices. Ambos son tan sólo un conglomerado de átomos de carbono, que presentan el mismo tipo de enlace (covalente).

En el diamante, un átomo de carbono se une a cuatro átomos de carbono por enlaces sencillos, en disposición tetraédrica, patrón que se extiende en forma continua a través de una basta red. La resistencia y la dureza del diamante son el resultado de esta estructura cristalina. Romper un diamante es enfrentarse a innumerables enlaces muy fuertes que conforman su estructura.

Respecto al grafito, cada carbono está unido a otros tres átomos de carbono; la geometría que presenta es la de un triángulo equilátero plano. A consecuencia de esta geometría, todos los átomos de carbono se encuentran en el mismo plano, formando láminas hexagonales, dándole las características ya mencionadas.

Si nos diesen a escoger cuál de las dos estructuras cristalinas del carbono quisiésemos ser, sin duda, escogeríamos ser diamantes; así que si todos nuestros pensamientos son mágicos, yo, esta persona soñadora, se los concedo: ¡ya somos diamantes por decisión! Pero, para que éstos brillen y sean reconocidos en el mundo, es necesario cortarlos, modelarlos y pulirlos; la tarea no es fácil, pero con mucho trabajo se puede lograr.

Antes de que iniciara el fabuloso arte de cortar diamantes, cabe mencionar que no se valuaban como cristales particularmente atractivos. La palabra diamante viene del griego adamas, que significa invencible; por tanto, si nos basamos en dicha concepción, ser un diamante es ser capaces de vivir, de elegir y en esa elección optar por aquello que nos hace crecer y ser mejores, fuertes como los diamantes. Asimismo, a éstos se les consideraba piedras demasiado duras y por eso se usaban en estado natural; casualmente, a alguien se le ocurrió frotar uno con otro y el mundo ya no volvió a ser el mismo; cuando aprendamos a amarnos nosotras mismas con lo valioso que poseemos, nuestro mundo jamás va a ser el igual.

Muchas mujeres somos como diamantes no pulidos, que nos encontramos por la vida sin reflejar esa luz; sin embargo, para brillar, sólo necesitamos aprender a pulirnos, sin olvidar que debemos mantenerlo siempre; seamos nuestra mejor amiga y estemos presentes a lo largo de todo el proceso de trasformación, listas para cortar, moldear y pulir. Recordemos que “nuestras vidas son la obra de nuestros pensamientos” (Churchil, 1991). Debemos mantener una plática permanente con nosotras mismas, ya que cuando mantenemos ese diálogo emitimos pensamientos positivos o negativos, que generan el tono mental, optimista o derrotista.

¿Conoces a alguna persona que siempre vea el lado positivo de las cosas, que afronte los problemas con sentido del humor y que, hasta en los momentos más críticos y difíciles de su vida, sea capaz de mantener viva la esperanza y la convicción de que será capaz de encontrar una salida airosa —aunque para ello tenga que salir un poco despeinada— y ve la vida, a pesar del lado oscuro, como su patrimonio, que vale la pena vivirla con plenitud? Considero, sin temor a equivocarme, que todas aquellas personas que adoptan esa actitud optimista han aprendido a amarse, autoaceptarse, poseyendo un gran afecto y estima para sí mismas.

Si tratamos de hurgar más, estas personas emanan paz, felicidad y fuerza, producto del buen trato que se dan a sí mismas. Difícilmente las encontraremos autoculpándose, blasfemando de su suerte, con sentimientos de odio o venganza, como tampoco será fácil verlas haciéndose las mártires, buscando compasión; aceptan sus errores, limitaciones y debilidades, y, al mismo tiempo, mantienen muy en alto su autoestima. Por supuesto, el trato hacia los demás es de respeto; son animosas y tolerantes, saben perdonar, ofrecen afecto a las personas que las rodean.

Un diamante día a día corta los malos pensamientos que pueden afectar su vida, moldea su forma de actuar frente a los demás, pudiéndose adaptar a este mundo maravilloso. Es un milagro que podamos renovarnos, pulirnos, gracias a la práctica constante de descubrir nuestra belleza.

Cuando te sientas triste o confundida, recuerda que eres un diamante con valor, que eres tú mejor amiga y eres capaz de fijarte metas que puedes cumplir, conoces tu corazón, te interesas por tu familia, te regocijas con tus triunfos y reconoces y aplaudes el éxito de los demás.

En el mundo los diamantes son altamente cotizados y se dividen en dos categorías principales: los que se les consideran como piedras preciosas y los que tienen calidad industrial; ambos son diamantes genuinos y valuados por sus propiedades únicas.

Para finalizar, quisiera compartir con ustedes, mis compañeras diamantes, una frase fabulosa que debemos llevar en nuestras mentes: “si dudas de ti misma, estás vencida de ante mano” (Churchil, 1991), no se puede vivir la vida por encargo ni a dictado de nadie, porque estaríamos renunciado a lo más valioso: vivir; tenemos el valor moral de autorealizarnos, de crecer al máximo, de desarrollar todas nuestras virtudes, hemos nacido con la posibilidad de ser diamantes y no grafitos.

 

Bibliografía

Bailen, Bailey. 2000. Química orgánica. Mc. Graw Hill, México.

Brown, LeMay y Burstein. 1998. Química. La ciencia central. Iberoamericana.

Churchil King, Henrik. 1991. El don de la amistad. Selector, México.

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Díaz Nogera, María. 1995. Ver saber y ser ideología pensamiento y educación. Colección Ideológica.

Recio del Bosque, Francisco. 2004. Química orgánica. Mc. Graw Hill, México.

Salinas Beristáin, Laura. 2002. Las mujeres desde los ojos de la juventud. México.

GRAFITO O DIAMANTE: LA DIFERENCIA SÓLO LA ESTRUCTURA

Mireya Amelia Espinosa Nava
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Fernando Cano
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