El tema de la equidad es crucial en estos tiempos. En las pasadas décadas de acción política e institucional a favor de la promoción de género, se han ido conformando distintas propuestas conceptuales y metodológicas, las cuales ha despertado diversos cuestionamientos y opiniones.
De acuerdo con Stromquist (2005), “la desigualdad es producto de un mercado sin frenos, pero en el contexto latinoamericano también es fruto de un racismo persistente que continúa creando pobreza y manifiesta la falta de atención a problemas crónicos en ciertos grupos sociales. Cuarenta millones de personas no saben leer en América Latina (UNESCO, 2005) no son meros rezagos educativos, sino el producto de años de menosprecio y desatención a las poblaciones rurales y étnicas”.
Los cambios tecnológicos que acarrea la globalización son irreversibles, pero podemos pensar que estamos obligados a construir una globalización que atienda derechos humanos sociales y económicos, una globalización que evite la polarización de clases y de países. Para ello, los jóvenes, idealistas y de gran energía, pueden ser los llamados a desarrollar esta solidaridad, ya que actualmente constituyen el grupo más numeroso de la población mundial.
Paradójicamente, la globalización ha generado múltiples políticas educativas, como el acceso universal a la educación básica gratuita y de buena calidad; otro de sus objetivos está ligado al género, reduciendo a la mitad el analfabetismo.
La UNESCO ha venido trabajando el concepto de calidad de la educación y contempla el desarrollo cognitivo, creativo y emocional; sin embargo, en documentos educativos se advierte que la atención de género aparece en los compromisos globales, pero no como parte de los contenidos, sino de los accesos.
También se observa que las políticas educativas a nivel latinoamericano no reconocen de manera explícita la necesidad de atender las cuestiones de género a través de la educación (UNESCO, 2004).
Hoy en día, mujeres y hombres ocupan puestos directivos. Investigaciones de las propias universidades nos dicen que hay más mujeres que hombres estudiando; por lo tanto, la equidad de género se está manifestando dando pie a que las autoridades piensen en el problema como ya resuelto.
Sin embargo, existen diferencias y discriminación en las diversas políticas de empleo en las empresas para hombres y mujeres; esto nos dice que el problema aún está latente y se manifiesta de manera negativa en la economía y cultura del país, generando problemas sociales por causa de la negación que prevalece hasta hoy día en el aprovechamiento de potenciales intelectuales y laborales.
Afortunadamente, los estudios de género han dado un gran avance al
considerar la reflexión sobre la situación y problemática
masculina y femenina; ello ha permitido no sólo hacer visibles las
diferencias e iniquidades cualitativas, sino también la profunda
dinámica que subyace a éstas y las posibilidades de cambiarlas
(Mendoza, 2005).
Por lo anterior, la educación y la perspectiva de género se
vinculan íntimamente, ya que al efectuarse el aprendizaje adquirimos,
construimos y desarrollamos no sólo conocimientos, sino actitudes,
valores, experiencias, reflexiones sobre qué es, qué piensa
y qué hace el ser humano.
De igual manera, implica la posibilidad de que todos y todas logremos reconstruir nuestros patrones heredados, romper concepciones tradicionales, para reconocernos como personas de iguales potencialidades con derechos propios, que construyan nuevas identidades y relaciones.
En cuanto a la instrumentación de los planes de estudio, se deben
implementar estrategias y actividades para las acciones individual y colectiva,
introduciendo la perspectiva de género en los contenidos, metodología
y materiales educativos mediante los ejes transversales.
Es pertinente que dentro de las actividades se planteen situaciones reales
que motiven actitudes positivas al trabajo en equipo y con ello se fortalezca
el desarrollo a la par de ambos géneros donde prevalezca el respeto.
Asimismo, se deben crear habilidades para manifestar diversas opiniones
y se practique la toma de decisiones en consenso y cobertura.
En el contexto UAEM, es grato señalar que el
plan de desarrollo vigente (Martínez, 2005) contempla enfrentar la
responsabilidad de formar ciudadanos preparados, respetuosos de la ley y
solidarios; de líderes del desarrollo con profundas convicciones
sociales; de promover valores democráticos y cívicos; y de
ser una institución ejemplo para la sociedad; y plantea el reto de
superar paradigmas convencionales en torno al desarrollo sociocultural y
visualizar a la cultura más allá del campo de las artes y
las tradiciones para cultivar valores que contribuyan a la cohesión
y a la prosperidad social.
Asimismo, promueve la investigación trascendente para la sociedad, dando atención a las áreas estratégicas que contribuyen al desarrollo de la equidad y temas de vanguardia en ámbitos nacionales, como: paz, equidad de género, derechos humanos, entre otros.
Cabe señalar que en este momento trascendental donde surgen cuestionamientos acerca de problemáticas sociales que se manifiestan como obstáculos para el crecimiento del país, el Nivel Medio Superior es motivo de consideración y análisis, especialmente porque en él se concentra una población de estudiantes cuyas actitudes, expectativas y limitaciones son potencialmente, en términos de fuerza laboral y de generación de ciencia y tecnología, el futuro de cada nación (Bachillerato 2003, 2005).
Pero un bachillerato con características fundamentales, holista, propedéutico y formativo, que aborda dentro de su proceso de aprendizaje los temas transversales —en los cuales tenemos la oportunidad de trabajar la conceptualización de la equidad de género en diversos escenarios de las áreas de conocimiento o preferencias vocacionales del alumno—, no es todo; la preparación de los docentes marcará la verdadera implementación de estrategias y acciones que permitan a los alumnos adoptar una filosofía de equidad de género, provocando de manera real y práctica cambios de actitudes para la toma de decisiones futuras acertadas en cuanto al aprovechamiento de los recursos laborales con que cuenta un país.
Conclusiones
Las políticas educativas deben contemplar una metodología y contenidos adecuados para un buen abordaje del tema de la equidad de género, que en este momento repercute de manera importante en el desarrollo del país, por la trascendencia de las decisiones futuras que nuestros jóvenes decidan tomar y que marquen el rumbo de nuestro país.
Para tal efecto, los docentes tenemos un gran compromiso en prepararnos pedagógicamente para motivar a los jóvenes a un cambio de actitud favorable en la aplicación de la equidad de género; para esto es necesaria una formación continua y realizar investigaciones en educación, en valores y sus estrategias de implementación para llegar a un aprendizaje real reflejado en acciones que nos hagan trascender estas limitaciones ideológicas.
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