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La Ética en la Tesis
La tesis tiene
por objeto la búsqueda de la verdad y, en en cuanto tal, le
corresponde una dimensión ética.
En nuestro modelo científico, la orientación pragmática se
impone como único valor. Sin embargo, le antecede la búsqueda
de la verdad que es una actitud recta, es una virtud anexa
a la justicia, es una virtud social. La verdad no es un compromiso
consigo mismo solamente, sino que es la comunidad humana la
que tiene derecho estricto a que no se falsifique el conocimiento.
La tesis con la que concluimos un ciclo de estudio no es un
asunto meramente individual. Al ser fruto de una investigación,
entra en la categoría de respuesta a la demanda humana, individual
y social, de conocimientos.
El trabajo de tesis no tiene por única finalidad la aplicación
práctica, sino la demostración del amor al conocimiento que
proporcionará a su autor una visión del universo, una comprensión
de la verdad científica y un sentido de la objetividad. El
fruto final será la liberación personal: objetivo que persigue
ante todo la universidad.
Ninguna verdad permanece en un ámbito puramente teórico o
impersonal, porque toda verdad tiende hacia la comunicación
y nutre la comunicación. Por esta razón, la investigación
científica es un eslabón en la construcción humana. Conocer
una verdad científica, social o filosófica implica la necesidad
de afirmarla. La verdad permite el diálogo, crea la reciprocidad
y posibilita que las personas se comuniquen entre sí.
El privilegio de que gozan los intelectuales en su búsqueda
de la verdad implica un compromiso de respuesta: devolver
a la comunidad los bienes intelectuales que han adquirido.
La fuerza moral más alta no se encuentra en el esfuerzo de
perfección personal, sea ésta moral o intelectual, sino en
un servicio desinteresado al bien común.
El sentido del honor está constituido por el respeto que se
merece la persona. El respeto de sí mismo y el respeto del
otro están en el origen de esta cualidad. Este honor, para
el estudiante ante el trabajo de tesis, se construye en las
prácticas honestas de la investigación: el respeto de las
fuentes consultadas, la verdadera justificación de las afirmaciones,
la asunción de la propia responsabilidad en las argumentaciones
aportadas, la aceptación de los propios límites, ante la tentación
de apropiarse del trabajo ajeno.
El intelectual no se contenta con proyectos vagos, sino que
los atiende con precisión. La calidad de la presentación de
la obra es la manifestación de este amor al estudio. La investigación
que conduce a la tesis es habitualmente un trabajo individual
sin embargo, ninguna actividad humana es absolutamente aislada
de la actividad y de la presencia de los demás.
Una primera actitud respetuosa es descubrir el capital científico
o humano adquirido y valorarlo. Es saber criticarlo también,
para que avance la ciencia. Por lo contrario, robar los avances
ajenos, defender una prioridad temporal injustificada, impedir
el trabajo del otro son prácticas que nos alejan de una auténtica
búsqueda de la verdad y de una actividad humana al servicio
de la comunidad.
La ética que sostiene el trabajo de tesis es garante de una
actividad intelectual seria. La calidad académica es concomitante
de la calidad ética. El hombre es falible por lo que no podemos
valorar solamente los resultados obtenidos, porque pueden
ser equivocados o negativos. La intención y la corrección
continua de esta intención son responsabilidad del que busca
la verdad como meta de su quehacer académico. La ética no
es un añadido que podemos obviar. Es constitutiva de la vida
intelectual.
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